El domingo 13 de mayo de 2012, a partir de las 12:00 hasta las 13.30 horas, firmaré ejemplares de mi poemario Matar a Narciso, en la feria del libro de Cádiz, situada en el Baluarte de la Candelaria, en la caseta de la librería Alejandría, con la entrañable Dina. Espero contar con los amigos y con los entusiastas del verso y de los libros.
SÁBADO 12 DE MAYO DE 2012
El sábado 12 de mayo de 2012 estaré en la feria del libro de Sevilla, situada en Plaza Nueva, de 12.00 a 14.00 horas, firmando ejemplares de mi poemario Matar a Narciso, en la caseta de la editorial Alfar, en la caseta número 4. Espero encontrarme con los amigos y conocer a nuevos lectores.
PRESENTACIÓN DE ÁLVARO POMBO

ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN Y ÁLVARO POMBO DURANTE LA CENA EL 07 MAYO DE 2012
El lunes 07 de mayo fue uno de los días más estimulantes que he tenido, pues llegué a conocer en persona a Álvaro Pombo. Quedé en la puerta del hotel Senator, en la Tacita de Plata, con el maestro, con Montserrat del Cuvillo, la representante del Centro Andaluz de las Letras en la provincia de Cádiz, y amiga entrañable, y Araceli Pérez, de la delegación de Cultura, una mujer encantadora donde las haya. Después de charlar un rato, cogimos un taxi en dirección al baluarte de la Candelaria, mientras el ganador del Nadal se quedaba impresionado por la ciudad, pues nunca la había visitado. A las 19.30 empezaba el acto y la sala estaba repleta. Tras analizar la novela El temblor del héroe, empecé un diálogo fluido con Álvaro Pombo sobre la trayectoria literaria del escritor santranderino, desde sus orígenes hasta la actualidad, con el fin de que los participantes conocieran detalles desapercibidos de su vida y su obra, con el afán de que el público terminara interviniendo en el debate. No hay nada mejor que transmitir la idea de que el escritor, por muy famoso que sea, es una persona de carne y hueso que en la mayoría de las ocasiones se muestra accesible a sus lectores. Y así fue, de modo que el acto se alargó un poco más de la hora estipulada, con la senasación de que todos habíamos pasado una tarde agradable y nos habíamos divertido. Después de terminar la presentación de El temblor del héroe, Álvaro Pombo se dedicó a firmar ejemplares de su libro a quienes lo desearan. Cuando todo había terminado, Montserrat del Cuvillo, el escritor y yo dimos un paseo por el centro de Cádiz hasta el restaurante donde estuvimos departiendo comida y palabras. Me llamó la atención el hecho de que Álvaro Pombo era conocido por todo el mundo, desde un escenario tan natural como en la feria del libro hasta en el mismo restaurante. Y siempre fue generoso, paciente y amable con todos los que se le acercaron a saludarle. Unas horas de literatura tan intensa como familiar, tan fascinante como divertida.
CHARLA PARA PADRES QUE QUIEREN QUE SUS HIJOS LEAN EN SANLÚCAR Y LAS CABEZAS DE SAN JUAN

Las Cabezas de San Juan, 25 abril de 2012
El pasado 24 de abril, desde las 11.00 hasta las 12.00 horas, impartí una charla de animación a la lectura en el IES San Telmo de Jerez de la Frontera, gracias a la invitación que me cursó mi amiga y profesora del centro Rosario Troncoso, una mujer para quien la poesía no tiene secretos, una mujer que ha conseguido el don de la ubicuidad, pues es capaz de estar en todas partes sin que en ningún caso se note su ausencia. Tuve la suerte de compartir escenario con Alejandro Lérida, un escritor de cuyos textos espero empaparme lo antes posible, un hombre con un sentido del humor tan afilado como ingenioso. En los lugares menos insospechados uno puede encontrar verdaderos hallazgos. Les hablé de mi experiencia en la literatura, desde que asomé la cabeza en ella por medio de mi timidez hasta que se convirtió en una necesidad. Después de intentarles transmitir mi pasión por los libros, les conté un par de cuentos que traen consigo una moraleja, un modo de darles a entender que las letras no son aburridas, sino que, al contrario, en muchas ocasiones pueden hacernos reír, pueden hacernos pasar un rato confortable y entretenido. Finalicé el acto recitándoles algunos poemas propios con la convicción de que la poesía no es un acto tan solitario ni cerrado como ellos creen, sino que a veces en los versos se cuentan más verdades que en la vida misma. Con este tipo de charlas uno no pretende de golpe y porrazo convencer a unos 50 adolescentes de que hay que leer para, entre otras cosas, desenvolvernos mejor en la vida. Basta con que uno solo tome la determinación de que el camino de la lectura es el adecuado y el que va a coger de aquí en adelante. En esta encrucijada me he tropezado con Claudia Garrido, una adolescente que ama los libros y que pretende ponerle palabras a sus sueños y a sus historias. Con la ilusión que le pone en los libros me doy más que por satisfecho.
Por la tarde me dirigí a Sanlúcar con la intención de dar una charla para padres que quieren que sus hijos lean y tuve el honor de estar acompañado por la directora de la biblioteca pública Susana Zapata y de ser presentado por Rafael de Pablos, dos personas tan implicadas en la importancia del fomento de la lectura como apasionadas por los libros. Unas dos horas de diálogo en torno a la literatura que empezó con un cuento con el que se indicaba de forma gráfica la trascendencia que pueden tener las historias en el desarrollo de un ser humano, con consejos que hay que llevar a cabo para que un niño lea y sugerencias que no son adecuadas para ese mismo fin. Los participantes pusieron en solfa las experiencias con sus hijos y entre todos acabamos dándonos soluciones a los problemas planteados. Una charla tan instructiva como enriquecedora que te impulsa a seguir adelante.
El día 25 de abril impartí esa misma charla en Las Cabezas de San Juan, donde conocí al concejal de educación de la ciudad, un hombre que le pone tanta ilusión como sueños en todo lo que hace, se implica de tal forma en las actividades, que resultó ser una tarde entrañable, por ser entrañables Jaime y el público que acudió a la cita. Tras unas primeras indicaciones sobre qué hay que hacer y qué no hay que hacer para que nuestro niño se desarrolle en un contexto favorable a las letras, cada uno de los participantes empezó a contar su propio punto de vista, con lo que nos enriquecimos todos de la puesta en escena. Dos horas de entusiasmo por la lectura y un alcalde que nos acompañó como participante tan atento y pendiente como cualquier otro. Lo que demuestra a las claras que este tipo de iniciativas recibe un empujón brutal si todos remamos en la misma dirección.
POMBO, ÁLVARO. EL TEMBLOR DEL HÉROE
En ocasiones la lógica no es el camino más transitado por quienes sienten curiosidad por las letras. En mi caso, si disfruto leyendo una novela de un autor concreto, me sumerjo de lleno en ella y no saco la cabeza del agua hasta que no he terminado la lectura en un difícil arte de equilibrio y respiración. Mis ansias por seguir leyendo aumentan, entonces empiezo otro libro del mismo autor para conocer su estilo y su personalidad a través de sus palabras. Prefiero que sean las palabras en el contexto de la ficción quienes me hablen del escritor para hacerme una idea de la persona, pues esta última a veces encierra a un personaje que te atrapa con tanta pasión que no te deja ver el contenido, que te empuja a interpretarlo con un sinfín de prejuicios. De libro en libro me voy haciendo una idea de la trayectoria literaria del novelista hasta llegar a sus orígenes, hasta tocar con las yemas de los dedos sus raíces. Todo parece indicar que con Álvaro Pombo no sucede este fenómeno, pues a su fama de narrador no le corresponde el descubrimiento de su lírica, desde donde salta a las letras. Y sin embargo, en sus versos se canta con claridad el tono de una voz singular que traspasa las barreras de la poesía para quedarse en brazos de su prosa. Es muy difícil adquirir hoy en día alguno de sus libros de poemas, salvo en la editorial Lumen que ha reunido sus primeros 4 libros con el título de Protocolos (1973-2003).
Su primer libro de poemas arranca con una cita: “Aña hice caca / Nene de nobis ipsis silemus”, que quiere decir callemos acerca de nosotros mismos y este principio es el que empapa su narrativa hasta llegar a El temblor del Héroe, pues para Álvaro Pombo el egoísmo es uno de los males de este mundo, de modo que es necesario abandonar el yo para comprenderlo, para atraparlo, para que no se nos escapa de nuestras manos. El temblor del héroe es tan sólo la evidencia de la insignificancia del ser humano en la sociedad, el miedo ante el compromiso. Está estructurado en torno a 24 secuencias en las que conviven muy pocos personajes: un profesor de filosofía jubilado que responde al nombre de Román y cuya vida parece detenerse en cuanto abandona la educación, como si la enseñanza abrazara ese furor heroico que ha de impulsar al ser humano a ser mejor, como si el papel de la cultura estuviese siempre en blanco y hubiera que reescribirlo en cada momento. Su existencia carece de sentido a partir de entonces, de tal manera que busca el refugio de la soledad, el abrigo de un hogar que lo proteja con sus silencios y sus paredes. Ese amparo hacia el interior de la casa corre paralelo a una interiorización de la vida que ya no encuentra el camino de vuelta, la puerta de salida salvo con dos antiguos alumnos con los que sigue en contacto: Eugenio y Elena, una pareja de médicos que sufren y gozan de la amistad de Román a partes iguales, que admiran y compadecen a ese sabio profesor que en su día agitó las alas de la esperanza, de un amor hacia la sabiduría y el conocimiento, un aliento hacia el futuro, hacia la consecución de unos sueños que en ocasiones les dejan un mal sabor de boca.
Si Sócrates no escribió nada en vida porque pensaba que la escritura no era el espacio adecuado para transmitir la sabiduría del conocimiento y el ángel inquieto de la verdad. Si Sócrates pensaba que a través del diálogo se podía llevar con mayor nitidez la enseñanza al hombre, Platón siguió sus mismas pautas. En este sentido, El temblor del héroe puede considerarse una novela platónica, pues el argumento gira en torno a las conversaciones que se establecen entre sus personajes, entre Román y Elena, entre Román y Eugenio, entre Eugenio y Elena, al que se le añaden dos personajes capitales: Héctor y Bernardo.
Si Román ha empleado toda una vida para emprender el viaje interior hacia su conciencia, tal vez necesite el proceso inverso, un viaje físico que lo trasporte al mundo real, que lo lleve al exterior con el fin de aprender de nuevo a afrontar sus propias decisiones, a actuar según dicten las normas, a vivir sin tener delante a un grupo de estudiantes dispuestos a llevarse la vida por delante. Este triángulo de supervivientes formado por Román, Eugenio y Elena se viene abajo en cuanto entra en escena Héctor, un joven periodista que, con la excusa de entrevistar a Román, se cuela sin remisión en sus vidas. Héctor encarna el prototipo de la ingenuidad, de un mundo lleno de valores que difícilmente pueden llevarse a cabo, pues en un universo falso donde la mentira y el engaño se hacen fuertes a base de repetirse no hay cabida para las buenas acciones. O lo que es lo mismo, la conducta adecuada no nos conduce hacia la puerta de la esperanza, sino a un callejón sin salida. Pretender ser bueno o responsable en una sociedad estigmatizada por el mal supone estar señalado de por vida.
De la mano de Héctor surge la figura de Bernardo, un hombre de la misma edad de Román, un pederasta aparentemente arrepentido que enfila el presente en el abismo de unos monopatines, como si los patines adoptaran una metáfora de cómo se comporta en la vida, pasando de puntillas por todas partes, sin implicarse, sin mancharse las manos. Una forma constante de huida, una alergia enfermiza hacia las responsabilidades, un odio visceral hacia el compromiso, una cicatriz que va dejando en cada uno de los personajes, un don Juan de la palabra que seduce a los demás a sabiendas de que los está engañando, un mago del engaño, consciente de sus poderes.
Álvaro Pombo se adentra en la oscuridad con el fin de mostrarnos una sonrisa de luz, con el afán de desvelar a las claras el sentido de la vida. La labor del poeta y del novelista radica en enseñarnos el camino confuso que es la existencia. El novelista no debe recrearse en los elementos cotidianos del día a día, sino en abrirnos la conciencia en cada paso, en cada latido, en cada palabra, como si desempeñara voluntariamente el papel de guía, de faro con el que nos alumbra antes de chocarnos de bruces con la realidad. No se detiene en confesarnos la verdad del mundo, sino que la literatura es un laberinto en el que el hombre ha de buscar la verdad, lanzarse en su búsqueda.
La novela se alimenta de los diálogos que se establecen entre los protagonistas, de unas nubes cargadas de filosofía que amenazan con descargar sobre la cabeza distraída de cualquier lector y un narrador que teje con maestría los hilos de la narración hasta tal punto que puede considerarse un personaje más, como una divinidad clásica que conoce hasta el más mínimo detalle de sus discípulos, como un héroe de tragedia griega que gana en dignidad conforme avanza la historia.
Las reflexiones filosóficas pueden condensar el ritmo de la narración, pueden transmitir la sensación de lentitud de la novela. Sin embargo, esa cadencia lenta con la que convive el lector queda contrarrestada por la latente tensión de las relaciones personales de los personajes, por la intensidad con la que deambulan las ideas del emisor al receptor, una parsimonia necesaria para asumir toda la carga simbólica de la novela.
En definitiva, Álvaro Pombo refleja las frustraciones de cualquier ser humano que carece de espejo en el que mirarse, de público ante el que proyectar sus fantasías y sus sueños. Pone en solfa y denuncia la frivolidad con la que se ponen en juego las vidas en el tapete sucio de la existencia, la frialdad con la que se asumen las desgracias, la tragedia que supone en la actualidad ser un héroe, pues la valentía tiene un precio demasiado alto. Pone en evidencia toda una estética de la cobardía como reflejo del mundo en el que vivimos. Una manera de sentir el pensamiento, de pensar el sentimiento.
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