12. Respuesta a La marca del zorro titulada ZEGUNDA PARTE

12. Respuesta a La marca del zorro titulada ZEGUNDA PARTE

EL SOBERAO MODESTO BARRAGÁN

Será el calor, que ya aprieta en El Soberao, el que me ofrece licencia hoy para añadir una zegunda parte, con z de zezeo, a los argumentos de la columna que desgranó el miércoles Alejandro Pérez. Produce indignación que, tras muchos años de gobiernos emanados del pueblo, sigamos sin reconocer en la práctica nuestros valores lingüísticos. No es asunto nimio. Nuestras formas de expresión reconocidas en el Estatuto de Autonomía como patrimonio cultural andaluz, nuestros valores lingüísticos amparados por la constitución, siguen siendo motivo de vergüenza cuando no de mofa colectiva. Hasta el universitario más formado olvida al hablar en público que las zetas que mamó no son sino una irrenunciable parte de la cultura de su pueblo. Parece que terminamos creyéndonos los tópicos de que los andaluces que hablamos como se habla en Andalucía son irremediablemente más paletos. ¿Qué hacen las administraciones para que nuestras hablas no se pierdan con nuestros mayores? ¿Qué ofrecen los medios de comunicación, algunos de los cuales reproducen en sus leyes de creación lo que ya se deja claro en nuestras normas básicas? ¿Qué hacemos los que vivimos de la comunicación? Si acaso aspiramos la s de final de sílaba y la que precede a la vocal la convertimos en dental al más puro estilo hispalense. Eso está mejor visto. Los más radicales hasta osan olvidar la d intervocálica. Pero ay de los que mantengan su natal aspiración de las (Puerto Jerrano) o de los que insistan en que son de Zetení de las Bodegas, tal y como lo pronunciaran sus padres y sus abuelos. Esos tendrán que demostrar con creces no sólo que conocen perfectamente el castellano, sino que tienen la misma formación que los que lo pronuncian como en Valladolid. Porque no hablan mal. Sólo lo hacen de forma diferente. No hablamos de excavar entre restos arqueológicos para enseñar en ikastolas una lengua casi perdida. Se trata de erradicar definitivamente la indiferencia ante la desaparición progresiva de una valiosa parte de nuestra cultura.