15. Pre-parados para el paro

15. Pre-parados para el paro

MEMORIA DE PAPEL

He manipulado las manillas de ese cangrejo del tiempo, de ese reloj de arena que da marcha atrás a la memoria para que hoy pueda detenerme en esa edad juvenil en la que los estudios nos arrastran del pueblo a la capital. Afortunadamente, la antigua bienvenida de “ahí viene ese cateto”, “¡Qué acento más gracioso!” se va transformando en un incipiente respeto hacia quienes no residen en las grandes ciudades.

Hemos superado el enorme complejo de inferioridad resguardado en los bolsillos de la cultura hasta bucear bajo la expresión “¡Qué bastinazo!” referido al auge creciente del turismo rural. Ya como universitario he tenido que soportar una doble carga: en primera instancia, he llevado a cuestas el trabajo no remunerado del estudio; en segundo lugar, la conciencia me sigue martilleando con la economía rápida y fácil de los compañeros de mi misma generación que han tomado un atajo para sobrevivir en este mundo, que se han lanzado de la escuela al dinero. Por esta razón parece más recomendable ocupar el espacio de la licenciatura en abandonar para siempre el traje raído del desempleo. Cada vez con mayor asiduidad salen a flore universitarios que se alimentan únicamente de sus conocimientos, salen a puñados universitarios que flotan en ese aire contaminado por el hambre, salen a patadas universitarios que viven bajo la tutela de los padres a una edad ya madura. ¿Qué se está haciendo por nosotros? Simplemente se nos llenan las tripas con palabras huecas, con barrigas hinchadas de gases sin contenido.

Hay muchos hombres que viven como niños, hay muchos hombres que se ven abocados a que la casa de sus padres se mantenga fuerte con la fuerza de sus hombros, a muchos se les caen encima los palos del sombrajo. Soy consciente de que la hogaza de pan de cada día difícilmente se consigue por medio del pane lucrando a través de la palabra. Es evidente que nacemos pre-parados para el paro por más que las estadísticas se afanen en negar la evidencia.