33. Zapatero a tus zapatos

33. Zapatero a tus zapatos

MEMORIA DE PAPEL

Las cabezas visibles que se asoman por el escaparate de la realidad no inspiran la suficiente confianza, aunque existen personas válidas infravaloradas. Los políticos viven satisfechos con ese retorno a la infancia que conscientemente esbozan. Todo hombre esconde un niño en su interior. Todos esperan el pistoletazo de salida para participar en las carreras de sacos. Empieza la batalla nabal, ese combate hipócrita de arrojarse en público los trapos sucios a la cara para que en la intimidad de las reuniones familiares se den palmaditas en la espalda. Se acercan las elecciones y los líderes tratan de cargar con palabras el saco abierto que describe el título honorífico de Programa. Lo lanzan a los cuatro vientos como globos que se van desinflando en el aire y cuyo trazado ignoramos, cuyo trazado ignoran. Es muy fácil tirar la piedra y esconder la mano. Vivimos en un mundo al revés. Los de izquierda escriben a menudo con la mano derecha y los diestros tienen mano izquierda muchas veces. Por estas razones veo con buenos ojos que las fotografías antiguas dejen su marco libre para que las fotos en color empiecen a peinar las paredes. Ya es hora de que los políticos nuevos copen los grandes escenarios, ya es hora de que las ideas renovadas tengan distintos rostros. Me entusiasma el hecho de que Rodríguez Zapatero haya burlado todo el entramado interno de su partido y haya vencido contra pronóstico. Me entusiasma que otros hagan lo mismo.

El mundo está escrito para los valientes, para los que saltan a cara descubierta sin esperar al último momento. Sólo los que se sumergen el la selva cotidiana de los días pueden sobrevivir en esta jungla. Sólo quienes construyen unos sólidos cimientos en el pasado, tendrán la oportunidad de hacer realidad el castillo de sus sueños. La historia comienza en los pueblos y desde ahí sus raíces se extienden hacia las ciudades.

Hay que volver a sembrar raíces. Hay que volver a sembrar ciudades que funcionen como pueblos. A pesar de vivir en un pueblo de la sierra, mi incapacidad agrícola me permite exclusivamente plantar palabras. Y con esta intención me despido: Zapatero a tus zapatos. Cádiz a tus Cabañas.