ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR G. CAPPA EN EL GRANADA HOY, 08 JUNIO DE 2004

ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR G. CAPPA EN EL GRANADA HOY, 08 JUNIO DE 2004

Alejandro Pérez Guillén. Poeta. Los versos del poeta gaditano Alejandro Pérez Guillén tienen la frescura del viento de Poniente y el calor y la irascibilidad del viento de Levante. El escritor presentó ayer en la Casa de los Tiros Sueños de hadas sin hada madrina, un libro que habla de los sueños cuando la mirada infantil se desvanece.

En el vestíbulo de un céntrico hotel granadino, el poeta Alejandro Pérez Guillén garabateaba ayer sucintamente unas palabras en su libreta. Sus amigos, en vez de encargarle un souvenir de su viaje a Granada, le habían regalado un librito para que les escribiera un poema de su viaje de Cádiz a Granada, donde presentó ayer en la Casa de los Tiros su último libro, Sueños de hadas sin hada madrina.

¿Dónde quedó el hada madrina de su libro?

—La idea es que, el hombre, desde siempre, tiene sueños. Cuando se es pequeño, te pueden llevar a ellos un hada madrina o, en el terreno de la realidad, tus propios padres. Cuando creces, hay que seguir persiguiendo esos sueños, pero por uno mismo.

Por las páginas de su libro asoman multitud de nombres propios. Uno de ellos es el mismo Manuel Azaña…

—Yo soy de Benalup-Casas Viejas, donde ocurrió el levantamiento anarquista en 1933 cuando Azaña era el presidente de la República. Aún hoy, casi todo el pueblo tiene algún familiar que perdió la vida en la represión del alzamiento. El poema reza así: “Los Sucesos fueron una Azaña con mayúsculas, y las mayúsculas tienen la indecencia de hacerle sombra al héroe que las usa”.

Este poema tiene poco que ver con los cuentos de hadas…

—Como cualquier poeta, lo que busco es dejar una mínima pizca de huella, vivir la vida y la poesía de manera intensa. Si uno fracasa, al menos te queda el consuelo de haberlo intentado.

¿En qué momento descubre usted la necesidad de dejar su pisada poética en la arena húmeda de los libros?

—Empecé a escribir por pura timidez, para expulsar todo aquello que se me acumulaba dentro. La poesía era la manera menos vergonzosa de hacerlo. Con los años se pierde esa timidez, que se transforma en una necesidad.

¿Qué necesidades vitales hay en Sueños de hadas sin hada madrina?

—En la poesía hay tres o cuatro temas universales. Lo que varía es la pretensión de abordarlos de manera diferente a como lo han hecho otros. La poesía son trozos de vida que, si no se plasman en un papel, se mueren. Por eso, el título de una serie de poemas del libro es “Memoria de papel”, porque la memoria del hombre es frágil y la única manera que tiene de conservarla es a través de la escritura, como estampas de un pasado que se niega a desaparecer.

¿Por qué cree usted que las tierras andaluzas son tan propicias para las flores de la poesía?

—Si hacemos un repaso a la historia, abundan los poetas andaluces. No sé si es por sensibilidad, pero hay algo que nos hace verter sobre el papel lo que sentimos. En general, los grandes poetas de este siglo han sido andaluces: Lorca, Alberti, Machado…Creo que es una manera de ahuyentar los fantasmas que nos pueblan aquí más que en otras tierras, los fantasmas de los recuerdos, de perder trozos de tu vida. Intentamos aferrarnos a nuestro pasado, demostrarnos que somos lo que somos a través de nuestra historia.

¿Es la poesía un remedio contra la amnesia?

—En un poema del libro hago referencia a que, una vez que se hace revista, nos gustaría borrar muchas cosas que nos han ocurrido. Después, te das cuenta de que, si borras esos recuerdos, te quedas sin nostalgias, te quedas sin ti. Eres un desconocido que sueña haber vivido, pero que no lo ha hecho.

Hay en su libro un poema dedicado a los inmigrantes que tiene el nombre de “Los últimos románticos”. ¿Cree usted que hay lirismo en el fenómeno?

—Yo vivo en Cádiz, donde se han dejado la vida en el Estrecho miles de inmigrantes. El poema se llama así porque, si vamos a la esencia del romanticismo, se trata de llevar los sentimientos hasta sus últimas consecuencias. El único ser humano que se juega la vida por un ideal, que en este caso es el más humano que hay, el huir del hambre, es el inmigrante que va en una patera.

Otro de los poemas que incluye usted en el libro dibuja con palabras la imagen de un anciano tirando migas de pan a las palomas. A raíz de esto, desarrolla usted toda una simbología…

—La poesía parte de la experiencia, de una anécdota particular que el poeta intenta universalizar. Todo el mundo ha visto alguna vez en su vida a un anciano que tira migas de pan en un parque. Para mí esta imagen simboliza la vida y la experiencia que el anciano lanza al mundo para quien quiera escucharlo. La poesía tiene que arrancar de algo que te toca la mirada sensible. La mirada del poeta hace una visión particular del mundo.