ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR FÁTIMA REYES Y JOSÉ DIEGO AMORES REVUELTA

ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR FÁTIMA REYES Y JOSÉ DIEGO AMORES REVUELTA

Amante de la lectura y apasionado de la literatura, el escritor benalupense Alejandro Pérez Guillén, dio sus primeros pasos con la revista ‘Partenón’ o ‘Ruinas de la Palabra’, publicando posteriormente una serie de libros, tales como ‘Entrevista con la Palabra’, ‘El Cadáver Dormido de la Historia’, ‘Sueños de Hada sin Hada Madrina’, ‘Tardes en fuga’ o ‘Monedas de Papel’. Su amplia trayectoria literaria se completa con colaboraciones en diversos medios de comunicación, entre los que destacan La Janda Interior (ahora El Alcornocal Información), Trafalgar Información, El Faro de Motril o Diario de Cádiz. Con un notable cambio de estilo, Alejandro, se encuentra ahora inmerso en la presentación y promoción de su nuevo libro ‘La Otra Realidad’, una obra en la que se refleja una nueva madurez literaria, que consolidan a este escritor benalupense en el panorama cultural y literario de la comarca de La Janda y de la provincia gaditana. Así, el café bar Revuelta de Barbate acogió la pasada semana la original presentación, a modo de entrevista, de ‘La otra realidad’, de la mano del historiador barbateño José Diego Amores.

—¿Por qué el cambio de estilo y en este momento?
—Fueron dos razones las que me impulsaron a hacerlo. Por un lado, mi amigo Francisco Vázquez, con quien colaboraba en reseñas de libros en su portal comentariosdelibros.com, me comentó que iba a montar una editorial, pero que no publicaban poesía. Me animó a que escribiera un libro de relatos con la esperanza de que podía ser publicado en el caso de que, una vez que el borrador caía en manos de 10 personas, al menos la mitad quedara satisfecha con la lectura. Según sus palabras los relatos encantaron a 9 lectores y horrorizó a uno. Por otra parte, ‘La otra realidad’ suponía un cambio de registro que me iba a enriquecer en el plano personal y en el literario.

—El novelista jerezano José Ruiz Mata en su introducción nos habla de que Alejandro no deja de ser un poeta a pesar de este cambio de estilo, ¿te consideras un poeta antes que un relatista?
—Hasta ahora sólo había escrito poesía, pero no encuentro demasiadas diferencias entre ambos géneros, pues en mi opinión ambos arrancan de una anécdota, de un latido, de un sentimiento… para terminar con un giro brusco, con una vuelta de tuerca que pueda convencer al lector o sorprenderlo. Son como chispazos que se cuelan en las entretelas del alma de un lector que sale en busca de algo suyo. Mi objetivo es que lo encuentre entre mis palabras ya sean versos o escritos en prosa. Al fin y al cabo la literatura es comunicación con los lectores y, si no trasmites tu mensaje, el texto carece de sentido.

—En toda la obra se observa un escenario muy presente, que en los primeros relatos puede considerarse un actor más del relato: Benalup-Casas Viejas, ¿en qué sentido influye a Alejandro los sucesos acaecidos durante la II República en Benalup a la hora de escribir?
—Recuerdo que José Ruiz Mata dijo al público en la presentación de una de sus novelas que el escenario en el que se desarrollaba la trama de sus historias casi siempre era Jerez y sus alrededores por una sencilla razón: me muevo por esos sitios y esos sitios me los conozco al dedillo. No hay razón más profunda. En dos de las nueve historias de La otra realidad se percibe el trasfondo histórico de los Sucesos de Casas Viejas porque he vivido la memoria de quienes lo sufrieron en sus propias carnes, porque he preferido acudir a lo cercano en lugar de refugiarme como hacen muchos hoy en día en la guerra civil, porque en el fondo es una manera de homenajear al pueblo en el que he vivido toda mi vida. Durante la II república presidida por Azaña se iba a producir un levantamiento campesino, se iba a proclamar el comunismo libertario, pero este impulso subversivo se vino abajo en toda España salvo en Casas Viejas donde un grupo de jornaleros se dirigieron al cuartel de la guardia civil para proclamar el comunismo libertario. En esa discusión entre las fuerzas del orden y el pueblo resultó muerto un guardia civil y otro herido, de tal forma que llamaron para poner orden a guardias de asalto que tenían la intención de dar un escarmiento como ejemplo para todo el país, con el fin de que nadie más lo intentara. Fueron casa por casa y todos los jóvenes que sorprendieron en sus chozas, con la excusa de que lo iban a interrogar, fueron asesinados brutalmente. La familia de Seisdedos se refugió en su choza, pero, como no se rendían, tomaron la determinación de prenderle fuego al refugio con lo que quienes se quedaron dentro murieron calcinados y quienes salieron a la intemperie fueron fusilados. La mayoría no tuvo nada que ver con la revuelta, pues muchos huyeron a la sierra, mas esa era la forma de dar el escarmiento. En pocas palabras queda resumido el episodio más trágico de la historia de Benalup-Casas Viejas. En el aire queda aún una frase a modo de leyenda que reza: Ni vivos ni heridos, tiros a la barriga.

—Cada relato puede ser la sinopsis de una novela, ¿para cuándo dar el salto a la novela?
—Los pasos hay que darlos de modo paulatino. Me gustaría dominar mejor la técnica del relato para adentrarme con más garantías en la novela. Las prisas no conducen a nada bueno y es preferible esperar a que uno tenga una buena historia para pararse a contarla.

—El libro se cierra con 2 bocetos de novela, ‘La Infidelidad de Llamarse Fidel’ y ‘Cuentas Pendientes’, a pesar de todo, parece que vas escalando poco a poco un escalón que debe terminar irremediablemente en una novela…
—Me divertí mucho escribiendo esas historias. En la primera le saqué punta al juego de palabras de una infidelidad y en la segunda creé un mundo al revés: un taxista que acecha a sus clientes como un asesino sin escrúpulos en una venganza familiar que no tiene fin hasta alcanzar las 4 víctimas. El padre del taxista, el abuelo del taxista y el bisabuelo del taxista mueren mientras desempeñan el oficio de dirigir un taxi y el protagonista vive obsesionado con la venganza. En cada muerte deje su propio sello: por los padres de los padres de mis padres, por los padres de mis padres, por mis padres y a mi salud. Esos mensajes reciben los dos policías que andan al acecho del asesino.

—El título de una obra puede ser una expresión que resume lo escrito o un reclamo publicitario, ¿Por qué el título de La Otra Realidad?
—Es muy habitual que un libro de relatos reciba el título de una de sus historias. En mi caso ha sido así. La primera historia se titula La otra realidad y narra las manías de un hombre al que todo en la vida le ha sonreído: tiene bastante dinero y una mujer estupenda, pero tiene cuentas pendientes con el pasado y con su conciencia. Cada vez que cumple años, se hace un análisis completo para afrontar el año con todas las garantías, siempre se ha visto acompañado de un gato y una vez al año, aunque nunca prueba una gota de alcohol, se encamina al monasterio del Cuervo, unas ruinas a las afueras del pueblo, a emborracharse hasta casi perder el sentido, para poder hablar con su padre muerto en un diálogo que nos lleva a la tragedia. Imagino que para el protagonista es tan real la vida que lleva todos los días del año, excepto el día de su cumpleaños, como la conversación que establece con su padre. Cada individuo se ve obligado a compartir varias realidades con el fin de soportar la propia realidad que lo asfixia. Eso nos pasa diariamente a todos.

—El género del humor no suele ser muy habitual en tus obras, poesía en la mayoría de los casos, sin embargo, aquí te destapas con ese ‘Entierro de la Peseta’, ¿es un Alejandro más completo literariamente hablando el que se nos muestra en este libro?
—Siempre he pensado que la tragedia contada como tal suele provocar repulsión ante quienes posan sus ojos en ella, pero, en cambio, se acepta de mejor grado si conseguimos reírnos de nosotros mismos y de las circunstancias que nos rodean, a pesar de que la tragedia nos invada. No creo que sea un paso más en mi carrera literaria, pues he escrito algunos poemas cuyo protagonista único ha sido la ironía. A bote pronto recuerdo el verso Nacemos pre-parados para el paro, el poema racismo o el final del soneto de amor: Lo peor de lo peor de tu ausencia es la ausencia sin eñe de tu cono. Mercedes Abad es una maga en el uso de la sonrisa.

—La historia suele imponerse en tu literatura a los personajes, sin embargo, yo me quedo con Varelo, un personaje secundario del relato ‘Simplemente Javier’, ¿quién es Varelo?
—Simplemente Javier es una historia un tanto compleja que discurre entre los impacientes polvos de una biblioteca en la que aparecen misteriosamente unos folios escritos a máquina y en inglés. El bibliotecario no sabe qué hacer con ellos, pero, antes de tomar una decisión, procura traducirlos con su rudimentario inglés. Mas esto no es todo, sino que en el trasfondo de la trama late la vida y leyenda de Jerome Mintz, el antropólogo capaz de diseccionar con maestría el episodio histórico de los Sucesos de Casas Viejas. Sin embargo, la historia tiene una vuelta de tuerca más, pues al principio uno de los personajes me arrebata el hilo de la narración para erigirse como verdadero protagonista achacándome falta de conocimiento y yo accedo con la condición de que al final nos diga quién es él verdaderamente. Simplemente Javier arranca con una escena de la película Descubriendo a Forrester donde un joven aprendiz de la palabra intenta comprender la primera lección de un escritor consagrado. Ambos se enfrentan al trance doloroso de un folio en blanco que han de rellenar con los latidos de una máquina de escribir. El maestro completa el texto en cuestión de segundos y el alumno parece dudar, reflexionar a cada paso, de tal modo que el pupilo recibe la primera lección: el primer borrador hay que escribirlo con el corazón, ya habrá tiempo de pensarlo con la cabeza. La biblioteca donde se encuentran los textos contaba en sus orígenes única y exclusivamente con una máquina de escribir antigua que resulta ser la misma con la que se han escrito los folios en inglés, no obstante, ha ido progresando con el tiempo. La traducción del pasaje en la lengua de Shakespeare depara sorpresas inimaginables, pues aborda el episodio histórico de los Sucesos de Casas Viejas hasta que en el último momento surjo como protagonista para que el narrador que me ha suplantado confiese su identidad. Se llama Javier, realmente Echávarri que en vasco viene a significar Casa nueva con la idea de que la historia de un pueblo ha sido superada gracias al barniz que nos confiere el tiempo y pasa de Casas Viejas a denominarse Casas Nuevas.

—Cuando escribes un libro, ¿qué predomina más: las experiencias vividas, la imaginación, las circunstancias que te rodean…?
—El escritor no hace juegos malabares, sino que interpreta la realidad a su manera y para tal fin suele encomendarse a varios factores: la experiencia vital que al formar parte de la ficción deja de ser real, el caudal inagotable de una imaginación dispuesta a transformar la literatura en una experiencia con visos de verosimilitud y las lecturas que conforman una personalidad ajustada a unos patrones estéticos determinados. En definitiva, la literatura no es más que el modo en que una persona percibe la realidad y la convierte en ficción sin que por ello tenga que basarse en la experiencia propia, pues la imaginación forma parte de la vida misma. El escritor no es excluyente nunca, sino que es una esponja que absorbe el mundo que lo rodea y ese modo peculiar de verlo se plasma en el papel.

—¿Cuántas veces te ha dicho algún personaje de nombre real que aparece en tus obras: ‘Ale, eso no es como lo has escrito’?
—No creo que nadie me haya dicho eso, pues en cuanto el nombre real de una persona sale a la palestra en alguna de mis historias deja de ser real para convertirse en un personaje de ficción. Generalmente lo hago como homenaje a alguno de mis amigos, pero sólo conservan el nombre, ya que el personaje en nada se parece a la persona física.

—Alejandro, ¿toda vivencia lleva encerrada una buena historia?
—Podríamos darle un cambio de sentido y decir que toda historia no siempre lleva implícita una vivencia, de la misma forma que no toda vivencia es digna de ser relatada. Sin embargo, hay vidas anónimas más próximas a la ficción que la ficción misma y cuentos más cercanos a la realidad que la propia realidad.

—En relación con un relato que conozco muy a fondo, ¿Cuántos puñetazos en la mesa has tenido que dar como escritor?
—Puñetazos en la mesa recrea el problema de la educación en España representada en tres generaciones distintas que han vivido los cambios educativos en el país. La educación actual encarnada en la ESO, la antigua EGB y la educación franquista y represiva. La trama se centra en un adulto que ha perdido su infancia por culpa de una educación arraigada en el miedo y no tiene más remedio que calmar la conciencia con un sueño que lo devuelve al pasado para ajustar cuentas con la vida, con un profesor intransigente que confunde el respeto con la intimidación. Yo, en cambio, dejo la fuerza bruta para la literatura y no tengo por costumbre maltratar con mis puños ninguna mesa. Las mesas no tienen culpa de nada y a veces son tus propios errores o limitaciones quienes te conducen por el camino inadecuado y otras son las personas quienes te decepcionan y éstas se te escapan de las manos como el tiempo sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Uno llega a la conclusión de que debe responder por uno mismo y equivocarte como todos porque tú hayas adoptado una postura concreta, equivocarte con tus propios errores y no con los desaciertos de los demás.

—Decía Borges que “uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, ¿en qué momento se encuentra la literatura española en la actualidad?, ¿realmente se lee poco?
—La literatura goza de una salud frágil, pero sólida. Quienes leen son pocos, pero leen mucho. La lectura hay que entenderla como una actividad de ocio más de la que dispone la gente, una alternativa que puede o no elegir, sin necesidad de rasgarnos las vestiduras si alguien no lo hace, pues cada uno es libre de disfrutar con aquello que quiera. En una sociedad que se mueve a la carrera, en la que el hombre se encuentra con el inconveniente de que la lectura requiere un esfuerzo que no todos están dispuestos a asumir, solicita un receptor activo y sus frutos sólo se vislumbran a largo plazo, hay personas que están dispuestas a entregar su vida al placer de la lectura. Con este mensaje debemos quedarnos.

—Para terminar, una pregunta tópica, ¿qué es más difícil de escribir verso o prosa?
—Ambos géneros me procuran un disfrute del que no soy capaz de evadirme y a veces el género depende del estado de ánimo de uno o la idea que ronda por la cabeza. Algunas historias se acomodan mejor en el cauce de un relato y otras necesitan el calor de la poesía.

—Antes de despedirnos, no puedo dejar que Alejandro se vaya sin acudir a su primer libro Entrevista con la Palabra, y se vaya sin leernos el poema que en aquel libro le dedicó a este establecimiento que como reza en el cartel y las invitaciones, lleva 75 años, apostando por la difusión cultural en nuestra localidad.
—Mi primer libro de poemas titulado Entrevista con la palabra es tan malo que me da apuro mencionarlo, pero, ya que estamos aquí, le trascribo el poema que dediqué al café Revuelta la primera vez que estuve en él:

Café Revuelta.

A José Diego Amores y su Familia
He conocido un rincón literario
que nos lleva al Parnaso,
donde anidan
las musas del Barbate
y la humildad no es un secreto.
Las horas conversan
entre versos de cristal
de quienes toman un sorbo de café.
Duendes del alcohol
conservan su esencia
en botellas diminutas,
vestidas de etiqueta
en espejos de mar.
Las musas del 27
vigilan los versos de antaño
entre estoques taurinos.
Poemas de J.J. Benítez y Quiñones
cuelgan pegados
en las paredes de la historia.

En el CAFÉ REVUELTA tomé un descafeinado.