ATIENZA, MARÍA DEL CARMEN. EL MEJOR CURRÍCULUM EN TORMENTAS DE VERANO Y OTROS RELATOS

ATIENZA, MARÍA DEL CARMEN. EL MEJOR CURRÍCULUM EN TORMENTAS DE VERANO Y OTROS RELATOS

El absurdo goza de verosimilitud en un mundo en el que la ficción en numerosas ocasiones parece más real que la vida misma y la existencia adopta por momentos la cara tímida de la irrealidad. Siguiendo estos parámetros Marina del Carmen Atienza compone el puzzle de su imaginación con las piezas diferentes, pero complementarias de 5 cuentos. El mejor currículum en tormentas de verano y otros relatos desafía los esquemas predecibles de la lógica para aportar una visión de la cultura desde una óptica nada habitual.

El primer relato supone el adiós de una nostalgia que se enreda entre los pliegues de los años infantiles. El adulto se coloca el atuendo de unas niñas que se abren a la inocencia del amor, que empiezan a perder la inocencia entre los vaivenes de la pasión amorosa en claro paralelismo con la trayectoria de la escritora que en esa historia inicial nace a la literatura. Crece bajo la pérdida de juventud de su prosa. El narrador agita los pañuelos de la despedida con estas sonoras palabras: Sentí tristeza porque veía cómo se agotaba mi infancia feliz y empezaba otro tiempo en mi vida.

Simplemente números contradice la filosofía vital de la ciencia carente de lenguaje y las letras que se ven negras para superar las cifras del azar. El humor es un condimento imprescindible para deambular con acierto por los recovecos de la escritura y la prosopografía se erige como el mecanismo eficaz para dotar de razón a aquello que no se ajusta a los moldes tradicionales.

El ladrón de ideas se refugia bajo la memoria dactilar de una computadora que procesa los datos de quienes se encuentran en la misma habitación. El olvido le juega malas pasadas a la mente de los protagonistas. El recuerdo aparece como método capaz de ajustarle las cuentas a la vida. La ficción de la ciencia desempeña la figura estelar de un narrador que domina como nadie la ciencia de la ficción. El amor se desbarata entre los perfiles de la duda.

           Todo por una gata suscita en primera instancia el ágil deporte de los enredos en un escenario donde nada es lo que parece, donde el luto del color negro se disfraza de alegría y los mayores se entretienen como niños. El suspense queda en suspenso al final del relato cuando el desenlace de la historia desenreda la madeja irónica del argumento.

          Priscila, una neurona en apuros se ajusta al mundo laboral de los humanos donde las prisas y el miedo tienen la elocuencia impropia de los abusos. La realidad, disfrazada de neurona, desfila ante nuestros ojos desafiando por instantes la existencia descontrolada de uno de los personajes. ¿Quién no se ha lanzado más allá de la locura, más allá de sus fuerzas? Este relato es una muestra irónica de las ganas de superación que todo individuo de manera consciente o inconsciente muestra cuando vamos ligeros de equipaje, camino del mar.

          En definitiva, quisiera despedirme con una cita extraída del libro bajo la mirada cómplice de un padre: Papá solía decir que el recuerdo de un amor con gusto se le debe dejar a la memoria, todo lo demás se puede dejar en papel. A Marina del Carmen Atienza se le escapa el amor por la literatura.