ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR MANUEL VICIANA RUBIO

ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR MANUEL VICIANA RUBIO

Alejandro Pérez es un joven poeta benalupense que ha saltado al mundo del relato corto. De hecho, es inminente la publicación de su último libro en el que ofrece al lector nueve historias o relatos cortos, titulado La otra realidad. Sabemos de él que lleva toda su vida dedicada a la literatura: estudió Filología Hispánica, es el bibliotecario del pueblo, organiza grupos de lectura entre gente joven y adulta, ha impartido diversos talleres de lecto-escritura, es un genial Cuentacuentos y, por supuesto, no para de crear a través de la palabra obras poéticas y, ahora, su primer libro de relatos cortos. Desde la Revista El Casas Viejas te agradecemos enormemente el que nos hayas cedido uno de tus relatos para la publicación en nuestras páginas.

 

  • ¿Cuándo empezaste a escribir y por qué sentiste la necesidad de hacerlo?

Siempre me gustó escribir, desde que tengo uso de razón, pero sólo llegué a hacerlo de verdad cuando comprendí que era completamente necesario leer. Al principio fue una manera de vencer mi timidez y luego una necesidad de ver el mundo con los ojos de uno mismo.

  • ¿Por qué decidiste estudiar la carrera de Filología Hispánica? ¿Qué te aportó como escritor?

Desde niño tenía en mi mente dos hechos irrenunciables: la vocación de escritor y las ansias por conocer la lengua y la literatura que había detrás de mí. La herramienta principal del que escribe para aprender a escribir.

  • ¿Cuál fue el primer libro que publicaste? ¿En qué año? ¿Qué otros títulos has publicado?

En el año 1997 salió a la luz Entrevista con la palabra, un libro de poemas tan malo que agradezco que no esté en el mercado. Era demasiado joven como para darme cuenta de que mis versos vivían mejor en el aula solitaria del silencio. Después, en el año 2003, publiqué Sueños de hadas sin hada madrina a través de la editorial Alhulia (Salobreña-Granada), del que se vendieron algo más de 600 ejemplares. En el año 2006, coincidiendo con la feria del libro de Cádiz, nació Monedas de papel en la colección libros de bolsillo de la Diputación de Cádiz. Está a punto de aparecer mi primer libro de relatos titulado La otra realidad con la editorial Aladena (Málaga). Entre estos han surgido varios cuadernillos de poesía.

  • De los escritores que has leído, cuál ha dejado mayor huella en ti.

Gracias a la carrera de Filología Hispánica, he leído casi todos los libros significativos de la historia de la literatura española, de modo que me resulta complicado quedarme con un solo autor. De los clásicos podría indicar a Jorge Manrique, Garcilaso, Quevedo, Góngora, Bécquer… Del siglo xx en adelante cabría mencionar a maestros como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, de la Generación del 27: Luis Cernuda, Pedro Salinas, Alberti, Aleixandre, Lorca… También me gustan Miguel Hernández, Ángel González, Luis García Montero…. Y muchos más que no acuden en este momento a mi cabeza o no pongo por ser demasiado extenso. Esto sólo en poesía. En prosa hay muchos.

  • Y de los que has presentado y conoces personalmente, cuál ha sido el que más te ha impactado.

He leído a casi todos los autores gaditanos contemporáneos, pero me llaman la atención por uno u otro motivo escritores tan dispares como Juan José Téllez, Pilar Paz Pasamar, Mercedes Escolano, Benítez Ariza, Josefa Parra, Félix Palma, Miguel Ávila, Antonio Anasagasti, José Ruiz Mata, Manuel Ramos Ortega, Ana Sofía Pérez-Bustamante, Miguel Ángel García Argüez…

  • ¿Por qué un escritor siente la necesidad de publicar lo que ha creado?

La literatura es ante todo comunicación y ésa no se produce hasta que las palabras no reciben el veredicto de los lectores que son quienes dan validez a los escritos.

  • Lo de escribir para ganar dinero, eso es…

Algo destinado a los genios y uno es solo un aprendiz del verso y de la palabra. Recuerdo el comentario que hizo una escritora ante esta misma pregunta: Con la poesía no se vive, como mucho te da para desayunar.

  • Sabemos que has escrito diversos libros de poesía y ahora estás preparando la publicación de un libro de relatos cortos, ¿por qué ese cambio de estilo?

El escritor que se estanca en un solo género no avanza nunca y mi objetivo es seguir aprendiendo día a día. El escritor es un ludópata, se divierte jugando con las palabras.

  • ¿Qué título tiene el libro que vas a presentar en el mes de diciembre? En general, de qué trata esa serie de relatos que componen tu libro, ¿tienen un hilo conductor o son historias totalmente independientes?

Se va a titular La otra realidad, pero a 3 de enero aún no lo he recibido. Está en imprenta y en unos días podré contemplarlo. El libro está formado por 9 historias de diversa extensión: un par de ellas soportan el trasfondo de los sucesos de Casas Viejas, dos de ellas se describen como bocetos de novelas y las 5 restantes cuentan anécdotas diversas. Podría decir que todas ellas están subordinadas a un estilo personal en el que el narrador juega con el lector y lo seduce para que éste quede atrapado en su historia.

  • Para ti, ¿poesía es sinónimo de vida? Señálanos los temas esenciales de tu producción poética.

Podría darle una vuelta de tuerca a esta expresión afirmando que la vida está llena de poesía, pues ésta es la forma peculiar de concebir el mundo que uno posee. Los temas son los mismos que la vida.

  • ¿Qué poetas o escritores pueden ser atractivos para los adolescentes de hoy en día?

Los jóvenes de hoy en día podrían leer lo que quisieran, pero hay varios autores que me gustaría resaltar: Benedetti, Poesía para jóvenes, Juan Bonilla con nadie conoce a nadie o alguno de sus libros de poemas, el niño con el pijama a rayas…

  • Como bibliotecario, además de escritor y filólogo, ¿se lee mucho o poco en Benalup?

Me gustaría que en Benalup se leyera mucho más, pero, como en todo, suele ocurrir que los que leen, leen mucho, y los que no lo hacen, prácticamente, no leen nada.

  • De tantísimos poemas como has creado, quédate con uno solo y escríbelo para nuestra revista.

Copia el poema Cuestión de fe, de Monedas de papel.

  • Por último, además de la publicación de este libro de relatos cortos que se venderá en las papelerías y otros lugares de Benalup, qué otros proyectos tienes en mente.

En el 2009 tengo en mente presentar en Cádiz a Mercedes Abad y Guadalupe Eichelbaum, seguir recorriendo la provincia con talleres y sesiones de narración oral y mover el libro La otra realidad por Andalucía. En un principio lo voy a presentar en Málaga, Córdoba, Granada, Sevilla y Cádiz. Aumentar el número de lectores en Benalup y seguir escribiendo tanto poemas nuevos como nuevos relatos.

RELATO CORTO CEDIDO POR ALEJANDRO PÉREZ DE SU LIBRO LA OTRA REALIDAD

Cicatrices

Decía mi tío Paco que las cicatrices son las arrugas que el demonio del azar le da por dejar en el cuerpo de un individuo, pero no sólo el hombre viene marcado por estas circunstancias. Me viene a la cabeza la nuca abollada de las cacerolas de la abuela que contienen en su interior el olor de un pasado en el que el hambre se asentaba en el fondo, sin sustancia y con historia. Las paredes antiguas de la casa de campo nos sonríen con sus grietas delirantes donde el niño imaginaba fantasmas sin sábanas que no se atrevían a asomarse durante la noche por miedo a las represalias de la infancia. El carril salpicado de piedras, como migas de pan que delimitan el camino, se pierde bajo la piel oscura de una serpiente de alquitrán. Las mesas buscan desesperadamente el apoyo de un libro para darnos a entender que no son tontas y que su cojera obedece a principios intelectuales. Los libros adquieren el atuendo de una fotografía de palabras que aplauden a la mirada cotilla de ese lector capaz de desesperar a las arañas. Las telarañas se disfrazan de parque de atracciones donde los insectos curiosos creen haber encontrado un paraíso de violines que uno toca a su antojo sin darse cuenta de que está tejiendo la mortaja de un cadáver.

Me levanto de la cama con estas paranoias que surge ente la vigilia y el sueño. Me preparo un café bien cargado y unas tostadas con el fin de entretener al estomago. Después me lavo los dientes con furia, no tanto como para mitigar el trance incómodo de la halitosis, sino como forma de oxigenar la conciencia de las palabras. Tras el fracaso amoroso que acababa de padecer, la vida eremita era un modo de salir del suplicio, una manera de gritar a los cuatro vientos sin que nadie pueda callarme, sin que tenga que ocultar el dolor. La vieja vivienda de los abuelos en el campo servía para estos menesteres. Un tanto vieja, abandonada y sola, pero lo suficientemente lejos como para evitar tentaciones. Me identificaba con esa morada, pues me consideraba un hombre cansado de luchar contra los elementos, un hombre que mascaba la soledad como quien lleva un chicle en la boca, un corazón hecho jirones que se entretenía entre las sombras del recuerdo. Ya llevaba más de una semana lamentando la suerte de aquel que no tiene arresto para arrostrar el presente. El pusilánime tenía que dejar las lágrimas y coger la acción por los cuernos. Ya había recibido todas las cornadas de ese toro. Había que pasar página y empezar a escribir arabescos en la siguiente. Tuve claro que tenía que dejarla en cuanto se me partió el espejo del retrovisor del coche en una maniobra absurda.

Recuerdo la noche en la que la conocí. Llevaba a las amigas de una amiga en el coche a una fiesta y no había aparcamiento en ningún sitio. Di vueltas y vueltas por la misma calle hasta que, a punto de perder los nervios, decidí dejar el coche junto a unos contenedores de basura. La maniobra iba por buen camino. Sin embargo, no observé unas barras de hierro cercanas a la pared que sujetaban los cubos de desperdicios y arañé con las uñas afiladas la parte trasera del vehículo. En lugar de aumentar la crispación, repetí las palabras del psicólogo: <>, y pensé de inmediato que el percance con el coche significaba que iba a salirme una noche redonda. Y así fue. Parece mentira que un hombre hecho y derecho le hiciera caso a estas conjeturas más propias de un loco que de un cuerdo. Pero la verdad vino a mi puerta a darme la razón. Empecé a charlar con una de las mujeres que llevé en el coche. Era la primera vez que la veía. Sin embargo, resonaba en mi cabeza la canción de “Los amigos de mis amigos son mis amigos y una amiga puede ser…” Sin ninguna pretensión me vi envuelto en el permeable eco de sus palabras y resultó que, a poco de amanecer, mis labios intentaban dejar huella sobre su cuerpo, una de esas cicatrices que queman por dentro. Seguimos viéndonos más allá de esa noche y a los seis meses nos fuimos a vivir juntos hasta que una señal vino a confesarme que era mejor vivir solo.

Un domingo por la mañana decidimos ir de excursión a Arcos para asomarnos por el balcón del Coño. En menos de una hora el coche se quejaba por subir las cuestas endiabladas de este pueblo blanco hasta que vimos a unos metros la plaza que no tiene miedo de asentarse en el alambre del abismo. Como era de suponer, no había ningún hueco para aparcar y me colé por una calle estrecha para huir del agobio con la desgracia de que estaba cortada por obras justo cuando llegaba a su fin. Tenía que volver de la misma forma que el coche de la nostalgia que siempre lleva puesta la marcha atrás. Regresaba con la cara desencajada y con el sudor trepando por la frente. Estaba a punto de conseguir la gesta. Quedaba un giro a la derecha para poner fin a esta pesadilla. En el último momento el espejo del coche besó con pasión la pared de la izquierda y tuve la sensación de quedarme tuerto de un ojo. Lo que había empezado con un golpe en el coche tenía que terminar de la misma forma.