ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN Y FRANCISCO ALBERTO SÁNCHEZ MAZO A FÉLIX J. PALMA

ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN Y FRANCISCO ALBERTO SÁNCHEZ MAZO A FÉLIX J. PALMA

No recuerdo exactamente cómo conocí a Félix Palma. Posiblemente fue mi compañero Fran quien me invitó a que me sumergiera en sus páginas, con el pulso acertado de hallar una joya en ciernes de la literatura. Tal vez coincidimos en algún que otro acto cultural llevado a cabo en Cádiz en el que se confunden los rostros por acumulación: siempre acuden más o menos las mismas personas a estos eventos y por el azar, palabra muy del gusto de este escritor, o mejor dicho, por el afán de espejo repetido todos nos llegamos a conocer tarde o temprano. De todos modos, no importa demasiado el punto de partida, sino el destino que nos ha conducido a sus libros. No se asusten si les digo que Félix Palma llegó a la literatura por la puerta de atrás, sin necesidad de hacer ruido y de puntillas, por culpa de sus malas dotes para el dibujo. No había llamado a la literatura, aunque la literatura se había tomado la molestia de llamarlo a sus filas con letras de oro apretujadas en su libreta de andar por casa, con una doble receta, puesto que no sólo escribe para vivir, sino que también vive para escribir. No sabe vivir sin la literatura, ¿qué será de la literatura sin una pluma como la suya?

Realmente yo no quería ser escritor. Quise ser dibujante de comic, pero dibujaba muy mal. Yo tardé mucho tiempo en leer libros. Casi toda la adolescencia me la pasé leyendo cómics. Yo tenía sueños de irme a New York para  trabajar para la Warner. Mis padres me miraban un poco extrañados. Yo no conocía a nadie que comprara cómics. Era una afición que llevaba casi en secreto, aunque sabía que había otros aficionados en España porque los cómics traían una sección de correo donde tú veías que la gente escribía, así que empecé a cartearme con éstos y a mandar mis propios guiones para que otros tíos me lo dibujaran. Empecé a mandar guiones y me asignaron un dibujante de Barcelona. Por carta describías un personaje y te mandaban un dibujo para que tú le dieras el visto bueno. Tardaba muchísimo. Tardé en intentar desarrollar una historieta casi dos años y al final no la terminamos. Ahora con internet tal vez sea más fácil. Desistí y gasté todo mi ingenio en crear historias directamente para cuentos. Así empecé a escribir cuentos. Leía mucha ciencia ficción antes y casi todos mis cuentos eran así. Dejé de leer cómic y empecé a leer libros, dejé los libros para leer libros de literatura general. Descubrí a Cortázar. Yo estaba ligado a la fantasía de índole gótica. Vi con él que se podía escribir una fantasía más apta para todos los públicos, que la fantasía podía ser una especie de excusa para desarrollar una metáfora de algo. Por eso en mis cuentos se ve esa afición. Una historia que empieza, se desarrolla y acaba con una vuelta de tuerca al final. Nadie escribe un cuento puro, casi nadie. Los cuentos que yo escribo tienen su historia. En resumidas cuentas, son cuentos que se pueden contar.

A) ¿Cuál es el proceso creativo que siguen tus cuentos desde que afloran las ideas hasta que éstas se plasman en el papel?

Una pregunta muy interesante. Nunca me lo habían preguntado y tenía ganas de hablar de ello. Habría que hablar de la inspiración. En mí la inspiración se produce: a veces me llega el cuento entero, acabado, redondo. Desgraciadamente las menos veces, pero otras veces tengo un punto de partida bastante bueno. Tengo muchos puntos de partida, para mí eso es lo más fácil de conseguir, pero yo no escribo un cuento hasta que no tengo la historia acabada, hasta que no sé el final. Hay veces que tengo ideas muy buenas pero no puedo desarrollar. A veces he escrito cuentos, como la nave de los albatros, ésa tenía la idea de partida, pero no el final y la verdad es que tenía muchas ganas de escribirla. Me tiré una tarde aquí tumbado en el sofá como un ejercicio matemático buscándole distintos finales para encauzarlos bien, para que no falte ninguna pieza. Al final se consigue, pero eso ya no es inspiración. Yo lo llamaría dedicación.

A) Hablando de la inspiración hay que remontarse a la respuesta que dio un escritor cuando le preguntaron por esta cuestión a lo que dijo: que venga la inspiración, que venga la inspiración, que venga la inspiración, pero que me coja trabajando.

A veces estás viendo una película. A mí me inspiran mucho las obras de otros, estás viendo una película, estás leyendo un libro, y de repente la trama apunta una posibilidad que no desarrolla, que a lo mejor no está mal. A veces estás viendo una película que no te gusta, pero a la que se le puede sacar punta y la estás desarrollando o interpretando al margen de la película.

F) Imaginar la historia, recrearte en ella, pero sin escribir es una fase bastante placentera.

Cuando salta la chispa, cuando ya tengo el cuento, a veces estoy escribiendo otra cosa y no puedo escribir y lo suelo apuntar en una libreta, me gusta apuntar los puntos de inflexión del relato. La verdad es que las notas son un poco desordenadas, casi en clave, pero, por ejemplo, si empieza estoy saliendo de una casa y conoce a una chica y sintiendo que la mira y se me mueve algún episodio del pasado. Digo: sale y rememora aquí ese episodio. Ahí hay un punto de articulación del relato y puede que cuando ya esté articulado se queda para siempre en la libreta, porque no entiendo el mensaje en clave, aunque la verdad es que, si el relato me interesa, lo suelo escribir pronto.

F) A García Márquez le preguntaron si tomaba nota para sus relatos y éste le contestó que no, que las ideas buenas son las que vienen y permanecen vivas debido a su belleza.

Yo nunca he ido a la calle con una libreta haciendo poesía como va mucha gente apuntando cosas, pero muchas veces ocurre, por ejemplo, estás andando por la calle o en el cine y se te ocurre una frase genial para empezar un relato y la tienes que apuntar para que no se te olvide.

F) Has pensado pasar tus relatos a guión.

Desgraciadamente no. En el cine español cada vez hay más posibilidad para los que escriben, para los escritores, porque empiezan a adaptarse a escritores como Rivas, porque cada vez empiezan a acercarse más a los libros de cuentos porque se han dado cuenta de que un buen cuento es muy fácil de adaptar. Pueden ser tan adaptables como una novela, pero, claro, se acercan a los escritores como Rivas o Almudena Grandes, a la gente que suena. Si tarde o temprano alguien se acerca a mis cuentos yo estaré encantado. Tengo algunos guiones en la mesa, pero, aunque no descarto la posibilidad, en estos momentos tengo la cabeza estructurada con la novela que quiero escribir ahora, la que le sigue después, creándote un nombre y a lo mejor, pues ya cuando te lo pida el cuerpo o cuando tu situación personal varíe, empezaría a hacer un guión, pero yo no lo desarrollaría si no tuviera una posibilidad de que a alguien le interesara. No tiene sentido hacerlo para guardarlo en el cajón.

F) Del material de su cajón desastre tiene que haber además de algunos cuentos al menos unos cortos.

Si te pones a ver los cortos de Sitges, te das cuenta de que hay una pobreza de ideas muy grande. Lo que pasa es que ponerse en contacto con el mundo del cine no es sencillo. Quizás desde dentro sería más fácil.

F) Tú tienes la suerte de que te leen gente como Prada, Bonilla… que están haciendo guiones

Yo creo que en el cine se trabaja cuando hay un punto de contacto. Por ejemplo, cuando estuvo aquí Belén Gopegui me decía eso, que ella ahora estaba trabajando en guiones, pero porque le adaptaron las razones de mis amigos e hizo amistad con el director. Ahora está haciendo guiones porque sabe que lo van a filmar.

A) Yo echo en falta en sus relatos un poco de diálogo porque prácticamente no existen.

Yo adapté con unos amigos en Sevilla El vigilante de la salamandra y nos dieron una mención especial en el festival de Punta Umbría de cine. Fue difícil adaptarlo porque mis relatos son muy literarios y requieren mucha voz en off. Lo hice cuando yo estaba empezando, hace mucho tiempo, cuando yo era todavía muy inexperto, pero yo creo que cualquier relato, aunque no tuviera diálogo se podría adaptar. Si yo lo rescribiera no habría ningún problema con los relatos porque reduciría la voz en off y añadiría el diálogo necesario.

F) Yo tengo la teoría de que tus relatos, una vez leídos, si se pudieran exprimir físicamente saldrían poemas estupendos y versos estupendos. Perderían mucho si se les despojara de su atuendo literario.

Date cuenta de que hay mucha gente que me ha dicho que mis relatos son muy visuales y eso es un punto a mi favor. El relato del tren, yo lo veo como un corto. Hay otros más íntimos como Sombras en el malecón que resultaría mucho más difícil. Yo creo que hoy en día el cine se mimetiza mucho con la literatura. Hay muchas películas que nacen gracias a la voz en off.

F) ¿Qué nos puede decir de su experiencia en Alcances como jurado?

Me di cuenta de que, al ser jurado como también lo he sido en cuentos, rara vez gana el mejor relato o la mejor película, porque pasa algo muy curioso. Si llega una obra perfecta no todo el mundo la percibe de la misma manera. Si es malo todo el mundo lo sabe, si es buena no todo el mundo tiene la misma opinión. La película que ganó no le gustaba casi a nadie, pero se suele elegir aquella que aparece resultona. Yo nunca he estado en un jurado donde haya tres buenas obras y te da igual quien gane y el jurado discute sobre ellas. Uno llega con una obra y aborrece las demás. Otro tiene la suya y ninguno quería que ganara el otro. Ganó la que no molestaba a nadie, una de Maribel Verdú. Eso también pasa en los jurados de los certámenes literarios. Hay muchos cuentos de El vigilante de la salamandra que a mí me gustan mucho y nunca han sido premiados. Hay otros menores, pero resultan simpáticos, y han tenido mejor acogida.

F) Con qué problemas te has tenido que enfrentar en el paso del relato a la novela.

Como la única novela que tengo es la hormiga que quiso ser astronauta, cuyo primer capítulo es un relato que tenía y que gustó a mis amigos. Me animaron a que lo desarrollara en un contexto en el que estaba de moda este tipo de literatura juvenil, de juerga nocturna y de gente paranoica. Como sólo tenía un tono, era muy fácil de escribir. La hice en un verano. No es una novela que yo planteé como la que estoy haciendo ahora, sino una cosa que surgió así. Ahora si yo me planteara escribir una novela que me llevara un año de mi vida, quiero hacer algo ambicioso y no un divertimento como la que he escrito. La diferencia entre el cuento y la novela es que en España hay muchos novelistas que escriben novelas por acumulación de personajes. A mí me gustaría escribir una novela que no se sostuviera por acumulación de tramas, sino que tuviera una sola trama como la piel de un relato, pero lo suficientemente compleja como para que dé forma de novela. A mí me gustaría dejar de escribir relatos para ponerme de llenos en la escritura de una novela.

A) En el vigilante de la salamandra pones una cita de tu propia cosecha: A mis fantasmas para que dejen de arrastrar sus cadenas en la medianoche. Pero cuáles son esos fantasmas que te atormentan.

No es una cita nada literaria, sino hace referencia a un hecho muy personal. Con ese libro demostré a mucha gente que iba a ser escritor. Cuando tú en el seno familiar dices que lo que quiere ser es escritor, no te toman en serio. Uno tiene que soportar muchas cosas. Ahora he escrito esto y podía dejar de escuchar esas voces. Había conseguido una cosa que me había propuesto hace mucho tiempo y de la que no tenía forma de demostrar que yo valía para eso. A ningún padre le gusta que su hijo se lleve todas las tardes escribiendo sin que le vea fruto aparente. Luego, en cuanto empecé a ganar concursos, me apoyaron de manera incondicional. Abrió el camino a su hermano.

F) Hablando de tu hermano como fue la experiencia de mosaico.

Fue una experiencia muy bonita porque llegó en su momento justo. Quizá en Sanlúcar no tuvo mucha repercusión, pero nosotros lo mandábamos fuera, en editoriales lo festejaban mucho, que era una publicación muy fresca. A nosotros nos ayudó a tener muchos contactos. Mosaico era una publicación pobre, conseguimos que Prada colaborara sin cobrar un duro y Bonilla y Felipe Benítez Reyes. Era una separata que salía el último sábado del mes, en Sanlúcar Información. Eran 8 páginas en las que hacíamos hincapié en lo que más nos interesaba, en escritores jóvenes. Estuvimos a punto de llegar a un acuerdo con una editorial que nos iba a distribuir. Pero mi hermano dejó el periódico y ya no tenía sentido seguir haciéndolo. Además, necesitábamos dinero. Sirvió para conocer a muchos escritores. No es lo mismo acercarte a un escritor sin nada que ofrecerle, que con nuestra separata. Así conocimos a Prada… También hubo gente que nos preguntaba qué tarifa teníamos. Ahora lo entiendo un poco más porque, si tú quieres vivir de la literatura, no puedes perder el tiempo en colaboraciones gratuitas. No es que no quieras, sino esa colaboración que haces te resta tiempo para escribir algo que te aporte dinero.

A) García Márquez dice que no soporta a los escritores incapaces de evolucionar, que nos castigan una y otra vez con el mismo libro. ¿Cuál es tu evolución?

Mi evolución es la distancia que hay entre un libro y otro, me imagino. ¿Habéis visto alguna evolución?

A) Para mí, particularmente, los últimos cuentos son mejores, más acabados y más literarios. Sobre todo, ahonda en la psicología de los personajes.

Ahora escribiría mejor algunos cuentos. La gran diferencia entre mis primeros cuentos y éstos últimos es el filón de la ironía. Lo fantástico deja de incidir en estos relatos. De una postura absurda como dos tíos que se encuentran en el interior de un armario, empecé a darle vueltas a esa situación y creé un universo a partir de ahí. La escritura también está más hecha. Lo que a mí me interesa es crear un universo coherente, más o menos inagotable para que no ocurra lo que dice García Márquez. Lo que quiere decir García Márquez es que cualquier escritor, incluso los favoritos, derrama todas sus obsesiones de una novela a otra. Aparece un sello personal. Habría diferencia si tú coges una novela de Prada y otra de Bonilla, está claro que hay un abismo, pero no creo que se pueda hacer eso. Mis obsesiones son los personajes solitarios, el azar, esa forma lírica de contar los hechos.

A) Uno no puede dejar de ser uno mismo.

Lo que hay que conseguir es no contar siempre la misma historia, dar el coñazo con las mismas cosas. Los escritores que más se repiten son los escritores más pobres como narradores, ésos que tienen un mundo tan personal que siempre escriben lo mismo. A mí me gusta mucho el amplio mundo de Millás que toca todos los ángulos.

F) Tus personajes se pueden considerar FRIQUIS de pensamiento, no de aspecto. Les confiere un halo de anormalidad en el sentido de diferenciarse del resto de los mortales. Estos personajes pueblan tus relatos.

Si te refieres a la novela yo creo que sí, por el mero hecho de ser una obra que no forma parte del universo de los cuentos. La imagen del mundo de los personajes es similar a la del autor. Aquí quizá la visión que yo veo es más personal y clara porque es una novela urbana, no como los cuentos que son más bien atemporales y el personaje especula a raíz de unas situaciones extraordinarias. La novela tiene más expresiones en este sentido, que sean opiniones Friquis…

F) Hay personajes que deambulan por la vida y que difícilmente te los encuentras por la calle. Son tipos muy especiales.

Yo no tengo ningún afán realista en mis cuentos. Digamos que lo que menos me interesa en los cuentos es el personaje. Yo cojo un personaje que es el mismo siempre. Mis amigos me dicen que son los personajes Palma. Casi todos son intercambiables, salvo el vendedor de besos que es un poeta que tiene que tener un carácter distinto para la historia, pero cuando es la historia la que manda siempre aparece el mismo personaje: 1º porque yo me siento cómodo con ese tipo de personaje. Siempre actúa igual ya se encuentre en el interior de un armario o se enamore de un sillón de orejas. Es la misma forma de reaccionar de un personaje que tiene una parte de mí, quizá unas facetas más acentuadas. Por ejemplo, los personajes de Arturo Pérez Reverte, esos héroes en parte un poco perdedores, de fuertes convicciones que se dejan llevar y se adentran de lleno en una aventura. Yo no me siento capacitado para crear un personaje así.

F) Me estás diciendo que tú llevas de la mano a tus personajes.

Cuando escribo cuentos, desarrollo una historia que le tiene que suceder a alguien. Ese alguien es un personaje casi idéntico en todos los casos. Es un personaje tímido, enamoradizo, solitario que lo ve todo de una manera quizá muy romántica y al final se da cuenta de que no. Ese mismo personaje, no es porque yo tenga una afición especial por ese personaje y no quiera hacer otros, sino porque me viene de perlas que viva solo, porque la historia a lo mejor la vive él y cuando tiene a una mujer es porque ésta sirve de contrapunto de su locura, nunca encuentra a la mujer como una compañera, sino siempre como un enemigo o la redentora final.

A) Yo sí veo en tus personajes un punto en común y es que son personajes que andan buscando un sentido a sus vidas. Más que personajes ¿no parecen personas de carne y hueso porque todo el mundo busca un sentido a sus vidas?

Yo no los considero personajes, sino motores de una historia.

F) ¿La gasolina que tú le echas a ese motor es la resultante del personaje que creas?

Es una visión idéntica en todos los personajes. Si yo escribiera una novela, sí me centraría en crear un personaje dándole unos rasgos, dando unas características, unas manías. En un cuento no te da tiempo de llenar un personaje, dotarlo de unos rasgos. Siempre tiene este tipo: oficinista que está harto de su trabajo, pero que no tiene valor para buscar otra cosa, que las ve venir. Siempre son oficinistas o traductores. Siempre son trabajos cerrados en el microclima cerrado de una oficina donde nunca hay un aliciente o bien trabaja en sus casas. Mis personajes nunca son gente que vive en la calle, ladrones o gente de ese tipo.

A) Yo me refiero a que parecen muy humanos en el sentido ideológico.

Eso pasa por defecto. Cuando tú lees un cuento y ves a un personaje que habla, que le pasa una serie de cosas y que piensa evidentemente. Yo pongo anotaciones en ese personaje, pero de una manera no mecánica. Para que el cuento vaya avanzando les tiene que pasar una serie de cosas y él tiene que reflexionar sobre eso. Pero que no busco crear personajes en los cuentos. A la gente que les gusta el cuento es porque se ven en sintonía con los personajes, porque es más fácil identificarse con estos personajes que con los personajes de otros personajes. Hablar de esto es como si yo tuviera una serie de personajes y no es así.

A) Quieres decir que usas personajes estereotipos con los rasgos de apatía ante la adversidad…

Cuando escribo un cuento no pienso en un personaje de determinadas características sino busco a alguien que le pasa determinadas cosas. El personaje es tan mínimo ya. Todos estos personajes llevan una serie de ingredientes que a lo mejor son muy similares porque me siento cómodo con ese personaje porque ve la vida como yo o porque me es más fácil dotarlo de una serie de reacciones frente a las cosas.

A) Eso se puede reflejar en la importancia que adquiere la figura del narrador.

Siempre son el mismo personaje. El que vive en el interior del armario podría ser el tío que cuida animales y otros. Piensan igual. El único personaje como tal es María Calaveras.

A) Una de las características de los personajes es la soledad. Esa soledad responde a la economía de los cuentos u obedece a la soledad propia del escritor ante una máquina de escribir o unas teclas de un ordenador.

Responde más bien a la economía de los cuentos, porque son personajes que les pasa una serie de cosas. Me gustan que vivan en solitario. La soledad sólo se rompe por técnica narrativa cuando me sitúo en otro punto de vista. Entonces entra en escena una mujer… no tengo por costumbre empezar con: Pepe que vivía en tal sitio y que tenía un hermano que se llamaba Juan y un nieto… Salvo en el hombre de la cortina que es la reacción de toda una familia ante un tío detrás de una cortina. Ahí me lo pide el relato.

F) Casi todos los críticos de sus libros coinciden en señalar el afán tuyo por crear bellas imágenes. Quiere decir que vas por la calle como ido o son imágenes comunes que se plasman en la escritura.

De vez en cuando se me ocurre una metáfora. Se trata de una imagen lírica que no chirríe. No voy pensando por la calle… a veces sí como todo el mundo. Cuando me llaman en el momento que escribo, a veces salgo a algún sitio y aún estoy metido en la historia. Por lo general no. En Sevilla sí porque en mi vida de estudiante caminaba mucho y me daba tiempo para ir imaginando historias.

A) ¿Del azar que nos puede decir que es un componente de la literatura o la vida no escapa a sus garras?

Yo creo que la vida no escapa a sus garras. La vida es puro azar. Yo creo más en al azar que en el destino. Un cuento sobre el azar que he leído deja anécdotas sorprendentes. Por la Antártida naufragó un barco al chocar con un iceberg y sólo hubo un solo superviviente llamado Graham Williams. Unos 4 o 5 años después hubo un naufragio con un único superviviente con el mismo nombre que el anterior. También ocurrió por tercera vez. Hay gente que piensa que el azar es una fuerza que nos manipula sin que nosotros la veamos y nadie cree en ello. Yo creo en el azar y no en el destino, en eso de si naces para ser ahorcado, no vas a morir fusilado. Cada vez que en mis cuentos hay una situación propia del azar yo aprovecho para ahondar en este tema que me encanta. En uno de los cuentos que no he publicado va sobre el azar, sobre unos hechos reales encontrados en una noticia. Un hombre va al hospital a ver a su madre y por confusión cree que ha muerto. Entonces se traslada al tanatorio y se encuentra a una  familia desconocida llorando la muerte de su madre. Una pidió daños y prejuicios y Soledad Gutiérrez dijo que ella tendría que llorar la muerte de su madre dos veces. La novela de Millás es una celebración del azar enorme.

F) Como columnista qué nos puede decir.

Una columna de opinión no da una opinión sobre algo. Yo parto de pequeñas cosas para crear una columna literaria y mis lectores buscan eso. Al final hay historias extrañas que me sirven para sacar cosas. Siempre hay gente que se salten mis columnas y otras que la busquen. Yo creo que es bueno tener un balcón para asomarte a la calle. Prada es el mismo que escribe novelas y el que escribe columnas. Hay otros que no. Yo no quiero comentar la actualidad, les conté a los del Diario y ellos me contestaron que no me ciñera a la actualidad y a partir de ahí me daban vía libre. Mis artículos son muy personales y quien me lee puede conocer algo de mí. En ese sentido me da un poco de pudor. La gente me reconoce por la calle por la foto del Diario. A mí me llama la atención cuando coincides en un bar en el mismo momento que una persona está leyendo el Diario por la columna tuya y no sabes qué actitud tomar.

F) En los planes de estudio cómo enfocarías la enseñanza de la literatura.

Un amigo mío profesor me dio una imagen desoladora sobre la enseñanza. Los profesores de literatura no están al corriente de la gente que escribe aquí en la provincia, no conoce a nadie. Yo no estoy muy metido en ese tema, pero las pocas veces que he ido a leer en un instituto siempre me he tropezado con la promesa de una profesora que te insinúa que va a incitar a los alumnos para que te compren el libro y te lean o al menos que les va  a pasar unas fotocopias, aunque en realidad alguno le ha dado por leer algún libro tuyo y toda el coloquio se centra en una conversación entre ese lector y el autor en una situación un tanto extraña, excepto en la biblioteca que fue una experiencia álgida. Antes se leía a Cela, Delibes…. Yo no entré en la literatura por eso. Esa experiencia no fue muy buena y terminé tan asqueado con esas lecturas que creí que la literatura era eso, de modo que no me apetecía leer libros que tenía mi padre en casa. Yo tuve una profesora de literatura que fue quien me metió la literatura en el cuerpo. Ella leía en clase. Ella explicaba el tema y la última media hora nos leía. El profesorado se lo echaba en cara y decía a los alumnos que quienes quisieran escuchar se acercaran a su mesa y los que no les interesaba se fuesen al fondo de la clase. La literatura es leer. Siempre había 4 o 5 que nos quedábamos escuchando. La literatura es atractiva. Nos leía a Borin Vian, García Márquez… En el examen nos invitaba a subir nota si éramos capaces de continuar una de las historias de García Márquez que ella había leído y así empecé a escribir un poco. Yo creo que en la mayoría de los escritores siempre le aparece un profesor de literatura que lo guíe en su infancia.

F) Si nos encontrásemos en un bar y tomáramos unas copas qué escritores saldrían a la palestra.

La Sombra del viento, finalista del premio Nadal del 2000. Yo suelo estar al corriente de toda la historia del cuento.

A) La hormiga que quiso ser astronauta surge a raíz de una novela Matando dinosaurios con tirachinas. ¿Qué no te gustó realmente de ese tipo de novelas?

Era un tipo de novela a la que yo no le veía mucho sentido. Si yo hubiera leído el tipo de novela de ahora: Lo mejor que le puede pasar a un croasán. La presenté al mismo premio, pero no era lo mejor. Yo no lo quería sacar con otra editorial que era Quórum. De hecho la crítica no la acogió con mucho entusiasmo. Era una novela imperfecta, incompleta, pero como divertimento no está mal. Bonilla la quiso sacar en Espasa. Lo que ocurre que no soportaba la comparación con el nivel de los cuentos. Estaba en Sevilla con mi hermano y una beca suya. Cuando se acabó la beca tenía que hacer algo para no volver a Sanlúcar y entonces me encontré con la novela esa. Lo mandé a premios y no tuvo éxito. Con el tiempo surgió quórum. Tener material en el cajón te deja la sensación de que no te puedes desprender de ella hasta que no se publica. Lo escribí en un verano en mi casa con el calor de tarde.

F) Echas de menos una mayor reputación.

Si no supiera que este mundo es así tal vez, pero como conozco un poco este mundillo, no me extraña. Los escritores se hacen por acumulación. Ahora con las interioridades hay más reseñas y tu nombre suena. Cuentan contigo cada vez más. Tarde o temprano te vas haciendo un hueco. Felipe Benítez Reyes le dice más o menos lo mismo. Mi primer libro vendió menos que el tuyo. Yo soy paciente. Ahora mismo no escribo con prisa y estoy contento con mis lectores. Las Interioridades está bien distribuido y siempre tengo el apoyo de gente como Carmen Posadas, Prada… Me llaman cada vez más de sitios. Estoy colaborando con Algaida, con Pretextos…