RUIZ MATA, JOSÉ. EL MURO

RUIZ MATA, JOSÉ. EL MURO

               A veces se dicen palabras sin pensar y en otras ocasiones parece que no se piensa lo que se dice, pero en realidad todo está medido con una naturalidad que tarde o temprano nos confunde, nos saca del sopor con el que asumimos los acontecimientos de la vida y el tiempo nos deja entre los recovecos de la memoria los cristales rotos de una rutina que empieza a cuestionarse sus principios, el comportamiento errático que nos conduce hacia el presente.

El muro no es una novela más que aborda el periodo comprendido entre la época franquista y el inicio de la democracia, sino que va más allá, se adentra en un universo donde los que tienen la palabra no saben usarla y los que guardan silencio tienen un mundo interior capaz de analizar su propia vida y la sociedad que están viviendo al instante. El muro no es una novela que aborda con más o menos datos reales un periodo de la historia de España, sino que recorre el laberinto de una intrahistoria que pone en entredicho el estado de lucidez de algunas mentes pensantes. El muro no descansa en los acontecimientos bélicos de una determinada franja de tiempo, sino que perfila el pasado desde el análisis psicológico de los personajes dando lugar a una estampa heterogénea donde desfilan las luchas diarias de una familia para ganarse el pan, el origen de los partidos políticos en la clandestinidad como herramienta eficaz para derrocar una Dictadura que alcanza una muerte natural, las canciones de letras reivindicativas que pierden sentido en cuanto asoman su cabeza los primeros indicios de libertad.

La novela está escrita en primera persona por una mujer que ha entregado su existencia al cuidado de una familia que ha abandonado el hogar por diferentes motivos. Su marido juega con dos barajas bien delimitadas: por un lado, se muestra receptivo y democrático con la gente de la calle y de otro, se comporta de modo dictatorial entre las paredes de su casa. Sus hijos se hacen mayores y comienzan a perfilar su futuro: Casandra contrae matrimonio y Fidel se marcha a Granada a realizar sus estudios. En estas circunstancias la protagonista se siente acosada por la soledad y se permite el lujo de reflexionar sobre cada uno de sus pasos. No siente el verso por sus venas. Al menos no busca refugio en ese paraíso perdido que es la infancia, pues no le gustaría dar marcha atrás a lo que ya ha caminado. Si algo ha aprendido con los años es que de nada sirven las excusas ni las quejas. Vive la realidad de la prosa y no se deja someter por los sueños y sus rencores. Camina tan fiel a sus principios que no quiere dar su brazo a torcer y asume el atuendo de la soledad con la naturalidad de quien se aferra a la vida sin más paracaídas que la vida misma.

José Ruiz Mata desnuda la historia con la crudeza de los hechos y con la sabiduría de quien es consciente de que la realidad entra mejor por los ojos cuando es auscultada por el filtro de la ironía y del humor. Se ríe de la vida cuando la vida no nos cuenta ningún chiste, pues entre carcajada y carcajada se abre paso la conciencia.