ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR AMALIA BULNES, DE OCNOS COMUNICACIÓN

ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR AMALIA BULNES, DE OCNOS COMUNICACIÓN

ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN

Matar a Narciso

–         Se le considera perteneciente a una nueva generación de escritores. ¿Qué tienen en común? ¿Se identifica con ellos?

No es por egoísmo ni nada por el estilo, aunque pienso que el ritmo de vida que nos imponen y la manera en la que se desenvuelve la sociedad, nos invita a caminar de manera solitaria en el mundo de las letras. Ahora no es necesario vivir en Madrid para dedicarse a la literatura, sino que los nuevos medios de comunicación nos permiten estar al tanto de todo lo que se cuece en el mundo sin movernos del sillón. Encasillarnos en un grupo es una manera sencilla de localizarnos que han llevado a cabo los manuales. Sin embargo, el autor se hace consciente e inconscientemente de sus lecturas y a mí me han influido el repertorio de autores de la historia de la literatura española. Eso es lo que tiene haber estudiado Filología hispánica. Y en la actualidad me defino por la lectura de escritores gaditanos.  De cada uno cojo lo que más me gusta o lo que se adapta a mi forma de concebir la literatura.

–         ¿Cómo definiría su poesía?

Mi poesía es un ejercicio de sencillez en el que desnudo el mundo a través de mi punto de vista. Me siento cómodo con los juegos de palabras y considero el humor como un medio eficaz de combatir al tiempo, a los sinsabores de la vida. Me gusta crear imágenes insólitas y dejar para el final la sorpresa del verso, el desmayo del alma que termina tiritando de frío al abrigo de las palabras.

–         Influencias, referencias, estilo…

Ya me he definido con anterioridad, aunque debo añadir que me influye por igual la experiencia de la vida conjugada con las imágenes de los versos que leo. Suelo arrancar en una anécdota o en una visión y a partir de ahí construyo el poema. Son las ideas las que pululan por mi mente, pero solo las palabras las hacen realidad. No llevo a cuestas la huella de un solo escritor, sino que son tantos que a veces no sé quienes me han influido con mayor intensidad.

–         ¿Se considera un poeta esteticista o encuentra en este género la mejor manera de comunicar, más allá de preciosismos y aspectos formales?

La poesía es comunicación entre el autor y sus lectores, de modo que, si el mensaje no llega al público, la poesía deja de tener sentido. El espejo no es un gran conversador. Mi sueño como escritor es que un lector anónimo, que no me conozca si quiere, sea capaz de identificarse con alguno de los sentimientos que se ocultan bajo el poema. Se identifique con mis versos, al mismo tiempo que parece que lo describo a él.

–         ¿Qué le hizo coquetear con los relatos?

La idea partió del editor de Aladena, Francisco Vázquez, un amigo mío que empezó como aficionado a la literatura haciendo crítica literaria y montando una web para acabar metido de lleno en el mundo del libro. Sin embargo, no iba a publicar poesía. Me había dicho que la poesía no se vendía y me indicó el sistema de selección que usaban en la editorial. 10 personas analizaban el contenido recibido y se publicaba en el caso de que 6 de esos integrantes dieran el visto bueno. Me empujó a escribir en otro género y me lo tomé como un entretenimiento donde podía indagar por otros caminos el mejor método para conocerme. En unos meses di forma a unos nueve relatos que conformaron el libro, de tal manera que pude hilar historias muy diversas en una unidad de estilo. Me divertí tanto como espero que se divierta el lector cuando pose sus ojos en esas páginas.

–         También colabora con algunos medios de comunicación. ¿Qué le atrae del periodismo / columnismo?

Del periodismo no me interesa el papel informativo, pues he acudido a él para escribir columnas de opinión que a la postre son una manera eficaz de soltar el caudal de ideas que corren por los cauces salvajes de la mente. Una manera de acabar con la falsa objetividad de este género, un campo de ensayo donde verter un estado de opinión, donde ensuciar unas cuartillas que sirvan para agilizar el sueño de la pluma. También me he asomado con el fin de hacer crítica literaria, reflexiones profundas sobre las lecturas que han marcado en ocasiones o manchado en otras mi concepción de la literatura. Para ese bautismo periodístico he de mencionar a Juan José Téllez, un hombre de a pie con bondades impagables que me invitó a formar parte del Diario de Cádiz, y a Miguel Ávila Cabezas, un enamorado de la literatura que me abrió las páginas culturales del Faro de motril. Otros nombres sin los cuales mis palabras no hubiesen tenido eco son Fátima Reyes, que me permitió derramar mis ideas en La Janda Información, y Francisco Vázquez, que me dejó un espacio en su web comentariosdelibros.com donde mis impresiones cayeron a modo de reseñas. No es que no me interese la información, sino que para ese fin hay personas más preparadas que yo. El periodismo me interesa en cuanto uno puede hacer uso de la ficción, de un estilo propio que no te permite la noticia.

–         ¿En qué género se siente más cómodo?

Siempre me he sentido más a gusto entre los versos, pero eso no quita que los relatos se acomoden también a mi forma de entender la vida. Elementos no excesivamente elaborados en el tiempo que me permiten actuar como una ola en una playa desierta dejando que mojen los pies del veraneante, huyendo del invitado como quien tiene intereses en otra parte. Así concibo la literatura, como un componente necesario en mi existencia, pero, como casi todo, no imprescindible. Quizás la poesía regrese más a menudo a mi mente que la prosa. Quizás tengo mayor familiaridad con ella.

–         Usted imparte talleres de fomento de la lectura dirigidos a los más pequeños. ¿Existen ya demasiadas generaciones perdidas para la literatura?

Los pequeños son los mayores entusiastas de las letras. Creo que el cordón umbilical de la lectura se rompe a partir de los 10 ó 12 años. Tal vez porque se ha creado una sociedad que rechaza todo aquello que no aporte dividendos cuantiosos. Tal vez porque los centros educativos se centran más en llevar a cabo una programación, que en poner todas las herramientas en el fomento de la lectura. Tal vez porque los padres delegan esa responsabilidad en la enseñanza. Tal vez por la mescolanza de todas estas razones. Quizás porque se ha intentado ofertar la lectura en oposición a otras actividades, sin tener en cuenta que la confrontación no trae consigo buenos resultados. El lema: La lectura frente a las nuevas tecnologías es un error de cálculo que ha de corregirse a través de un nuevo nexo: La lectura junto a las nuevas tecnologías como una alternativa más al ocio de los adolescentes. Todo lo que implique esfuerzo lleva mala prensa. Debemos cambiar esta opción y concebir la literatura más como un juego que como una obligación.

–         Por su profesión de bibliotecario, tiene contacto directo con los lectores. Pero, ¿qué me dice de los suyos? ¿Habla con ellos? ¿Qué opinan de sus libros?

Me he llevado alguna que otra grata sorpresa al descubrir que me leían en Jaén o en Valencia y los lectores anónimos intentaban agregarse al facebook o ponerse en contacto conmigo a través de mi web. A veces converso con ellos, pero creo que deberían ser mis lectores quienes opinaran sobre mi forma de escribir. Me imagino que quienes se ponen en contacto con uno están conformes con mi estilo y a quienes no les guste mi manera de escribir no se molestan en conocerme. Apunto una anécdota que no sé si puede ser significativa. Cuando envié el borrador a la editorial Aladena, me encontré con la respuesta de que había sido aprobada la publicación de La otra realidad con un resultado de 9 a 1. Sin embargo, ese uno quedó horrorizado con mi manera de expresarme y al resto les encantó.

–         En este sentido, ¿qué opina del ciclo ‘Letras capitales’ del Centro Andaluz de las Letras?

Es de esos programas que parecen pasar desapercibidos, pero que se añoran como nunca cuando desaparecen. Sin él algunos autores no tendrían el beneplácito de ser oídos, de ser escuchados. Es un escaparate que da la oportunidad de subirse a las tablas a muchos. Ya el tiempo se encargará de poner a cada uno en su sitio, pero labores como la del CAL, con sus defectos y virtudes, a la larga son impagables y máxime teniendo en cuenta la situación que atraviesa el país. Defender la cultura supone defendernos contra la ignorancia.