ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN A PEDRO SEVILLA GÓMEZ

ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN A PEDRO SEVILLA GÓMEZ

ENTREVISTA REALIZADA A PEDRO SEVILLA

 

1.- Arcos ha dado un sinfín de escritores como Antonio Hernández, Antonio y Carlos Murciano, Julio Mariscal, Pepa Caro y usted. ¿Nos puede dar una explicación a ese fenómeno?

Y los hermanos José y Jesús de las Cuevas, y Antonio Luis Baena, y Cristóbal Romero. Efectivamente tenemos una nutrida nómina de poetas. ¿La explicación? No tengo una explicación. No creo que sea la belleza arquitectónica, porque hay lugares muy bellos donde no sale nunca un poeta. Y al contrario: hay sitios feos que dan excelentes poetas. Digamos que la poesía sopla donde quiere.

2.- La revista Alcaraván surgió en Arcos hacia los años 50 en torno a un grupo de escritores que se reunían en la casa paterna de los hermanos Murciano.  Años más tarde formas parte del denominado Grupo de Arcos y sacáis adelante la revista Calima. ¿Qué nos puede contar de esa experiencia?

Calima siguió la estela de “Alcaraván” o “Liza”, las revistas que nos precedieron. Teníamos a ambos grupos como referente. Éramos muy jóvenes y muy soñadores, y hoy, tanto Pepa Caro, María Jesús Ortega o yo mismo, que trabajamos en aquel proyecto, lo recordamos con mucha ternura. De aquello nos queda la amistad común y la amistad, mezclada con el respeto, a los mayores de “Alcaraván” y “Liza”.

3.- Uno de los poetas más olvidados, pero más influyentes, quizá haya sido Julio Mariscal Montes. ¿Qué nos puede decir de este magnífico poeta a quienes no lo conocen? ¿Ha influido en tu poesía?

Bueno, Julio Mariscal no es hoy un poeta olvidado. Se le lee, en gran parte debido a la labor de otros poetas que han contribuido a su conocimiento por parte de los jóvenes poetas. Desde su muerte en 1977, Juan de Dios Ruiz Copete, los hermanos Antonio y Carlos Murciano, Francisco Bejarano y más recientemente José Mateos, con una imprescindible antología, han reivindicado al poeta arcense. Para mí fue fundamental el conocimiento en mi adolescencia de la poesía de Julio. Aún tiemblo de emoción cada vez que me acerco a sus versos.

4.- Mantiene una relación excelente con poetas como Enrique García-Máiquez, José Mateos o Francisco Bejarano. ¿La literatura te ha dado o te ha quitado amigos?

Soy amigo de los poetas que indicas y de otros muchos. La poesía –lucidez, emoción, conocimiento- me ha dado muchos amigos. De algunos de ellos, además, soy un agradecido discípulo.

5.- ¿De dónde surge esa pasión por la literatura? Cuéntanos tus orígenes.

Desde niño ya se me veía venir. Me emocionaban los versos de Lorca, de Dámaso Alonso, de Machado, que leía en los libros de texto. Cuando adolescente cayeron en mis manos los libros de Julio Mariscal y ya supe que mi vida estaba ahí, que tenía que leerme en endecasílabos para entenderme y que me entendieran.

6.- De un padre que ha entregado la vida al campo, ¿qué valores extrae el hijo? ¿Qué enseñanzas sigues hoy en día al pie de la letra?

Mi padre era jornalero. Amaba una tierra que no era suya. Nunca lo oí renegar de su trabajo. De él, de todos los campesinos, aprendí que hay que ser paciente, que es imposible sembrar y recoger la cosecha el mismo día. Precisamente yo achaco muchos de los males de nuestra actual juventud rural a la adulteración de ese sentimiento, muy campesino, de la paciencia y la esperanza. Ahora todo el mundo quiere las cosas y las quiere ya, sin esperar. Yo aprendí a esperar desde niño: a esperar la película del sábado, el libro a fin de mes, la novia a las seis. Ahora espero al poema, porque a un poema nunca hay que forzarlo, como no hay que forzar a una rosa.

7.- ¿Sigues algún ritual a la hora de escribir? ¿Alguna manía inconfesable?

No sigo ningún ritual especial. Pero reitero lo de la espera. Espero que el poema me vaya envolviendo, que las palabras se vayan cargando de vida, que el ritmo toque el tambor en mi cabeza. Cuando era jovencito me sentía inquieto si no escribía un poema a la semana. Ahora puedo pasarme meses sin alterarme, aunque es verdad que, cuando terminas un poema, siempre te asalta la duda de si será el último. Ah, se me olvidaba: antes, cuando fumaba, era incapaz de escribir sin un cigarro en la mano.

8.- Y era la lluvia, amor, refleja con claridad la importancia de amar y ser amado que requiere todo ser humano. ¿Cómo le ha tratado el amor en la vida?

El amor me ha tratado bien, o sea, no me ha dado todo lo que he deseado. La vida sería un infierno si se hubieran cumplido todos nuestros deseos, normalmente descabellados. “Y era la lluvia, amor”, es un libro muy juvenil, que es lo mismo que decir muy apasionado e inexperto.

9.- Su poesía pone de manifiesto el carácter de todo ser humano, pues todos estamos llenos de contradicciones. ¿Cómo se las apaña uno para vivir en ese clima constante de dudas?

Y qué seríamos sin la duda, sin la sed. Si fuésemos certidumbre y saciedad, seríamos abominables. El hombre es contradictorio. Todo lo que yo he escrito parte de esa premisa: somos duales. Las peores batallas que yo he librado, las he librado conmigo mismo, con mi otro yo.

10.- En Septiembre negro, aparece la figura de Carolina de Mónaco. ¿Qué supone para ti ese icono femenino?

Amé a Carolina de Mónaco desde que éramos unos niños. La veía en la revista “Hola” y me ponía muy colorado. Luego supe de sus matrimonios desastrosos, de su viudez, y seguí amándola. Incluso, en un poema, le mandé un billetito donde le detallaba un perfecto plan para fugarnos juntos, a los pocos días de quedarse viuda.

11.- ¿Es Septiembre negro la premonición de que el tiempo se nos echa encima? ¿Qué te gustaría hacer en esta vida antes de abandonarla?

Me he propuesto ser mejor persona. El mal se hace solo y el bien hay que trabajarlo mucho. Quiero querer al otro como a mí mismo, disfrutar de lo que hay en el otro de sagrado.

12.- En Sendero luminoso se esboza la idea de que la literatura y la poesía, en un momento dado, se pueden convertir en antídoto ante el dolor que nos impone la vida. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación? ¿De qué nos puede salvar la literatura?

La poesía no nos salva. No nos da certezas. La poesía nos da sed, ansias de conocimiento, de elevación. Toda poesía es un intento de contactar con lo sagrado. Aunque escriba contra lo sagrado.

13.- La luz con el tiempo dentro es un poemario que reconoce la labor lírica de un maestro como Juan Ramón Jiménez y el retrato de la infancia como paraíso perdido, pues el niño vive feliz en su mundo de inocencia. ¿Qué conserva del niño que fue? ¿Cuándo se hizo adulto?

Uno se hace adulto cuando es expulsado de la infancia, que es una patria azul y eterna. La muerte nos enseña el camino del tiempo y ya se acabó el niño. Empieza el hombre. De nosotros depende que ese niño no muera del todo.

14.- A raíz de la muerte de tu hermano, escribiste Extensión 114. ¿Fue difícil recordar el dolor o, en cambio, te sirvió para asimilar mejor la tragedia, para desahogarte a través de la escritura?

Yo escribí “Extensión 114” para aliviar mi dolor, pero también para sacarle partido como escritor. Fui innoble y me duele. Para escribir sólo hay un motivo noble: el amor.

15.- ¿Qué recuerdos no se han borrado nunca de tu hermano vivo?

Mi hermano fue un muchacho soñador. Quería ser músico y se compró una guitarra eléctrica que luego cambió por heroína. Su generación fue engañada; se les incitó a consumir drogas, a probarlo todo. Él pico y acabó masacrado por el sida. Lo recuerdo en su niñez, siempre muy pegado a mí, merendando juntos o volando una cometa.

16.- En tus novelas el dolor se convierte en uno de los protagonistas, sin embargo, a pesar de estas circunstancias, se erige siempre por encima las ganas de vivir. ¿De dónde sacas esas fuerzas para afrontar el día a día?

Creo que en toda mi poesía –y en prosa- puede apreciarse mi fe en la vida, mi esperanza. Creo que la vida merece la pena, que es un privilegio. Creo que el dolor nos ennoblece y que hay una razón que lo justifica todo. Lo digo ahora que trato de seguir a Jesucristo, pero también pensaba lo mismo antes, cuando me declaraba marxista y ateo.

17.- 1977 recrea el episodio histórico de la transición, ¿qué imagen guarda de esa época? ¿Qué hay de autobiográfico en la novela?

“1977” tiene mucha carga autobiográfica. Yo era adolescente cuando murió Franco. Ingresé en el Partido Comunista porque quería cambiar el mundo, quería resarcir de sus penurias a todos los campesinos. Leía “El Manifiesto comunista” y no me enteraba de nada, pero me sentía muy orgulloso y beso levantando el puño cerrado. Hoy sé que estaba equivocado, que el marxismo –válido y vigente en muchos aspectos- no salvará al hombre. Sólo el amor nos salva.

18.- Tierra leve esboza el tema de la brevedad de la vida, es una memoria escrita de un pasado que uno nunca debe olvidar. Sin embargo, yo quisiera ir más allá: ¿qué espera del futuro?

El futuro es el hombre. Con sus contradicciones, con sus demonios, con sus luces.

19.- En el año 2003 se presenta como candidato a la alcaldía de Arcos por Izquierda Unida y, aunque no es elegido, es nombrado Delegado de Cultura. ¿Qué nos puede contar de su incursión en la política? ¿Cómo ve la situación actual?

En 2003 me presenté a la Alcaldía de Arcos. Salí elegido e hicimos un pacto con el P.S.O.E. que salió mal. Era un matrimonio desigual. La Alcaldesa era Pepa Caro y, gracias a nuestra amistad, se retrasó un poco el divorcio. Creo que me equivoqué entrando en política activa. Un poeta precisa mucho del silencio, de la espera, de la meditación, y la política es absorbente, intransigente. La situación actual, si se refiere a España, la veo mal, con indignación y pesadumbre. Desde la Monarquía para abajo todo está tocado por la corrupción. Hay que volver al hombre, a la medida humana. No puede ser que la economía, el dinero, los poderes financieros, sean los grandes dioses de este tiempo. Hay que renovar los valores humanos, los derechos y los deberes humanos.

20.- La fuente y la muerte analiza en profundidad su infancia en un pueblo como Arcos, que no dista mucho de Benalup. Al mismo tiempo, rememora la relación de amor y odio con tu padre. ¿Es doloroso escribir sobre unos hechos tan vividos y sentidos?

Si la novela sobre mi hermano la escribí con dolor y deseos de gloria literaria, “La fuente y la muerte” lo he escrito sólo por amor, por respeto, por salvar a unos seres que lo dieron todo a cambio de nada.

21.- ¿Con qué autores te sientes más identificado?

La poesía es una carrera en solitario. Siempre estamos solos, aunque tengamos amigos y maestros. Como he dicho en otra pregunta, tengo muchos amigos y maestros escritores. La poesía de Mariscal fue fundamental, pero luego vino el privilegio de leer y tratar a otros muchos maestros y amigos, como los hermanos Antonio y Carlos Murciano, por hablar de mi pueblo, o Francisco Bejarano y José Mateos en Jerez.

22.- En un mundo donde la literatura cada vez está más lejos de los dividendos, ¿qué consejos le darías a un joven escritor? ¿Cómo animarías a alguien a que leyera?

Mi consejo a los jóvenes es, precisamente, que lean, que lean mucho. Me da dolor cuando escucho a un chico joven decir que no lee para no “contaminarse”. Precisamente tenemos que contaminarnos, que llenarnos de versos ajenos hasta encontrar nuestra voz, hasta decir lo mismo que todos, pero con nuestra propia voz.