NOGUERAS, J. ANTONIO. HOJAS CAÍDAS

NOGUERAS, J. ANTONIO. HOJAS CAÍDAS

HOJAS CAÍDAS

El verso se comporta como una margarita que se deshoja hacia la vida. La caída no siempre nos conduce al abismo. A veces es el impulso necesario para emprender el vuelo, el arroyo transparente donde se sumerge el corazón desnudo del poeta, el aire, a modo de caricia, por donde circulan los sueños hasta posarse en los ojos de la amada.

El canto es el único camino que desmonta la distancia, como el murmullo de un río cuyo mensaje alcanza la orilla opuesta de unos labios. No hay otoño que arrastre la tristeza en la alfombra de las calles si el poeta es amado, si el amor se enrosca como serpiente en el tronco de su cintura.

El sentimiento puro brota como una fuente cuyas aguas nunca dejan de sorprendernos, cuyos saltos en la piedra esbozan el rumor de una sonrisa, cuyo frescor se diluye en el cauce del cuerpo amado. Es un diálogo que le tapa los ojos a la ausencia. Es el modo eficaz de soñar con la idea del reencuentro sin necesidad de sufrir la angustia de la partida. Es una correspondencia consentida donde la palabra es una excusa para la entrega sin reservas. Es una entrega sin cadenas donde la libertad se posa de forma permanente en el hombro del que se queda, en el cuello del que parte.

Las campanas de la iglesia anuncian la rutina de una soledad que corre más allá de nuestros oídos, como si la piedra adquiriese el calor de la carne, como si la historia se anunciase a bombo y platillo: hay un amor que suena, a pesar del silencio. Hay un recuerdo que palpita al margen de la memoria. Hay unas gaviotas que encarnan el mundo libre de los sueños. Hay un mar en el que uno no va a morir, sino a respirar con ansias el aliento fresco de una caricia. Hay un viento tan tenaz que nos susurra la pasión de unas palabras, palabras que siguen fieles al cauce desbordado de una pasión.

Cuando sonríe la dicha, no hay que temerle a la noche. Cuando el amor triunfa, no hay palabras que lo desmientan. Hay latidos que se oyen bajo el rumor de los versos, que no se apagan ni siquiera cuando cierres el libro.