SAIZ NEUPAVER, CARMEN. ESTADO DE CONJETURAS

SAIZ NEUPAVER, CARMEN. ESTADO DE CONJETURAS

ESTADO DE CONJETURAS

Pandora no fue la causante de todos los males de la tierra, sino que se afanó en darle aliento a la vida, en esbozar, con su gesto de apertura, el premio de la entrega, la idea de que el día a día es un ejercicio de supervivencia en el que ha de sobresalir la pasión, en el que la palabra se agarra al pecho, se cuelga en la percha desorientada de la memoria. La existencia es un calendario de desgarros, una constante muda de piel que, de vez en cuando, nos arranca una sonrisa. Pandora fue el primer latido, el guiño de asombro que se durmió en el papel en esa torpe caligrafía que dibujan en el corazón los amantes, en esa torpe caligrafía que imita el desconcierto del enamorado.

Estado de conjeturas es el mapa de carreteras de un mundo poblado de fantasmas donde el erotismo despierta hacia el verso, donde la herida se extiende en el folio como una huella de carmín que arrastrara las cadenas de un sueño, donde unos ojos arrojan las miserias del hombre, el latido fugaz de un destello.

Carmen Saiz convoca a las musas en ese afán que muestran por salvarse de la tristeza. Teje entre líneas la mortaja de la muerte bajo la rutina del tiempo. Concibe el verso como un juguete de la infancia que acompañaba la soledad de sus tardes, igual que otros sueñan con recorrer el mundo a bordo de sus barquitos de papel o se lanzan a la aventura con el sonajero de unas canicas. En su voz palpita el silencio, un silencio que se abre camino en la conciencia. En su garganta se agitan las alas de la libertad, de un espíritu que se niega a soportar por más tiempo las cadenas de las sombras, la luz artificial de la impostura.

No cede en su empeño de mecer la palabra contra el columpio de la belleza en un intento desesperado por mantener el placer de la derrota, el dolor de la victoria. Se sumerge en el agua de las fuentes como metáfora dormida de un espejo que lame el rostro de la nostalgia.

Para Carmen Saiz abrir la boca no siempre significa alzar las manos de la queja. A veces, la indiferencia es la huella invisible de los que no se callan.

Estado de conjeturas dispara a los pies del lector el mensaje de que la poesía es el abrazo de un instante. El suicidio del amor ante el abismo.