SANZ, MARÍA. LA PAZ DEL ABANDONO

SANZ, MARÍA. LA PAZ DEL ABANDONO

LA PAZ DEL ABANDONO, MARÍA SANZ

Bajo el amparo de Andrés Mirón y Claudio Rodríguez, el dolor se filtra a través de la palabra como consecuencia irremediable de un carpe diem que se escapa de las manos, antes de que podamos saborear las migajas del tiempo. El presente es una despedida perpetua que nos impide gozar de la golosina del instante. Un viento que nos azota sin conocer apenas la caricia. Un viento que arremete contra las escasas fuerzas de la inocencia. La sensación constante de llegar tarde a nuestra propia cita.

Todo el mundo se apunta al carro de la victoria. Aparentemente es más fácil esbozar el garabato de la sonrisa que la curva descendente de la tristeza. Sin embargo, pocos permanecen inalterables cuando huelen la sangre de la derrota. Huyen despavoridos en busca de cualquier refugio. Una cueva en penumbras donde puedan mecerse los naufragios, donde puedan acunarse las horas abatidas, donde duerma plácidamente el inquieto reloj de la nostalgia. A veces, la poesía le da cierto aire de dignidad al fracaso. Para María Sanz, la luz del verso es el único abrigo que encuentra contra la compañía de las sombras. La paz del abandono es la calma después de la tormenta. Es la vida quien juega al escondite con el olvido. Es la forma más cruel de morir.

El amor acampa en el colchón de las emociones con esas ansias de latir a todo trapo en ese fuego abierto en el que se convierte la existencia. Un bocado de soledad nos puede ayudar a entender el mundo desde el equilibrio de la razón. Tan necesario es desabrochar el pecho descubierto, como arrojarnos una bufanda ante el frío de los inviernos. Tan necesario es cerrar los ojos al pasado como dejar de lado el tren del futuro. Sólo nos pertenece la filosofía del instante.

En el abismo del dolor no hay espacio para la dicha. La felicidad se precipitaría hacia un callejón sin fondo y el silencio sonaría más que la propia vida, como el reclamo de un ruiseñor rendido a la ternura invisible de unas alas, como las alas de una ternura incapaz de emprender el vuelo. Como el vuelo de una libertad que busca la prisión de unas cadenas.

Cuando la esperanza se ha lanzado al agua como último recurso de supervivencia, es la vida la que te sorprende, se acerca a tu espalda y, sin palabras, se sienta a tu lado. Te hace compañía como viejos amigos. Cuando la flor deja de temblar en tus manos, el tiempo esboza en tus labios una carcajada infinita antes de la muerte.

La paz del abandono es una sátira ante el egoísmo del ser humano, un mañana que no existe, un cofre del tesoro que hay que gastar en su momento, la herida del recuerdo que ya no vuelve, el retorno de una memoria que duele en el papel, unas piedras que sienten el calor de la historia, un viento que empuja el camino de la soledad.