GUTIÉRREZ, JOSÉ. ISLAS DE CLARIDAD (ANTOLOGÍA POÉTICA)

GUTIÉRREZ, JOSÉ. ISLAS DE CLARIDAD (ANTOLOGÍA POÉTICA)

ISLAS DE CLARIDAD  (Antología poética), José Gutiérrez.

La fuente suena con ese rumor de recuerdos que desciende alocadamente por las caderas del deseo, con esa promesa de frescura que lame el tallo frágil de la nostalgia, con ese mordisco de rutina cuyos dientes aún son visibles en la memoria, con ese batir de alas que anuncia la derrota de un tiempo dormido bajo la almohada cómoda de las palabras, con ese grito de soledad que proclama la victoria de las horas contra ese yo que asoma descaradamente la cabeza, como si uno pudiera vivir para siempre de la sonrisa, como si uno fuera a morir cada vez que la sed beba el agua despierta de la melancolía.

José Gutiérrez se adentra en las sombras de la noche en busca de esa luz capaz de iluminar las calles solitarias de sus cuadernos y el libro hambriento de la existencia bajo la esperanza de que es posible convocar en el verso el rostro de carne que se enfrenta al espejo y la imagen, cargada de cicatrices, que proyecta el cuerpo desafiante de la herida.

Islas de claridad supone un recorrido fiel por el poblado desierto de las estaciones en el que la pérdida adopta el atuendo de unas hojas que danzan juguetonas en el árbol de una mirada. El abrigo del invierno se acomoda a los pies de una chimenea cuyo fuego puede todavía calentarnos las manos y abrigar el fantasma asustado de la ausencia. El destello torpe de una linterna nos empuja irremediablemente hacia el sol de todos los veranos y un paisaje en penumbra se ofrece para descorchar, sin reparos, el aroma inconfundible de la primavera.

La soledad se empequeñece en compañía de unos versos y la duda extiende sus raíces en el tronco moribundo de la verdad. Quien miente no es capaz de habitar su propio mundo. Camina de espaldas al corazón. Y no hay latido más entregado que aquel que se oye cuando uno apoya el oído sobre el pecho.

La vida es una proyección de sombras cegadas, en ocasiones, por la luz. Es un paseo amable por el canto de unos pájaros, por el murmullo amoroso de un río, por unos árboles enredados en sus ramas, por un reloj de arena que se duerme en la retina como esos sueños que desaparecen en cuanto abrimos los ojos, en cuanto la niebla se disipa en el horizonte, sin posibilidad de apresar el latido, salvo tras la máscara falsa del poema. Y, sin embargo, es la fórmula más eficaz para convocar a los fantasmas.

José Gutiérrez es consciente de que callar es tan necesario como el grito. Nos deja el susurro tímido de un pulso que se desmaya en el papel. Intenta apresar en vano el salto de ese instante que se deja contemplar en las pupilas del asombro. Y nos mancha de sol y de sombras. Y nos asombra con la claridad de su palabra.