Alejandro Pérez Guillén | WEB OFICIAL

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HOMENAJE A MI ABUELA. CARPE DIEM

Cuando uno asiste a clases de literatura de los siglos de oro, se fija con detenimiento en el concepto clásico del Carpe diem, disfruta el instante antes de que la belleza de la rosa se marchite para siempre, desaparezca en un abrir y cerrar de ojos. De esta manera se nos escapa de las manos la vida, sin darnos cuenta, con la sensación de que no le hemos sacado el jugo suficiente, de que hemos perdido el tiempo en mirarnos tanto el ombligo que la vista se empaña cada vez que alzamos los ojos hacia el horizonte, se enturbia con una capa de niebla que se disipa con la fuerza irredentora del amor.

El domingo cerró los ojos definitivamente mi abuela y yo quisiera recordarla en plenitud de facultades cuando el niño que ahora escribe estas líneas iba a quedarse a dormir en su casa. (Hace más de un año de su muerte, mas yo pretendo dejar constancia de su gesto de bondad con el fin de compartirlo con mis lectores). Solía hacerlo muy a menudo, bajo el rescoldo de sus palabras y el abrigo de una chimenea que calentaba nuestras almas, daba tintes cromáticos a la realidad en blanco y negro de la infancia. Sobre la pared de la cocina se contempla la cicatriz de un pasado, una marca a modo de desconchón propiciado por el vaivén de una cuna donde el bebé de estas cuartillas jugaba a ser hombre. Entre sus paredes fui creciendo poco a poco, fui consciente de que hay personas en el mundo que anteponen sus deseos al cuidado de sus seres queridos. Por eso no es de extrañar que toda la familia se haya entregado a una sola causa durante su larga convalecencia. No podía ser menos. Y ni una sola queja, salvo el lamento de una existencia que se iba apagando paulatinamente.

Ramona era la persona más bondadosa que he conocido en la vida, sin dobleces, ni segundas intenciones. Y no lo digo porque haya caído rendida a los brazos de las parcas como suele decirse de alguien que abandona la tierra. Tampoco quiero decir con estas palabras que no posea otras virtudes, sino que usaba la bondad como bandera sobre la que descansaban sus principios. Se daba a los demás simplemente porque ésa era su manera de ser, de comportarse en el mundo. Ha vivido siempre para sus hijos y para sus nietos sin una mala palabra nunca como si ese modo de vivir fuera el más correcto. Era una flor con la inocencia intacta, sin ningún atisbo de maldad. Siempre nos enseñó que se puede afrontar la existencia sin necesidad de derribar puertas ajenas, sino tocando con los nudillos la madera de un modo cortés, sin aspavientos ni imposiciones. Nos enseñó a ser buenas personas sin más. A algunos les parecerá poco o pensarán que esta arma es insuficiente para arrostrar las dificultades de la vida, pero yo pienso que ésta fue la mejor enseñanza, pues no busca recompensas materiales, sino que se limita a contentar la conciencia de aquellos que han optado por el buen camino, por sentirse bien con uno mismo. Y toda la familia se siente a gusto de haber tenido a una madre, a una suegra o a una abuela como ella.

Hace unos años se le diagnosticó la enfermedad del Alzheimer y fue perdiendo su equilibrio presente para refugiarse en un pasado donde aún gozaba de vida mi abuelo. Tal vez no quería olvidar a su marido o, al menos, lo tenía más cerca, más a pedir de boca. Mezclaba la actualidad con unos recuerdos que rememoraban el carpe diem, esa época dorada donde mi abuela aparecía como una mujer hermosa.

Ahora nos deja su cuerpo, pero siempre seguirá viva en la memoria de quienes la hemos conocido, de quienes han tenido la fortuna de compartir parte de la vida con ella.

En los últimos meses ha permanecido postrada en la cama y he asistido al sufrimiento de mi madre que día a día subía a ver como estaba. Antes de abrir la zapatería iba a ver a su madre y desayunaba allí con mis tías, después de almorzar iba a verla de nuevo para bañarla o compartir un poco más de tiempo con ella y por la noche también acudía a su encuentro. Era consciente de que le quedaba poco tiempo de vida y quería estar con ella y que ella al mismo tiempo se sintiera acompañada de sus seres queridos. A fe que lo han conseguido, con esa tenacidad que otorga el amor verdadero.

Mis padres, mis tías y mis tíos han hecho lo mismo y no tengo más remedio que proclamar a los cuatro vientos que me siento orgulloso de ellos, que con sus actos me han enseñado mucho más de lo que puedan aportar los libros más sabios. Mi abuela ha muerto con una sonrisa en los labios al comprender que la familia en su ausencia se encuentra más unida que nunca: su último acto de valentía. ¡Viva mi madre y la madre que la parió!

VARGAS ANTÚNEZ, CARMEN. SIN BILLETE DE VUELTA

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VARGAS ANTÚNEZ, CARMEN. SIN BILLETE DE VUELTA

La historia oficial suele venir contada por el pulso firme de los vencedores relegando a un segundo plano o al olvido las vivencias paralelas de los vencidos, de modo que debemos aplaudir con entusiasmo iniciativas como la llevada a cabo por Carmen Vargas Antúnez de relatar la memoria viva de su abuelo, un anarquista que, a pesar del hambre y de la persecución sufrida por los poderosos desde siempre, optó por luchar por el diablo inquieto de la libertad. Sin billete de vuelta es una novela que intenta reconstruir el pasado de un hombre, de una familia y de un pueblo en pos de mejorar su modo de vida, en pos de un mundo donde las ideas sean siempre motivo de enriquecimiento y nunca de disputa, donde las palabras no disparen más balas que un desencuentro en el que prime por encima de todo el respeto.

Salustiano Gutiérrez Baena, un historiador enamorado del pueblo en el que reside, quizás el que más sabe sobre su pasado, nos cuenta en el prólogo la importancia que adquiere la cultura a la hora de no quedarse uno indefenso ante la justicia y ante la vida, el valor exacto que ostenta la dignidad de todo ser humano.

Carmen Vargas Antúnez distribuye su obra en un prefacio donde nos invita a adentrarnos en los sinsabores de su familia, en unos antepasados que recobran su memoria antes de que queden enterrados en el olvido. Una memoria de papel que no pretende rendir cuentas con nadie, sino recuperar ese fondo de la historia escrita bajo el prisma de la derrota. Tras el prefacio, la novela arranca con el mensaje de la huida: Francisco Vargas Casas y Carmen Bancalero Ortiz abandonan sus raíces como un árbol que, en lugar de proporcionarnos sombra, interrumpe la línea imaginaria de unos ojos sin importarnos que siempre ha formado parte del paisaje y hay que arrancarlo de cuajo. Huir es un antídoto eficaz para no caer rendido a los pies de los poderes fácticos, para conservar la libertad de las ideas y conversar con las ideas de la libertad en una sociedad que no admite matices, ni atajos, incapaz de encajar el hecho de que otros muestren una forma distinta de pensar.

Ese salto temporal se detiene en el capítulo segundo donde empiezan a narrarse los acontecimientos ab ovo, desde el inicio donde asistimos al nacimiento de los protagonistas en el seno de una familia humilde, sus primeros años hasta la adolescencia, sumergiéndose de lleno en los acontecimientos que le marcaron para siempre: Los Sucesos de Casas Viejas, allá en el año 33 donde las fuerzas republicanas tomaron represalias contra el hambre de unos anarquistas cuyo único delito fue el poder evocador de la inocencia, el ansia desmedida por contentar sus estómagos.

El miedo lleva a Francisco Vargas Casas a refugiarse en la sierra, en una especie de paraíso de libertad que lo tiene en vilo por la suerte de los que deja en la aldea, por la sensación de derrota que le corroe las entrañas. La supervivencia lejos de los suyos supone una libertad con cadenas que al final decide cambiar por las cadenas de una cárcel. Los golpes encajados por su cuerpo en nada se asemejan a las cicatrices que se le van grabando en el alma. La guerra civil le deja en el paladar un mal sabor de boca, unos puñetazos en la mandíbula que a punto están de tirarlo a la lona.

La familia crece y Francisco se ve obligado a ver el crecimiento de sus hijos de forma intermitente, pues cada cierto tiempo es encarcelado de nuevo. En la cárcel conoce a algunos amigos y uno de ellos le entrega el don más preciado: una libreta y un lápiz que son quemados en el acto en cuanto son descubiertos por los guardias de la prisión. Es evidente que su vida debe ser escrita a fuego lento como una pasión desenfrenada que requiere sus propias pausas.

Una vez libre y bajo la presión asfixiante de la sociedad que lo rodea, ha de tomar la decisión más significativa del momento: se coloca en el punto de partida de la novela al dejar Casas Viejas para emprender un futuro en otro lugar donde el pasado no pese tanto ni sea una carga insoportable. Se trasladan a Villafranco del Guadalquivir donde la familia emprende una nueva vida llena de sudor y sacrificio, pero libre al fin de sentir la soga al cuello en cada paso que dan. Sin embargo, Carmen Bancalero Ortiz, después de numerosas recaídas, no puede superar sus problemas cardíacos y nos deja un ejemplo de lealtad difícil de superar que no está lleno de heroísmos, sino de coraje y abnegación diaria. Los corazones maltrechos por la salud tejen con maestría el mapa desolado de la generosidad, de un amor sin límites que corre de manera inversa al lento latido de la esperanza.

La España franquista desfila por estas líneas hasta que la muerte de Franco simboliza el desembarco de unos ideales que han intentado callar sin éxito durante mucho tiempo y Francisco rumia con nostalgia la vuelta a su aldea natal. Un deseo que se hace realidad con la ayuda de su hijo Jaime, su nuera y su nieta Carmen, una niña inquieta desde la cuna que se convertirá en una esponja que absorberá todo el argumento sentimental de esta novela. Una vuelta que lo impregna de recuerdos y de sensaciones contradictorias en un doble mundo que se intercambian e interponen: la estampa de un pueblo muy distinto del que hace muchos años abandonó por dignidad y por amor a los suyos. Una novela de amor a los demás que nos invita a ser tolerantes, a desnudar las raíces para conocer la planta.

TRONCOSO GONZÁLEZ, ROSARIO. EL EJE IMAGINARIO

EL EJE IMAGINARIO, ROSARIO TRONCOSO GONZÁLEZ

            La tierra, como un árbol anclado bajo las venas de sus raíces, a veces se despereza, agita los brazos, le reclama al hombre su porción de silencio y descose el tiempo. No encuentra otro modo de empezar de nuevo, de enterrar el dolorido recuerdo de sus cadenas. Necesita morir para empezar a escribir unas páginas en blanco. Rosario Troncoso resucita en cada libro con la esperanza de no repetir sus palabras antiguas, de ser diferente en cada línea, sin dejar de ser ella misma, en cada existencia. Y lo consigue en libros como El eje imaginario donde sus sueños la atraviesan de norte a sur, donde la realidad corre, agazapada, de este a oeste como una lanza de luz que alumbra sus entrañas.

            Rosario Troncoso desabrocha la conciencia en un ademán erótico en el que el cuerpo herido cubre las vergüenzas del alma, donde la pluma viaja entre imágenes a La India para retratar la infancia confusa de unos niños. Se disfraza de Momo para comprender que el amor al arte no necesita dividendos, sino un antídoto eficaz para derrotar al inagotable e invencible olvido. En suma, se desnuda en cuerpo y alma sin que por ello deba escandalizar a nadie. Se ríe de sí misma, pues piensa que la tragedia de la vida no sería soportable sin unas gotas de humor. Acude a la ironía y al sarcasmo para denunciar el abismo profundo hacia el que se arroja el ser humano. Se acopla al endecasílabo para consolidar unas formas que mecen con ternura el venero inagotable de sus pensamientos y se desangra en la herida abierta del mundo por cuyas grietas laten unos versos en una estructura tripartita: Fin, Ráfagas de luz y Principio.

            Intuye que el hombre corre tan deprisa que se lanza sin miedo al vacío. Y, por ese motivo, lo llena de alas y de almas, se detiene con un simple gesto, se demora en cualquier circunstancia y no le importa llegar al final del camino. Le causan pavor los bosques, porque teme chocarse de bruces con un fantasma, con el irreconocible fantasma de su propia sombra, de una inocencia mancillada por unos dedos indigestos.

            Reniega de su ego para adentrarse en un nosotros, capaz de denunciar las injusticias cotidianas, el afán de sobrevivir a costa del más débil. No pretende un mundo mejor para ella, sino un mundo más humanizado donde el calor de unas palabras sea suficiente para incendiar una hoguera, para abrigar el frío de unos corazones ateridos por la ausencia, para apagar el fuego del odio.

            La muerte campa a sus anchas en la casa encendida de la existencia con la paciencia infinita del que está acostumbrado a convivir entre las sombras. Morir es ir perdiendo la memoria, apagándose en el silencio del olvido. Vivir consiste en abrir el dolorido cofre donde anidan las abejas del recuerdo. A veces, me indican que estamos vivos. Otras, me alejan del presente.

            Rosario Troncoso huye del amor a la rutina. Persigue la rutina del amor entre aplausos, sabedora de que la sencillez de lo cotidiano es, en definitiva, todo lo que tenemos, todo lo que somos. Amar es un estadio de la locura, es la locura en su estadio más enfermizo. Rosario Troncoso le pide al amor que moje sus alas en la lluvia, pues de esa forma siempre permanecerá a su lado. Se refugia en el paraíso perdido de la infancia, entre las raíces de una esperanza que retoma el aliento de la familia. Respira versos por las aletas del papel. Escribe oxígeno por las narices de las musas que la acompañan, clandestinas, entre las teclas de un ordenador, entre los frágiles sueños de unos pupitres.

            Rosario Troncoso combate la soledad y el silencio a base de arañazos como un gato fiel que saca a relucir sus uñas. Combate a favor de la auténtica poesía, aquella ajena a los ornamentos exagerados, aquella que pinta el alma a trozos, que se enreda entre las palabras como un abrazo descosido. Pretende convivir como una prenda ahorcada por violentas pinzas en un tendedero, con los pies próximos a la tierra y las ilusiones a la distancia de unos brazos extendidos.

            Principio asume la pasión por la vida, la vida de una pasión que renuncia a la luz, si la luz no se encuentra dentro de la geografía del cuerpo amado, se deshace entre caricias y nos deja un sueño de ceniza posado en los dedos. El tiempo muere entre besos furtivos, el mar embiste con las olas del deseo, la marea nos trae a una mujer impetuosa, dispuesta a llevarse los años por delante. Empecemos de nuevo en otro cuerpo, en otra piel, en otros sueños.

            Rosario Troncoso acuna el latido de una niña entre sus brazos para volver a nacer, para volver al principio. Recuerda a su marido que el amor está presente desde siempre, escrito en un post it, maduro en el pecho. En definitiva, la poesía es un recuento de cadáveres que se van quedando en el camino, una marejada de supervivientes que laten más allá de los versos, más allá de la vida.

ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN A ROSARIO TRONCOSO GONZÁLEZ

PREGUNTAS A ROSARIO TRONCOSO GONZÁLEZ

1.- ¿Desde cuándo supo que le había mordido el gusanillo inquieto de la literatura?

 Todos los domingos, cuando era pequeña, mi padre cuando traía la prensa a casa me regalaba un cuento diferente. Tenía una semana por delante para leerlo. Si le demostraba que lo había leído, me daba el siguiente (aunque siempre había un libro nuevo, era la excusa). Ese es mi recuerdo de las lecturas primeras. Escribir, creo que escribo desde siempre. Me hacía mis propios cuentos ilustrados, para distraerme. Y sigo escribiendo para distraerme, evadirme, disfrutar.

2.- ¿Es importante estudiar Filología hispánica para dedicarse a la literatura?

En mi caso no. Soy licenciada en Humanidades. Escribir es una pulsión, una vocación. No creo que unos estudios universitarios concretos tengan nada que ver. Aunque sí que es cierto que los que somos “de letras” tenemos cierta predisposición.

3.- ¿Tienes algún ritual o manía a la hora de escribir?

Antes de ser madre sí. Escribía por las noches. Necesitaba mi lugar, mi tiempo, mi música… ahora aprovecho los momentos en que Helena duerme, o los días robados a la abuela, que cuida de ella, si tengo que hacer “tareas domésticas”. Casi siempre dejo esas tareas para otro día, y me pongo a escribir. Luego se me acumulan las lavadoras…jajaja.

4.- La literatura suele unir a las personas, ¿qué amigos le ha dado la literatura? ¿Algún desencuentro?

¿La literatura o el mundillo que rodea a los “que escriben”? La literatura, en esencia, está construida con trozos del alma de aquellos que la hacen posible. Es desnudarse, es exhibir el universo creativo personal ante los lectores, ante un público más o menos fiel, más o menos numeroso. Es estar en el blanco de las miradas y de críticas de todos los colores…

La literatura jamás ha de convertirse en un campo de batalla donde las obesidades mórbidas de egos desproporcionados pugnen por un trozo del pastel de la gloria y el éxito.  Y de esa índole son todos los desencuentros posibles.

También yo, que soy casi la última en llegar, los he sufrido y los sufro. Lo mejor de todo esto, es que una vez que se ha sufrido llega el aprendizaje más profundo: el reconstruirse y resurgir, mucho más fuertes si cabe.

Amigos, todos. Como tú, Alejandro. Lo bonito de esto es que si alguien te abre su corazón, es para siempre. Si en este mundillo conectas con alguien, será una conexión duradera, de simbiosis absoluta y satisfacción asegurada. Esa es la realidad.

5.- ¿Qué autores no has leído hasta ahora y te gustaría hacerlo?

Ahora estoy descubriendo la poesía africana, de tradición francesa, como la de Léopold Sédar Senghor. Estoy preparando unos textos para una exposición fotográfica con fines benéficos acerca del viaje de una prima mía a Senegal. Ha sido grato descubrir este tipo de poesía. Me gusta investigar y descubrir nuevos autores continuamente, ya que soy “demasiado” inquieta. Tendría el día que tener 25 o 26 horas… me falta tiempo.

6.- ¿Crees en la inspiración?

Absolutamente sí. Llamo a las musas para conversar a diario. Lo malo es que ellas no siempre están dispuestas a charlar un rato conmigo.

7.- En la universidad hiciste unos pinitos en el teatro. Formaste parte del grupo denominado Jarana Teatro o el aula de Teatro de la UCA. ¿Qué nos puede decir de esa experiencia?

Recomendable, muy recomendable. Quien prueba estar dentro de un grupo de teatro, estar en una representación desde “las tripas” de espectáculo, sentir la luz del escenario, pisar el proscenio y volar… se queda enganchado para siempre. Es la verdad más absoluta, y eso que es ficción, que es puro teatro.

Viviría en un teatro, si me dejaran. Haría teatro, si no fuera tan cobarde…

8.- ¿Qué le dirías a los jóvenes de hoy en día para animarlos a leer?

Que lean lo que quieran, lo que les guste, lo que “les ponga”. Que curioseen, que sean inquietos, que le den una oportunidad a los libros, que también se lo merecen. Algo hay siempre, en las páginas de una obra literaria, que logrará atraparlos. Es cuestión de tiempo, cariño y buenos alimentos “literarios”.

9.- ¿Es fácil compaginar la literatura con la familia?

Es totalmente imposible. Sólo tienes que verme las ojeras… y eso que yo no vivo de esto. Trabajar, escribir, tener una familia (y poner lavadoras) no tiene que ser muy bueno para el cutis…ejejeje.

10.- Están de moda los talleres literarios. Sé que has participado en alguno de ellos con autores de prestigio considerable como Pérez-Reverte, Juan Manuel de Prada, Fernando Quiñones… ¿Crees en ellos o el escritor no necesita de estos apoyos?

Depende de la institución que subvencione estos talleres. Yo creo en los talleres sin subvención, por norma. El escritor necesita de apoyos, de todos los apoyos. Y si son morales, mejor.

11.- El periodismo se une al baúl de actividades en las que estás inmersa. ¿Con qué disfrutas más con la literatura o con el periodismo?

Bueno, no vivo de ninguna de las dos actividades. Pero te diría que a veces, no hay diferencias entre ambas disciplinas.

12.- Tu sensibilidad como ser humano te lleva a defender los derechos de las mujeres. ¿En qué momento se encuentran? ¿Queda mucho por alcanzar la cima?

Estamos cerca de la cima, sí. Pero el hecho de que exista esta pregunta, y perdóname, la aleja un poquito.

13.- Huir de los domingos aborda el conflicto de la religiosidad, de la fe no sólo en Dios, sino en los otros. ¿Nos podría apuntar cuáles son sus creencias?

Me he criado en un colegio de monjas. He pasado por todas las fases posibles, del misticismo al ateísmo más radical. El ser madre te arroja los esquemas a la basura. Ahora creo en algo, pero no sé qué es. Pero “todavía no he encontrado lo que estoy buscando” (grandes, U2).

14.- En sus poemas se transmite un mensaje esperanzador: uno se encuentra satisfecho si vive la vida hasta sus últimas consecuencias, independientemente del resultado. ¿Qué riesgos ha tomado para llevar a rajatabla ese espíritu?

Si yo te contara…

Hay que exprimirle el jugo a la vida, sin tener que morir por ello, no hace falta arriesgarse tanto. Sólo hay que saber vivir de la forma más divertida posible (que no siempre es la más cómoda ni la más fácil).

15.- Al margen de los domingos, ¿de qué debemos huir?

De los políticos. Y que conste que tengo muy buenos amigos que lo son, aunque estaré eternamente cabreada con ellos, aunque considero que alguien se tiene que dedicar a resolver nuestros problemas y a aguantar nuestros chaparrones.

16.- En sus versos invita al ser humano a mostrar su propia personalidad, pero parece que la gente tiene miedo a salirse del camino asignado. ¿Tan alto es el precio que hay que pagar?

El miedo a la incertidumbre, a no estar protegidos, a perder la estabilidad o perder la posibilidad de alcanzarla… todos estos factores, sumados, pagarían el precio. Pero lo cómodo es no intentarlo.

17.- Delirios y Mareas hace referencia al punto de locura que hay que mostrar para conseguir los objetivos que uno se propone y a la imagen de la mujer relacionado con las mareas, con sus cambios constantes en su cuerpo y en su mente. ¿Qué locuras has tenido que llevar a cabo para salirte con la tuya?

Todas las corduras más locas.

Todavía no me he salido con la mía del todo. Pero llegará. Hay que seguir insistiendo. Ser poeta y pintar los versos con rimmel suele estar mal visto. No me importa, y no tengo prisa.

18.- En Huir de los domingos te detienes a hacerle un homenaje a tu padre y en Delirios y mareas es tu madre quien aparece en escena. ¿Qué consejo es el que has seguido siempre? ¿Qué papel desempeñan ambos en tu vida?

Sí, porque se lo merecen siempre, todo. Ellos jamás quisieron que yo fuera poeta, ni escritora. Me apoyan en todo, pero quieren mi felicidad, lo mejor para mí y saben que el camino que he escogido me traerá mil quebraderos de cabeza, entre aplauso y aplauso.

19.- Juguetes de Dios esboza el deseo de ser libre, de no ser manejados por nadie. Los seres humanos somos marionetas con ganas de romper los hilos que lo aferran al destino. ¿Realmente ese anhelo se puede alcanzar?

Siempre será un anhelo. He ahí su belleza. Los seres humanos somos incapaces de aprender a ser libres. No sabemos. Siempre estamos atrapados en alguna tela de araña: el amor, el trabajo, el miedo, la edad,…

20.- ¿Qué hay que hacer para rebelarse ante el orden establecido sin quedar como un idiota?

Perder el miedo a quedar como lo que tú dices, como un idiota. El truco es pensar en que siempre son “ellos” los que están desnudos. Son “ellos” los idiotas.

 

ENTREVISTA REALIZADA A ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN POR ALEJANDRA RÍOS MOGUER

1.- ¿Cómo se llega, en tu opinión, a pasar de ser un simple aficionado a las letras a ser un escritor?

No lo sé exactamente, pero me imagino que viviendo la literatura con pasión, leyendo y escribiendo, de tal forma que uno pasa de soñar con ser escritor a verse reflejado en el espejo de un libro como quien desnuda su alma a través de la palabra.

2.- ¿Se puede aprender a escribir de una forma que resulte interesantemente literaria?

El escritor nace y se hace. No es suficiente con tener talento. Hoy en día es igualmente importante mostrar unas cualidades como trabajar duramente en ello.

3.- ¿La escritura es un oficio o un destino, o ambas cosas?

Para mí es una forma de ser que viene intrínsecamente ligada a mi persona. Mi vida no sería la misma si no escribiera, pues surge como una necesidad, como un modo de comportarme sin el cual caminaría cojo por la existencia. No lo concibo en ningún caso como un oficio, ya que no me gano la vida con la poesía.

4.- ¿Sobre qué tema le gustaría escribir en el futuro?

A pesar de que la literatura ya ha abordado todos los temas posibles y la originalidad no deja de ser un sueño inexistente, me gustaría seguir siendo una persona sensible que es capaz de filtrar la realidad a través de la palabra, poner el corazón en cada adjetivo como si mi vida dependiera de la necesidad de sacar hacia afuera lo que uno oculta en su interior. Me gustaría vivir un futuro mejor y encontrarme con ganas de escribirlo.

5.- ¿En qué se inspira para escribir?

En los detalles del día a día, en los pequeños placeres que la vida nos proporciona o en las heridas abiertas que el tiempo y los versos mitigan poco a poco. Sobre algunas ideas apuntadas por otros, pero no analizadas, en alguno de los libros que voy leyendo y que quedan suspendidas en la memoria a la espera de que alguien se sumerja de lleno en sus aguas. Generalmente arranco de episodios vividos en el mundo de la experiencia que a la postre se convierten en poemas. La poesía es para mí arrancarme pedazos de piel y el poema es en suma trocitos de mi alma arropados bajo la mirada curiosa de un lector.

6.- ¿Cuál es su poema favorito y por qué?

No sabría decirte qué poema me gusta más, aunque mentiría si no dijese que con algunos me siento más a gusto que con otros. Esa tarea la dejo en manos del lector.

7.- ¿Qué género le gusta más leer?

Leo fundamentalmente ficción. Me siento cómodo en la narrativa, tanto en las novelas, como en el mundo desolado de los relatos. Y, como no, en la poesía. Depende de la sensibilidad del momento, me pongo a leer o bien prosa o bien poemas. Sin reglas, sin imposiciones. Considero la lectura como una fuente inagotable de placer y mis lecturas responden a mi estado de ánimo. Sin embargo, me decanto por aquellas historias que se centran en la vida cotidiana de la gente, pues no creo en los héroes, sino en personas de carne y hueso que desfilan por la vida y por los Ibros.

8.- ¿Cómo le ha tratado la crítica?

Por ahora bien. No me puedo quejar, aunque todavía estoy aprendiendo, empezando. Ya dirá el tiempo si lo que hago merece la pena o no. De todas formas, mis críticos más auténticos son mis lectores y la opinión que ellos tengan de mis versos es más trascendental que cualquier otra. El escritor vive para comunicarse con los demás, para establecer un diálogo sincero con quien está al otro lado de la línea. El entusiasmo de lectores como tú es lo que me impulsa a seguir adelante.

9.- ¿Qué aprendió de sus libros anteriores?

Aprendí, sobre todo, a darme cuenta de que todavía me queda un recorrido inmenso por andar, a mostrarme crítico con lo que hago, a ser diferente en cada etapa, a que los lectores tienen siempre la última palabra. A ser humilde y ser consciente de que soy un aprendiz que nunca llegará a aprender del todo, a aprenderlo todo. A usar la palabra antes que la fuerza. A callarme para que otros digan qué es lo que piensan. A callarme para escuchar a los demás, pues el que habla nunca aprende y el que escucha siempre tiene la oportunidad de aprender algo más de los otros. A ser consciente de mis limitaciones. A que soy una persona insignificante en un mundo tan intenso, tan inmenso. Y, sin embargo, a veces tengo motivos para sonreír.

10.- ¿Cuál es el siguiente proyecto que tiene en mente?

Como no me gano la vida con mis libros, no tengo prisa a la hora de publicar y sólo escribo cuando considero que tengo algo que decir. Ahora mismo estoy inmerso en la promoción de Matar a Narciso que recorrerá una parte amplia de Andalucía y, sobre todo, Cádiz. Cuento con un relato inédito, 4 poemas y la idea de una novela todavía muy en el aire. Me imagino que escribiré otro poemario, aunque no te lo podría decir con seguridad.

11.- ¿Tiene tics, manías, hábitos extraños u otras características que le definan a la hora de escribir?

No especialmente, aunque, cuando me pongo a escribir, pierdo la noción del tiempo. Los poemas los suelo escribir en un papel y luego los paso al ordenador, mientras que la prosa la escribo directamente en el ordenador. No empiezo a escribir un poema hasta que no tengo claro cuál es el final, pues procuro que terminen con un giro brusco, con una sorpresa.

12.- ¿Qué opina de la lectura hoy en día entre los jóvenes?

La literatura supone un esfuerzo de concentración y de energías que no encaja con los tiempos que corren donde prima la ley del más rápido. Los libros compiten con una multitud de actividades que requieren menor gasto. No se puede pasar de puntillas por las letras, sino que hay que paladearlas. Sin embargo, como con los adultos, quienes leen, leen mucho y quienes no lo hacen, apenas cogen un libro en sus manos. Los libros no deben usarse contra otras actividades de ocio, sino venderlos como una opción más, que nos proporciona un placer infinito. En la medida en que seamos capaces de transmitir este mensaje, en esa medida radicará nuestro éxito.

13.- ¿Qué talento desearía tener?

En este aspecto no soy muy ambicioso. Podría decir que me gustaría ser más guapo, más alto, más inteligente, pero la realidad es que estoy contento con lo que soy. Me gustaría no perder lo que tengo, seguir amando con la misma intensidad con la que me aman. Hacer felices a mi mujer y a mi niño. Conservar mi pequeña dosis de humor, mi sensibilidad hacia las letras, mis amigos y amigas entre las que te incluyo. Solo eso.

14.- ¿Cuál es el tema más raro sobre el que ha escrito?

Soy de los que piensan que la literatura puede abarcar cualquier tema y por esa razón he escrito poemas tan extraños para la lírica como uno sobre fúbol sala, otro de amor sobre los grados del adjetivo y otro sobre los refranes. Esos tres quizás sean los más llamativos.

15.- ¿Con qué personaje histórico se identifica?

No soy de las personas que idolatran a otros. No tengo imágenes a las que adorar. O al menos no son personas que conozca todo el mundo. A mí me impresionan más quienes están a mi lado. Me gusta el deporte y la literatura y, aunque aprecie a muchos escritores y a muchos deportistas, me consuela más sus textos o sus hazañas. Mis héroes quizá estén en mi casa como mi madre, mi padre, mi abuela, mi mujer o mi niño.

16.- ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en un escritor? ¿Y en una persona?

En ambos casos la sinceridad. El escritor debe ser honesto consigo mismo y no defraudará a los lectores y el individuo ha de ir siempre con la verdad por delante. Detesto que me quieran engañar.

17.- ¿Cuáles son sus héroes de la vida real?

Sin darme cuenta he contestado a esta pregunta un poco más arriba, en la pregunta 15. Ahora mismo, mi mujer y mi hijo, quienes aguantan mis manías y con quienes comparto la vida.

18.- ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

No lo sé. Creo que el hecho de ser lo más sincero del mundo conmigo mismo y con los demás puede considerarse como un logro. Vivir la vida sin molestar al de enfrente. Ayudar en la medida de mis posibilidades a los demás. Ser, en definitiva, una persona normal.

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