4. Un yoyó de carne y hueso

4. Un yoyó de carne y hueso

MEMORIA DE PAPEL

Las confesiones de un pecador se quedaron cojas al perderse en el tintero dos palabras subrayadas ahora en negrita que pudieron despistar a mis lectores: «en nombre de la fe se han realizado algunas de las empresas humanitarias más positivas, como la Reconquista y la unificación de España a cargo de los RRCC (pobres judíos)».

No quisiera ser exagerado, pero los hombres se han vuelto a pasar dos pueblos con esas diversiones de adultos que pretenden superar la misma realidad. Recuerdo como mis abuelos usaban la imaginación para engañar al hambre durante sus horas de ocio campando a sus anchas como el mejor reclamo, jugando al olvido con las desgracias y con las penurias. El chollo de una mente despierta los invitaba al placer. El abanico de posibilidades de mis padres era ostensiblemente superior y nosotros hemos llegado a tener prácticamente todo lo que hemos deseado, hasta tal punto que los niños de hoy en día se sumergen en el moderno concepto de la realidad virtual que se queda en pañales debido al sofisticado artefacto inventado por los cubanos y los americanos. A los adultos ya no les satisfacen esos juegos en los que no aparezca el ser humano como protagonista. Los hombres se convierten en marionetas al antojo de los poderosos y las salvajadas humanas se disfrazan de entretenimiento lúdico televisado para el común de los mortales. Se trata simplemente de un yoyó juvenil que oscila entre dos países. Ya lo dije: se han pasado dos pueblos con esos juegos de adultos que pretenden superar la misma realidad.

Mientras tanto, el niño balsero se identifica con esa cuerda muerta a cuyos extremos se colocan dos grupos de individuos que procuran arrastrar a sus contrincantes hacia su terreno. Y yo me pregunto: ¿Quién es el listo que detiene de una vez el vaivén político de ese yoyó que se balancea impunemente por el mundo? No tengo más remedio que poner en entredicho la cabeza pensante de unos hombres que no piensan con la cabeza.