5. Madre para siempre

5. Madre para siempre

MEMORIA DE PAPEL

Deshojo los pétalos diarios de un calendario para cerciorarme concienzudamente de que todas sus hojas recogen la celebración anual de unos principios cívicos y morales que deberían engrosar el equipaje común de los hombres. No existe fecha en el año que no se consagre a un acontecimiento de carácter local, nacional o internacional. De este modo pululan en el horizonte de la hipocresía el día de todos los santos, el día de los trabajadores, el día del libro, el día del sida, el día del padre, el día de la madre… Me viene a colación el refrán que reza: «perro ladrador, poco mordedor» para poner de manifiesto unos hábitos que deberían respetarse durante todos los días del año, sin necesidad de reducirse a la ubicación en un momento determinado. El contenido o significado de una expresión se pierde sustancialmente cuando está en boca de todos, cuando se manosea atendiendo a intereses ajenos o al diablo del oportunismo.

Dios creó al hombre. De su costilla nació la mujer, del afán divino por perpetuar la especie. Y la mujer invitó al hombre a morder la serpiente del fruto prohibido para abrirle los ojos y mostrarle que la vida no es un camino de rosas, sino una lucha sin cuartel por la supervivencia. Posteriormente, Dios quiso entregarnos a su heredero engendrado en el vientre misterioso de la Virgen María que encarna el prototipo humano de las madres, esos seres humanos que se desviven por uno en la sombra, dejándonos vivir. Me resisto a creer en el día de las madres, al tener una madre todos los días. Todos sabemos que la mujer es la única persona que conoce la historia secreta de un niño de nueve meses bajo el trance dolorido y doloroso del parto. A mi madre y a las madres les dedico estos versos:

«La felicidad nos deja sus noches en vela / ante el silencio del llanto. / Historias de pañales, / recopilados en la papelera, / hablan de escritoras / y la mujer proclama / su papel en la historia, / y las madres se refugian / en el vientre de los niños».