9. Violencia Animal

9. Violencia Animal

MEMORIA DE PAPEL

En este mundo salvaje y excesivamente competitivo que nos ha tocado en suerte sin que podamos elegir, la inocencia se siente como un pulpo en un garaje, es tan efímera como la belleza de una rosa que se marchita a los pocos días. En este mundo de pisacuellos y puñaladas traperas por la espalda, la solidaridad es un juguete que salta de rama en rama, que vuela de boca en boca sin manifestar ningún ápice de realidad. En este mundo de egoísmos infundados e individualidades sueltas, el hombre apela a la doble naturaleza que lo alimenta: por un lado, utiliza la sinrazón para razonar y por otro, deja al libre albedrío el instinto animal que anida en cada uno de nosotros. Este generoso abono de la sociedad engendra el caldo de cultivo suficiente para dar cabida a la violencia. Contemplamos con estupor cómo diariamente el animal que llevan dentro estos hombres, etiquetados de cabezas rapadas, neonazis, jóvenes etarras y locos a sueldo de la estupidez, atropella a navajazos, aplasta a bombazos a otros seres humanos con argumentos tan sólidos como llevar una bufanda de otro equipo, como aparecer en el sitio menos oportuno a la hora más crítica, como ser portadores de un rostro que no les gusta, como arrostrar la valentía de unas ideas que no concuerden con la de los asesinos. Sé a ciencia cierta que es más fácil destruir que construir, alentar la guerra que insuflar la paz.

Es más difícil establecer una perfecta correspondencia entre las palabras y los hechos, pero esto no es un motivo válido para dar rienda suelta a pensamientos inhumanos. Luchemos por la vida para que la vida no se convierta en lucha. Amemos con todas nuestras fuerzas para que la muerte no se decida a amarnos. Confiemos en que nadie se escude en excusas cobardes para actuar en nombre de la violencia, en que se empleen las palabras «como hojas volando sin saber adónde y buscando siempre una canción», porque llegará un día en que los pájaros tirarán a las escopetas.