10. Sueños de inmortalidad

10. Sueños de inmortalidad

MEMORIA DE PAPEL

Hay un refrán popular que reza: «Cuando el río suena, agua lleva». Con la mosca detrás de la oreja ando últimamente debido a ciertos rumores que apuntan a la desaparición futura de la revista Caleta, cuando hace unos días se presentó su número 8 en el que Mané trazó la historia de una grata labor cuyo origen se remonta a cinco años atrás —confiando en que sus palabras no portasen el sabor agridulce de la despedida— y Alejandro Luque desmenuzó el corazón de tinta de ese hijo recién engendrado. Ha transcurrido todo un lustro desde que la segunda etapa de esta revista literaria mojara sus pies en la orilla reconfortante de los versos y de la prosa, pero su verdadero nacimiento se alfombra en la España del año 53, cuando el anónimo director de los cuatro primeros números desplegó pliegos sueltos cargados de lírica y enumerados gracias a unos versos de Lope de Vega, cuando José Manuel García Gómez puso todo su empeño en que este romántico proyecto se asentara para siempre en la pluma salada del mar donde las musas manchan las espumosas páginas del olvido con la arena inquietante de los escritores, con los monederos repletos de letras sumergidas en la sal del papel.

Tras el silencio de los años 80, en los 90 los dos poetas nombrados al inicio de esta columna decidieron resucitar este gato de siete vidas que se aferra a la música de las caracolas, a los trinos risueños de las ondas. Todos sabemos que la creación de una revista supone un sinfín de quebraderos de cabeza, un esfuerzo descomunal que revolotea ante las alas de la ilusión, un cansancio acumulado bajo las algas del reconocimiento… Todos estos ingredientes danzan en la olla de los días hasta que las gotas veloces del tiempo se derraman en el bolsillo del orgullo. Espero que Caleta siga rompiendo sus olas ante la mirada curiosa de cualquier lector, que las brumas de las dudas se disipen y que todos podamos tomarnos un trago a la salud de unos hombres que se mueven bajo la sombra de los árboles.