26. Démosle caña a Cañete

26. Démosle caña a Cañete

MEMORIA DE PAPEL

El fin de las Olimpiadas de Sydney trae como consecuencia una tarjeta de regreso que tal vez no pueda catalogarse de fracaso, pero que resulta decepcionante para los españoles.

El coche del deporte nacional lleva puesta la nostalgia de la marcha atrás, al mismo tiempo que otros países de nuestro entorno como Francia, Italia, Holanda… ascienden en el medallero. El plan ADO dio sus frutos en Barcelona 92 con el saldo hasta ahora insuperable de 22 entorchados. Es cierto que jugábamos en casa. También es cierto que en Atlanta alcanzamos la cifra de 17 medallas. Y ahora nos vemos con la mitad de los bolsillos vacíos. Once metales colgados del cuello nos sitúan en el puesto 25 del mundo. Quizá sea esta la posición que nos corresponde, aunque debo pensar que en la ciudad condal se contó con una mejor infraestructura y con el plus patrio que suponía besar el Olimpo desde nuestro país. A partir de entonces hemos caminado dejados de la mano de Dios hasta exprimir al máximo esa herencia perdida en la dejadez de las altas esferas.

Por ese mismo abandono político, los agricultores, ganaderos y transportistas salen a la calle y ponen el grito en el cielo ante la descarada subida de los carburantes. El ministro del ramo afirma que el Gobierno ha cedido a muchas de las peticiones solicitadas con unas medidas, un tanto literarias, más bien barrocas.

Hablan de cantidades exorbitantes que se le escapan a uno de las manos. ¿Pero qué quieren esconder esos números? Responden al recurso estilístico de la perífrasis, es decir, dan un enorme rodeo para decir aquello que podrían haberse dicho con menos palabras. Conservan el vacío de las preguntas sin respuesta. ¿Y sin soluciones? ¿No sería más fácil bajar los precios de la gasolina como pretenden estos trabajadores?

También podemos extraer varias conclusiones positivas. Los peces disfrutarán de unas merecidas vacaciones antes de convertirse en pescados. Los políticos quedarán contentos creyendo que han hecho un buen trabajo y los trabajadores del sector lucharán para que se encuentren soluciones. Sólo falta que le demos caña al señor Cañete.