27. La rutina de la distancia

27. La rutina de la distancia

MEMORIA DE PAPEL

No hay nada mejor que unas merecidas vacaciones cuando mi propio país se encuentra en guerra. Con parecidas palabras parecen identificarse los líderes palestinos e israelíes al viajar hacia Estados Unidos para solucionar los conflictos internos.

Algún ingenuo defenderá la excusa de que los problemas hay que afrontarlos desde el prima objetivo que nos proporciona la distancia y otros más realistas como yo se quedarán con la copia de que los disparos y las matanzas no cruzan el océano. En estas reuniones no pueden faltar los manteles a todo trapo y lujo. No se puede ejercitar la mente sin un ágape que dé energías. Tratan de fumarse la pipa de la paz sin saber con certeza si tienen el suficiente poder o carisma como para que sus seguidores confirmen lo firmado en los pactos.

La tregua alcanzada se convierte en una mala literatura con muy buena prensa y crítica que nos obligan a leer sin que conozcamos esa intrahistoria añeja cincelada por la despreocupación del resto del mundo hasta que el mecanismo humano de esa bomba estalla en nuestras narices.

Prevenir es curar. No mover un dedo por afrontar una delicada situación supone no tener derecho a censurarla luego. Todos hemos asistido a una película cuyo final sabíamos de memoria, de tal modo que las culpas deben repartirse. Idéntico final deparaba la versión yugoslava de esa serie universal que titulamos “desastres internacionales del abandono”. Menos mal que en Yugoslavia han borrado de la esfera política a un tal Milosevic que nada tiene que ver con el delantero que el año pasado participó en la liga española.

Juan Bonilla me tiende un puente simbólico para constatar esta realidad que nos machaca continuamente. En una de sus novelas tejió la acertada expresión de que a la rutina tarde o temprano termina cayéndosele la T. Yo vendría a darle una vuelta a la tortilla para afirmar que la ruina engorda con los gases malolientes de una T que quiere decir simplemente que nos quedamos impasibles ante cualquier hecho que no nos toque un corazón cercano. Nunca escarmentaremos en cuerpo ajeno.