28. Las zonas verdes

28. Las zonas verdes

MEMORIA DE PAPEL

Hay veces en que las neuronas no queman muy bien el petróleo. Tienden a solidarizarse con los transportistas, camioneros o pescadores. En esas ocasiones mis cansados ojos se entregan a la búsqueda de un tema interesante que llevarse a la boca de esta columna. Examinan las noticias vertidas en la prensa y lanzan sus redes sobre los telediarios de las diferentes cadenas con el fin de desmenuzar un pescado fresco en ese juego común del zapin. Los principios de objetividad y neutralidad han pasado a mejor vida. Los canales están excesivamente preocupados en mirarse el ombligo hasta tal punto que no llego a comprender cómo son capaces de abordar asuntos internacionales. En ese análisis superficial de un individuo desesperado por transmitir su opinión, he creído conveniente que dos ideas distintas puedan darse la mano en un gazpacho casi invernal que nos hace más saludable la vida. Agadem y similares asociaciones han disparado sus dardos contra la alcaldesa de la Tacita de Plata. Le echan en cara su despreocupación por las zonas verdes que se encuentran en situación de especie protegida o en peligro de extinción, cuando, al mismo tiempo, otros sectores aplauden la labor de la UCA hasta el extremo de que pretenden incluirlo en el récord guinness. Las zonas verdes de la Universidad, quiero decir la asignatura de sexología, gozan de un prestigio demoledor. Más de seiscientos alumnos ocupan estas parcelas. Los medios han cubierto este evento y lo han calificado de sorprendente.
Los ingleses se han quedado atónitos al conocer estas cifras y han mostrado la delicadeza de hacer acopio de esta realidad en un suplemento educativo del archiconocido diario The Times. Hemos alcanzado la categoría de internacionales y para ese fin no ha hecho falta que dejemos de mirarnos el ombligo.
Otros términos adoptan la categoría de verde. La gama cromática de este concepto abarca a los viejos, a las películas y, entre otros, a los chistes. Sólo cabe confesar que no hay quien entienda este mundo de locos en el que vivimos. Me despido con unos famosos versos que rezan: Verde que te quiero verde.