29. La colilla del tiempo

29. La colilla del tiempo

MEMORIA DE PAPEL

Suelo enfadarme conmigo mismo y con el mundo cuando me doy cuenta de la escasez de reconocimientos públicos a la labor de las grandes personalidades en vida. Contemplo estupefacto la transformación de esas ausencias convertidas en elogios variopintos al yacer en el lecho de la muerte. Como si el fallecimiento de una persona fuese el mayor éxito en vida con el que se topan estos hombres. No inventé este sistema. Posiblemente la hipocresía se lo montó a lo grande y ahora campa a sus anchas en este país del desconocimiento. Algunos, y con razón, dirán que más vale tarde que nunca. Me apunto también a este carro, aunque no quisiera pensar que el admirado Quiñones se hartó de recibir homenajes cuando se supo el alcance de su enfermedad, como si antes de este hecho no fuese ya un escritor como la copa de un pino.

El caso de Alberti fue diferente. La yema de sus dedos conoció el tacto de las estrellas antes de morir. En este sentido la coherencia exige continuar con una tradición cuyas olas tienden a refrescar el eco de sus versos:

Si mi voz muriera en tierra, / llevadla al nivel del mar / y dejadla en la ribera. / Llevadla al nivel del mar / y nombradla capitana / de un blanco bajel de guerra. / ¡Oh mi voz condecorada / con la insignia marinera: / sobre el corazón un ancla, / y sobre el ancla una estrella, / y sobre la estrella el viento, / y sobre el viento la vela!

Mi coherencia ideológica siente el placer de derramar unas palabras de admiración hacia Téllez, un todoterreno de las letras que supo desde niño que quería ser escritor en su veta romántica y periodista en esa visión práctica de traer las lentejas a la casa. En su subconsciente pulula la duda como la conciencia de estar vivo y la nostalgia aparece como el recurso más apropiado para expresar los recuerdos que mastican una manera sutil de vivir dos veces. Recordando esta estampa sólo me queda lanzar una tabla de salvación a ese náufrago que pretende encontrarse consigo mismo y con el que he tenido la fortuna de encontrarme.