30. ¿Abrevadero de submarinos?

30. ¿Abrevadero de submarinos?

MEMORIA DE PAPEL

Las vacas locas empezaron a ponernos locos y a desconfiar de esa soberbia nación que sigue la escondida senda de la perfección imperfecta. La fuerza seductora del poder central asfixia el cuello impotente de aquellos que no pintamos mucho en el panorama exterior. En saco roto han quedado almacenadas las quejas de unos ayuntamientos, ciudadanos y colectivos no gubernamentales que han sufrido en sus propias carnes la pesadilla imberbe del silencio por respuesta.

Nuestro gobierno ve con mejores ojos entrevistarse con su amigo anglosajón que con los humildes alcaldes de las zonas afectadas. La educación suele exigir un trato más amable y la deferencia para con sus habitantes. El asunto del submarino amarillo inglés, en esta ocasión negro, pone de manifiesto la poca influencia que el gobierno español ostenta en el plano internacional. No hay nada tan relajante como bajarse los pantalones ante los españoles sin molestar al vecino de las islas. ¿Qué daño nos puede hacer el arreglo de un submarino nuclear? ¿Qué hay de malo en que los mismos gibraltareños tengan que quedarse con el culo al aire y sin posibilidades de maniobra? Todos estos interrogantes vuelan por el cielo contaminado de un siglo veintiuno que camina a la caza de la ley de la jungla. ¿Acaso nos dibujan el mapa misterioso del futuro como un paso hacia atrás? Algunos creerán que la vida se reduce a un círculo cerrado que cada cierto tiempo devuelve imperios, pero ya lo expresó Bécquer: Volverán las oscuras golondrinas… Ésas no volverán.

No entiendo las ganas de algunos en marear la perdiz cuando todo se simplificaría si se llevaran los trastos a su casa, si no decidieran lavar la ropa en la calle. Con el privilegio de ser los primos de los amos del mundo pretenden abandonar la mierda lejos de sus fronteras para que los malolientes cubos de basura no alcancen jamás las narices limpias de sus paisanos. Y eso a pesar de que siempre quieren meter las narices en todo.

Ahora dicen que las ovejas se están volviendo locas, además llega a mis oídos que este mal se está extendiendo a los cerdos. ¡Qué más me da con tal de que no me quiten el jamón!