Noches lúgubres

Noches lúgubres

Todavía quedan personas que se niegan a creer que la literatura y la vida son dos caras de una misma realidad, la cara y la cruz de una misma moneda. Yo estoy totalmente convencido desde hace muchos años. A estas conclusiones volví cuando mis ojos se posaron en una noticia un tanto macabra: unos desconocidos habían sacado de su tumba los restos mortales de un miembro del grupo especial de operaciones. No tenía suficiente con estar ya muerto a manos de los autores del 11-M en la explosión causada en Leganés, que lo apalearon y lo quemaron ya sin vida. Inmediatamente mi imaginación voló hacia la época de la Ilustración y hacia un libro que había leído hacía bastante tiempo. Los sentimientos de la razón iban abriéndose paso en un escenario anclado bajo la mirada cómplice de la luna, donde José Cadalso impulsó en España las primeras huellas del Prerromanticismo. Noches lúgubres parte de la conciencia real del autor ante la muerte de su amada María Ignacia, ante la soledad y locura del poeta que no asume de la mejor manera su ausencia, ante la amistad del amigo que se acerca al escritor con la esperanza de hacerle compañía en el sufrimiento. La ficción se recrea en tres noches donde el protagonista, movido por el gusanillo inquieto del dolor, hace tratos con un sepulturero llamado Lorenzo para que le ayude a desenterrar un cuerpo en el cementerio en el que trabaja. Auspiciados por la noche, por una atmósfera ya romántica, se encuentran en el sitio convenido y Lorenzo pretende averiguar a qué persona corresponde el cuerpo enterrado: ¿a un padre, a una madre, a un familiar, a un hijo…?

En estas discusiones se hallan cuando dan con la tumba buscada y el miedo se apodera de ambos. Levantan la piedra que cubre la tumba y un hedor insoportable los detiene hasta el punto de que los primeros rayos del día los invitan a dejarlo para otra noche. Al día siguiente el silencio es enturbiado por unas voces y un hombre moribundo cae a los pies de Tediato. La Justicia llega muy pronto y lo llevan a la cárcel como presunto asesino. La tercera noche queda inconclusa. Los deseos de Tediato de desenterrar a su amada y llevársela a su casa para siempre ya no se cumplen. A esta historia me ha conducido la noticia sobre la tumba profanada del agente Francisco Javier Torronteras con la abismal diferencia de que en Cadalso todas las acciones responden a la locura del amor dentro de la ficción, mientras que el desenterramiento del Geo forma parte de la realidad y obedece a la mente despiadada de un loco, al alma negra de un descerebrado. Tediato agarra sus raíces en la palabra Tedio en su última acepción y no tiene más remedio que mostrar gran pesar ante este tipo de acontecimientos. Hay corazones que sostienen a un hombre y hay hombres sin corazón.