La conciencia del maltrato

La conciencia del maltrato

La teoría del ojo por ojo y diente por diente cada día tiene más adeptos en el campo del terrorismo ya sea político, social o doméstico. ¿Terrorismo doméstico? ¡Qué expresión más desacertada para referirse a la violencia del hombre sobre algo que considera que es suyo! Y digo algo porque ni siquiera se contempla por parte de los maltratadores o asesinos la posibilidad de que su mujer pueda llegar al calificativo de alguien. Me parece muy mal enfocada esta designación, pues los hechos a los que se refiere esta etiqueta trascienden el ámbito físico de una casa y se circunscriben al ámbito físico de un cuerpo femenino esté donde esté. Todavía existen hombres que niegan la igualdad del sexo opuesto, todavía hay quienes afirman que el comportamiento salvaje de determinados individuos cuelga de las alas del amor, cuando realmente responde a todo lo contrario. Permítanme que retoque una cita aceptada por muchos. Debemos revisar el reclamo consabido de que hay amores que matan y resolver esta cuestión hacia el mensaje siguiente: Hay amores que mueren y desamores que matan como represalia. Tal vez todo el problema radica en la educación. ¿Estamos preparados para encajar la derrota deportivamente? ¿Por qué experimentamos un horror espantoso hacia una vida nueva? Estamos tan acostumbrados a habitar un mundo de coincidencias y hábitos que cuando nos cambian las preguntas no sabemos qué responder. Nos ponemos a la defensiva y el diálogo brilla por su ausencia. Me traslado al pellejo de una mujer maltratada. ¿Qué sinvivir supone huir continuamente de una sombra que siempre está al acecho?

No hay nada más duro que darte cuenta de que no conoces a la persona con la que has vivido tantos años e ignoras cuál va a ser la respuesta de alguien sumido en la locura o en su pompa de ceguera. A ellos les contesto como le respondieron al personaje de la siguiente historia. Un hombre se sentía profundamente abatido por una desgracia y fue a ver a un amigo psicólogo que le aconsejó que fuera de casa en casa y pidiera un grano de arroz exacto a aquella familia que no hubiera vivido una desgracia simular a la suya. Al personaje afectado le pareció una estupidez la propuesta del psicólogo, pero la llevó a cabo sin muchas esperanzas. Sin embargo, observó que ese simple encargo revestía una dificultad mucho mayor de la que pensaba, puesto que le resultó casi imposible encontrar una sola familia libre de carga, sin un pasado manchado en la desgracia. Al final comprobó que no se puede hacer una montaña de un grano de arroz y empezó un nuevo rumbo en su existencia. A estos asesinos les aconsejo que se miren dentro de sí mismos para comprobar que las montañas no se construyen de la noche a la mañana, sino que se aferren al presente dejando en paz el pasado. Tampoco creo en las medidas drásticas, sino en la aplicación efectiva de una ley dispuesta a castigar con más severidad a quienes la incumplen. Confío en la educación de la conciencia y en la defensa de la mujer por parte de todos, aunque no estoy de acuerdo con la cita con la cual he empezado la columna: ojo por ojo y diente por diente, puesto que es evidente que: matar al ladrón, no cierra la puerta.