Pablo Neruda

Pablo Neruda

La inmortalidad es un asunto que cansa a los mismos dioses, puesto que la rutina tiene más tiempo de hincarles el diente y la falta de incertidumbre acerca de la vida irrumpe de tal forma que se pierde el romanticismo de las ideas y los sueños no tienen tanta urgencia ni protagonismo, pues se tiene toda una existencia por delante. No creo que el hombre aspire a estas pretensiones, aunque es cierto que la memoria de algunos se impone a pesar de estos designios. Asimismo, suele ocurrir el efecto contrario: aquellos mortales que entregan todo su empeño en trascender más allá de su paso por este mundo quedan a veces sepultados bajo las cenizas del olvido y aquellos que enarbolan la bandera humilde del arte siguen latiendo en la mirada curiosa de otros humanos. Éste es el caso de Neftalí Reyes, conocido popularmente por Pablo Neruda. Han pasado ya cien años desde su nacimiento y sus palabras suenan jóvenes en los oídos del pueblo, en el recuerdo de la gente con independencia de su edad y de su sexo, debido a que sus versos se caracterizan por su apego a la realidad. Así confesaba que: el poeta que no sea realista va muerto. El autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada vivió intensamente luchando por el hombre y nunca dudó en tomar partido por aquello que consideraba justo o aquello que se ajustaba a su manera de concebir la vida. Hay quienes piensan de modo equivocado que el artista debe permanecer al margen de la realidad del momento, sin embargo, el poeta ejerce su condición de ser humano y como tal se ve abocado a tomar partido. Sueña con un mundo en el que la palabra desempeña una labor destacada en esta sociedad y sirve para darle sentido y réplica a la sinrazón de algunos.

No es de extrañar, como ya ha ocurrido a lo largo de la historia, que el bando opuesto a sus opiniones trate de borrar su impronta, pero bien es cierto que su huella se ha quedado impresa para siempre y que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Su escritura es apta para todos los públicos por su diversidad y por la capacidad de abordar temas que aparentemente no son nada poéticos como la oda a la alcachofa donde la naturaleza se nutre del don del sentimiento: La alcachofa / de tierno corazón / se vistió de guerrero /… Su escritura se ha impuesto por sus propios méritos y sigue siendo tan fiel que el lector de su época, de mediados de siglo y el lector actual disfrutan con sus poemas. Su escritura se ha levantado por encima de todos los obstáculos que se le han presentado por la senda despiadada de la vida con la estrategia de Hugh Prater: una piedra nunca te irrita a menos que esté en tu camino. Pablo Neruda es un maestro que nos enseña los secretos de la lírica y nos abre los ojos hacia distintas lecturas con esa sencillez aparente que se ajusta a la filosofía de: Sólo cuando el alumno está preparado aparece el maestro. Y uno se muestra receptivo a sus textos aplaudiendo lo que más le gusta del poeta chileno y defendiendo todo lo que no esté conforme a los gustos personales de uno mismo. El tiempo hace milagros y en esta ocasión ha sido capaz de fomentar un veredicto unánime sobre la valía del premio nobel de literatura. Al margen de la ideología personal de Pablo Neruda, todos están de acuerdo al afirmar que la poesía se encuentra de enhorabuena con una figura de este calado. En esta situación tanto comunistas como no comunistas llegan a la conclusión de que: Enamorarse es amar las coincidencias, y amar, enamorarse de las diferencias.