Va por ti, Paco

Va por ti, Paco

¡Queridos lectores!

Debo comenzar estas líneas confesándoles un secreto. Tengo la costumbre de enseñar mis columnas a ciertos amigos para que me ayuden a mejorar en mi cometido y me señalen los defectos que perciben cuando leen mis textos. Permítenme que nombre a uno de ellos. Mi amigo Alonso me dijo en una ocasión que evitara las citas de autores de renombre porque el lector podría llevarse la imagen equivocada de que yo era un pedante que quería demostrar lo mucho que leía y lo mucho que sabía. Nada más lejos de la realidad. También me animaba a que intentara crearlas yo mismo, pues tenía la confianza de que con trabajo y con esfuerzo me saldrían. Me tachaba de persona reflexiva. Yo le daba las gracias por sus sugerencias y por sus consejos y le susurré a modo de confidencia que las citas que empleaba en ningún caso pretendían demostrar mi sabiduría, sino al contrario, pues trataban de ocultar mi ignorancia. Respondían a mi incapacidad para crear mis propias sentencias, a la imposibilidad de generarlas por mí mismo. Mi empeño en esta ocasión camina fiel a los designios de la amistad y conforme a la brújula de mis latidos me lanzo a la intemperie mediante la palabra desnuda.

Como serpiente que no tiene más remedio que arrastrarse por el suelo, el hombre se aferra de ese modo a la vida. El niño se desplaza a gatas hasta que el tiempo le permite erguirse y tropezarse continuamente con todo. La serpiente marca su crecimiento con el cambio de piel. A fin de cuentas no nos diferenciamos demasiado de los animales. El hombre cambia continuamente de chaqueta. Tarde o temprano manda sus principios al traste por conseguir sus objetivos.

Hay quienes no pueden realizar esta elección y nacen condenados por la enfermedad. Luchan más que nadie por la vida, de modo que se merecen a pulso que se hable de ellos. La ataxia de Friedeich es una enfermedad de tipo degenerativa que afecta fundamentalmente al sistema nervioso. Los músculos van perdiendo función hasta que se paralizan. Con el tiempo se produce pérdida de equilibrio y el afectado se siente abocado a vivir en una silla de ruedas. Es una enfermedad progresiva que no tiene tratamiento. La esperanza de vida es muy corta y oscila entre los 30 y 35 años. En mi pueblo hay un joven que sufre esta enfermedad hereditaria y genética. Conozco a su hermana Desirée que me ha puesto al corriente. Por lo visto las mujeres de la familia son las portadoras del gen y los hombres son quienes lo padecen. Quiere que hable de cómo se enfrentan al mundo estos seres indefensos. Tienen dos alternativas: algunos no terminan de aceptar o asumir lo que les pasa y se ven inmersos en el pesimismo y en la depresión. Otros cogen el toro por los cuernos y lo torean a su antojo. Éste es el caso de Paco, aunque no está exento de que la realidad le afecte al carácter y la impotencia se adueñe de su espíritu. Sus padres tuvieron noticia del mal de su hijo hace unos 5 o 6 años cuando los médicos lo detectaron. Supuso un palo brutal para la familia que poco a poco va asumiendo tal impacto. Recuerdo cómo Paco recorría las calles del pueblo montado en una bicicleta haciendo sus travesuras como cualquier chico de su edad. Ahora es el pueblo quien está buscando los medios económicos suficientes para que pueda tener una silla de ruedas que le haga la vida más cómoda. Me río de esa fama espontánea otorgada por aquellos que doran al dios de la caja tonta como la gran divinidad del siglo XXI. Me río porque la fama no viene proclamada por uno mismo, sino que son los demás o nuestros méritos quienes la conceden. Es el pueblo quien aclama a sus héroes y Paco lo es por su pundonor. Maldigo a los homenajes que suenan tras la tapa sorda de una caja de madera. Maldigo a los homenajes que no tienen presente al homenajeado. ¿De qué sirve rendir tributo ante un cadáver? No es más útil entregar las flores en vida. Paco es un héroe que nunca será carne de olvido, sino estampa viva de alguien que lucha por sobrevivir siempre, por sobreponerse ante cualquier circunstancia. Los incrédulos pensarán qué habrá hecho Paco para ascender a la categoría de héroe, aunque la respuesta es bien sencilla. ¿Quién ha luchado tanto por estar entre nosotros como él? Como en la cita bíblica: quien esté libre de pecado que tira la primera piedra, quien haya degustado más la vida, con sus placeres y con sus sinsabores, que levante la mano. Querido Paco, hoy no vengo dispuesto a endulzar la derrota con el recuerdo, sino a proclamar la victoria con el ejemplo. Al fin y al cabo el corazón es un músculo que siente y se encoge a pesar de su grandeza. En fin quería que esta columna tuviera nombre de héroe que convive bajo la sombra, que lucha bajo el anonimato. No tengo más remedio que ofrecértela: va por ti, Paco, en vida.