Paco Malia

Paco Malia

La primera vez que oí hablar de Paco Malia fue cuando me dijeron que vendría a Benalup para asistir a la presentación de una revista cultural llamada Partenón o Ruinas de la palabra que iba a salir a la luz esa misma tarde gracias a la labor de unos cuantos vecinos de la localidad. Me dijeron que se acercarían al pueblo dos escritores con el mismo nombre: un Paco Malia poeta y un Paco Malia cuentista. En mi pueblo natal los conocí y me causaron una grata impresión Dos caras de una misma realidad que respondían a dos personas diferentes, aunque residentes en Barbate. Una escena que encaja perfectamente con el escritor barbateño que el viernes 26 de noviembre tuvo la osadía de presentar ante el público de sus amores dos libros al mismo tiempo. Se acordaba de mí y me invitaba a la presentación múltiple de sus libros en un aforo de unas cien personas que por nada del mundo estaban dispuestas a perderse el evento. No sabía si era capaz de reconocerlo, pues hacía unos cuantos años desde la última vez que lo vi, pero su silueta era inconfundible. Una incipiente barriga, una entrada abierta a sus ideas justo encima de su frente y un bigotito parlante más tímido de lo que uno se puede imaginar. Un amigo actor no paraba de recordarnos su fisonomía a través de unos gestos. Empezó el acto y se contemplaba a un Paco tan emocionado que las palabras se le atragantaban en la garganta, indispuestas a seguir el rumbo establecido. Se rebelaban ante un público entregado de antemano y ante la cara atónita del autor. Paco Malia tiene un verbo rebelde capaz de seguir el dictado de una pluma juguetona, pero incapaz de ajustarse a unas directrices orales.

Los contertulios llegaron a decir los secretos a voces del escritor que en el papel se transforma en un dragón de múltiples rostros. Los dos libros recogían una colección de relatos compuestos durante unos largos años. Unos relatos que habían superado la prueba del tiempo, único juez insensible dotado del poder suficiente como para tildarlos de una calidad indiscutible. Unos relatos que se defendían por sí mismos sin que nadie tuviera que ensalzarlos. Unos relatos que mostraban al público los distintos Pacos que habían pasado por sus páginas. Por suerte uno no siempre es el mismo. Hay tantas caras como relatos con la ventaja añadida de que así es imposible caer en brazos de la monotonía. Paco Malia jamás podrá aburrirnos. Jamás saldrá de la realidad salvo para anunciarnos el entramado mundo interior del hombre, salvo para desnudarse ante cualquier mirada atenta. Es tan tímido que se desviste ante nuestros ojos. Vive en una eterna paradoja. Juega con el subconsciente, con el inquieto peluche de la imaginación que duerme cada noche junto a su almohada. Es un psicólogo de las palabras que acuden a la cita de su psiquiatra, que huyen por la calle estrecha del olvido para ser recordadas, que tuercen a la izquierda del sueño para esquivar el mundo de la razón. Es un órdago a las directrices impuestas por la lógica que siempre sale perdiendo, que nunca descubre el engaño. Los relatos de Paco Malia tienen todo esto y un poco más. Derrama a borbotones el ingrediente más esencial de la literatura: el humor. Y nos enseña que esa hache no es muda, sino que habla hasta por los codos. Suena a carcajada cada vez que nos adentramos en sus textos.