El lenguaje machista II

El lenguaje machista II

El lenguaje es tan machista como el hombre, pues en sus orígenes él se encargó de crearlo y modelarlo a su antojo siguiendo los cánones de una sociedad nada feminista. No creo que existiera ninguna mujer que tuviera voz y voto en estas decisiones. El hombre es un señor de los pies a la cabeza desde que nace hasta que llega el momento de su muerte. La mujer soltera sólo puede aspirar al tratamiento de señorita y no alcanza el estatus de señora hasta que no queda al amparo de un hombre cuando se casa. Las expresiones populares vienen a confirmar mis primeras palabras. Quienes se quejan del género de algunos vocablos deberían atender más al sentido machista de las partes sensibles de cada persona. Cuando algo no nos gusta se califica de coñazo. Es la mujer la que debería poner el grito en el cielo para erradicar primero el uso de unos calificativos poco decorosos y, en segundo lugar y no menos importante, que se le siga dando ese valor descalificativo. En cambio, en una noche de diversión y disfrute les comentamos a los amigos que nos lo hemos pasado cojonudamente.

Y ya no digamos con el poco decoro con el que nos muestran su alegría determinados seres humanos: Ha sido una fiesta del carajo. En una balanza de dos extremos opuestos, en el lado positivo se encuentran las palabras cojonudo, carajo… y en el bando negativo acuden coñazo, … Somos muy mal hablados y la mujer sale perjudicada. Hay más daño en el sentido de estas expresiones que en todos aquellos usos del lenguaje que abordan el género masculino. Tenemos tantas partes pudendas en la boca continuamente que es posible que nos ahoguemos en algún momento. Lo que sí está claro es que el hombre nunca sale perjudicado, mientras que la mujer siempre es descalificada. En este sentido es donde debería incidir la sociedad para aplacar el tono discriminatorio del género humano. Éstas serían las reivindicaciones naturales de la mujer para de un plumazo barrer los escombros del machismo.