Don Carnal y Doña Cuaresma

Don Carnal y Doña Cuaresma

En el libro del buen amor aparece la disputa de don Carnal y doña Cuaresma como imagen medieval del carnaval que en sus diferentes acepciones vemos hoy en día. Sus orígenes son tan remotos como inciertos, aunque se asocian a fiestas paganas en las que el pueblo rinde tributo a sus dioses: las bacanales en honor del dios Baco y las saturnales a favor de Saturno, junto a otros ritos de origen egipcio parecidos, señalan los primeros pasos de esta celebración que con el tiempo adoptó tintes cristianos para perderlos de nuevo tal y como ocurre en la actualidad. La prohibición de comer carne durante los cuarenta días de la cuaresma abrían el apetito a una fiesta de carácter popular repleta de alimentos y bebidas para adecuar el cuerpo a una tradición cristiana que censuraba la actitud de don Carnal. En Cádiz el carnaval se desliza más por la ironía y el juego que por la ostentación de los disfraces. Tienen cabida en sus lances la risa fácil de las chirigotas y los cuartetos, la musicalidad sublime de los coros y la seriedad lacrimosa de las comparsas. Un mapa de claroscuros que se esfuerzan en dirimir el combate imaginario y real entre Don Carnal y doña Cuaresma. En este escenario en el que el placer del disfrute le ha ido ganando terreno a los motivos religiosos se concibe la ofensa como parte de la obra.

Aparecen personas de fama nacional e instituciones cristianas que se sienten ofendidas por el contenido de algunas letras como si no entendieran el papel tragicómico de la fiesta en el que nadie se encuentra a salvo. Los famosos, los políticos y la actualidad saltan a la palestra como un noticiario cantado que nos recuerda la voz sonora de los juglares. Es una lástima que las agrupaciones se hayan profesionalizado tanto, pues le quita a la fiesta el aire de espontaneidad y naturalidad que siempre ha portado como estandarte. Tal vez haya ganado en calidad, pero debemos tener los ojos bien abiertos para deducir si el dinero tiene mayor peso específico del que debiera. Quien esté libre de la crítica que tire la primera piedra. Quien esté a salvo de don Carnal que arroje la primera palabra. Quien esté bajo la sombra de doña Cuaresma que confiese sus pecados. Sólo hay una manera de dirimirlos: la conciencia de haberlos cometido.