La verdad

La verdad

Ya estamos de nuevo con el lema repetido de si la botella está medio llena o medio vacía. Cada cual interpreta la misma realidad como si la noticia fuese totalmente distinta, de modo que podemos llegar a la conclusión de que la verdad no existe. El hombre es mentiroso por naturaleza. Tenemos la manía de ponernos en contra del enemigo siempre, a pesar de que sus ideas no siempre van a ser malas. El referéndum español sobre la aceptación de la constitución europea por parte de los españoles se ha saldado con una repuesta bien diferente según el partido político que hace balance. Para el PSOE ha sido magnífico que el pueblo español haya entendido la importancia de sentirnos europeos, mientras que el PP realiza una lectura crítica de todo este asunto. Lo cierto es que nos interesa montarnos en el vagón de este tren. Sin embargo, la rivalidad de partidos es una costumbre tonta de dar a entender que tenemos nuestras propias ideas.

La coincidencia de pareceres es un reclamo tan valioso que no nos lo podemos permitir. Encuentro cierto paralelismo entre la riña de partidos que velan los intereses de una nación y una historia de Jorge Bucay sobre la verdad que era una joven muy hermosa, tan hermosa que cualquier ser humano caía rendido en sus brazos nada más mirarla, pero era también muy esquiva. Un hombre impresionado por esta historia empieza a recorrer medio mundo detrás de la verdad, aunque todos le contestan que, o no la conocen o, si estuvo por esas tierras, ya se marchó. Hasta el Polo Norte llega persiguiendo la estela de sus pasos y en una cueva se tropieza con una viejecita a la que le pregunta si sabe dónde está la verdad. La anciana, ajada por el paso del tiempo, le responde sin un atisbo de ternura: La verdad soy yo, pero no se lo digas a nadie. Si alguien te pregunta por mí, dile que soy hermosa y joven. Estas elecciones nos enseñan que la verdad miente a veces y cuando la verdad te miente de esta manera, nuestra única vía de escape es el cuento.