Luisisto, un ejemplo a seguir

Luisisto, un ejemplo a seguir

Las personas se definen por lo que dicen y por lo que hacen, pero también por lo que callan y por lo que dejan de hacer. La sociedad de hoy en día comprende con mayor facilidad dos posturas diferenciadas: la de aquellos que no alzan la voz ni siquiera para quejarse por el afán de no molestar a nadie y la de quienes defienden con uñas y dientes y de una forma totalmente ciega una postura que tal vez no es la que realmente sienten, aunque sí es la actitud por la cual se decanta la mayoría. El mundo en el que vivimos no ha aprendido a encajar como boxeador experto los golpes de la gente que se distingue por una personalidad bien marcada, sino que al contrario sufre el temor de los que no se atreven a ser ellos mismos. El miedo te hace actuar siempre a la defensiva, te impide llegar más allá de tu campo de acción, pues no hay más ciego que el que no quiere ver. A las personas con decidida voluntad se les achaca la conciencia de que les pierde el carácter, aunque cada vez estoy más conforme con la idea de que más bien que perder les gana la valentía. Ojalá haya más gente capaz de decir lo que quiere sin importarle las trabas que pueda encontrarse por el camino. Comprendo que la vida no es un camino de rosas para casi nadie, aunque quizá algunos sienten que todo lo que han logrado les ha costado un precio demasiado alto.

Yo quiero pensar que la recompensa a todo ese esfuerzo ha merecido la pena, que las ansias por llevar las riendas de su propio destino siempre salen baratas. Ser uno mismo no tiene parangón con nada ni con nadie. Luis Miguel Guillén Fernández, alias Luisito, como toda persona que se precie, cuenta con amigos y con detractores, mas siempre ha sido fiel a sí mismo. Un apodo que le viene bien por el espíritu joven que atesora y sabe a poco por el corazón tan enorme que encierran sus letras. Nunca se ha engañado. Nunca se ha traicionado. Nunca ha sabido callarse ante las injusticias y quienes no le conocen a fondo siempre le recuerdan este episodio como una manera de perder los papeles cuando la verdad es bien distinta: nunca ha jugado a ser otro y nunca se ha molestado en agradar a quien no le gusta. Se ha mostrado tal como es con sus virtudes y sus defectos con el riesgo de que los demás acentúen su lado negativo. Se ha abierto de par en par, se ha lanzado al exterior a pecho descubierto y se ha mostrado tan vulnerable que sólo los ignorantes lo han visto como un defecto. Es una persona que da más de lo que tiene, que se entrega en cuerpo y alma a las causas que considera dignas y ataca todo aquello que no le parece razonable. Usa el corazón para pensar con la cabeza. Así es Luis: un hombre enamorado del amor y de sus pasiones. Más crítico consigo mismo que con los demás.

Todos lo hemos visto siempre con un balón en los pies, pero pocos han vivido el calvario para él y para su familia de dos lesiones de tibia y peroné que le han imposibilitado para jugar al fútbol sala durante prácticamente dos años, que le ha dejado en el paro y desamparado. Quienes opinen que está un poco loco por seguir practicando este deporte pueden estar en lo cierto. Aunque no hay mayor locura que estar cuerdo todo el tiempo o mayor cordura que estar loco de vez en cuando. Sin embargo, Luis prefiere correr el riesgo de mostrar fidelidad continua a sus deseos, ser coherente dentro de la incoherencia.

La máxima de Mens sana in corpore sano se completa con su afición al carnaval, a las letras de las comparsas fundamentalmente. Esta fiesta popular gaditana pone de manifiesto el compromiso ante la vida que Luis está dispuesto a llevar a cabo. Su alma esboza una bandera tricolor: verde, blanca y roja. Con el rojo muestra la pasión que siente por las cosas que verdaderamente tienen importancia en su existencia. Con el blanco da a entender que el pañuelo de las despedidas nunca canta el himno de un para siempre. Con el verde le enseña los dientes a la esperanza, a la ilusión que todo ser humano debe poner sobre el tapete de su propia vida. Una bandera que porta los colores de su Casas Viejas de siempre.

Luis es una persona que se mueve por medio de afectos sinceros, de un amor desbocado hacia su mujer y su hijo que forman parte de sí mismo como el caparazón de una tortuga a la propia tortuga, con la salvedad de que el caparazón se identifica con él y su cuerpo y también su alma corresponden a Rocío y a Alberto.

En sus ratos libres se decanta por la pintura donde las imágenes y las letras se conjugan en un universo particular dándole colorido a su corazón como un arcoiris permanente de sensaciones y de sentimientos. Espero haber hecho un boceto aproximado de Luis en estas palabras, sin que éstas desdigan a la persona.