Estudiantes

Estudiantes

En Benalup-Casas Viejas el calendario de las vacaciones viene marcado por el final de la feria. Los estudiantes se relajan de los exámenes de junio hasta las celebraciones de Santiago y Santa Ana donde se da fin al descanso definitivamente tras varios días de fiesta. Cuando el rescoldo de la resaca aún sigue con vida, los universitarios vuelven al tajo para dar la campanada en septiembre. El cerebro está todavía demasiado espeso como para pensar con nitidez y los agobios saltan a la palestra como un resorte. Hoy quisiera ponerme en el lugar de esos trabajadores sin remuneración que esculpen su futuro a golpe de codo contra un escritorio. La ansiedad les pierde en los primeros instantes y poco a poco se van sumergiendo en los temarios como expertos submarinistas. Van asimilando las materias y van calando hondo las primeras lágrimas de impotencia.

¿Por qué no me puse a estudiar antes? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo descansar relajado y quitarme de la cabeza el fantasma obsesivo de los apuntes? Los estudiantes no tienen ángeles de la guarda, sino inquietos diablillos que constantemente repiten el eco de una fecha cada vez más próxima. Sufren el tiempo como eslabones de una cadena que apenas les deja respirar, pero en el fondo desarrollan el intelecto. Son conscientes de que se les ha abierto los ojos a la vida y se sienten distintos. Tal vez ese esfuerzo no responda a los principios planteados en primer lugar, aunque es cierto que otorga un grado de madurez inexistente hasta entonces. Enfrentarnos a los exámenes nos convierte en adultos a una velocidad de vértigo. Enlaza nuestros derechos con las obligaciones en un mundo en el que las responsabilidades han pasado a ser en líneas generales una palabra hueca, sin sentido, tan enorme que poca gente se atreve a hacerle frente. Si se aprueba, la sonrisa del sacrificio nos empuja a seguir adelante. Si nos llevamos el estigma del suspenso, habrá merecido la pena saber que la vida no se resume en unos apuntes. Apuntemos siempre alto. Ya habrá tiempo de caer rodando por el suelo.