ABAD, MERCEDES. EL VECINO DE ABAJO (2007)

ABAD, MERCEDES. EL VECINO DE ABAJO (2007)

Para arruinarnos el alma a veces es suficiente un débil empujón, un tropiezo inesperado o el cambio de rumbo del viento. No es necesario que se acumulen ingentes catástrofes para dar rienda suelta al diablo que de forma latente anida en nuestro interior.

La protagonista de El vecino de abajo asiste a una catarsis tan profunda a lo largo de la novela que parece no ser la misma, sino que comprende que la orfandad de la hipocresía le trae consigo mejores dividendos que la bondad. Aparece en escena como una persona inocente y buena, llena de remordimientos, incapaz de romper un plato a pesar de caminar sobre vajillas a cada instante. El viento, en nombre de las distintas adversidades que ha sufrido (Su madre se decanta por su hermana que a la vez le ha robado el marido…), no deja de darle bofetadas a cada paso. Y, sin embargo, lleva una vida anodina, anclada en el anonimato, hasta que sale a flote el lado oscuro de su alma en cuanto empiezan las obras en la vivienda de abajo.

El vecino de abajo desnuda las miserias del ser humano arrancándonos una carcajada que, si la analizamos con detenimiento en un espejo, es tan sólo una mueca triste y desencajada que nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos. Mercedes Abad nunca pierde la sonrisa y, gracias a ella, pone en solfa el comportamiento de unos individuos que no se alejan de la realidad, a pesar de brotar a borbotones de la imaginación. Imaginemos un mundo tan fantástico que, sin darnos cuenta, se parece exageradamente al nuestro.