ABAD, MERCEDES. FELICIDADES CONYUGALES (1989)

ABAD, MERCEDES. FELICIDADES CONYUGALES (1989)

Si en unos de los cuentos de Ligeros libertinajes sabáticos una improvisada agente inmobiliaria abandona sin más sus funciones laborales seducida por los brazos desnudos del deseo, Felicidades conyugales arranca con una historia de similares características donde la venta se lleva a buen término y la seducción queda anulada por un pasado turbio sin más respuestas que una nota de misterio salpicada por dosis ingentes de humor. El inocente “Érase” de los cuentos tradicionales irrumpe con fuerza en este relato con el fin de provocar el juego con el lector que cada vez más se siente involucrado en el laberinto narrativo de los personajes. No es un sujeto pasivo, sino que continuamente el narrador apela a sus posibles lectores en lo que supone un rapto sutil de ironía.

La distancia con el lector es tan mínima que éste a veces puede sentirse como un personaje o como un narrador capaz de llevar el hilo de la historia al terreno que más le convenga. Es un espejismo donde la sonrisa se dibuja a grandes trazos sin necesidad de buscar la risa fácil. Un humor inteligente que deja alerta al lector, que reclama su atención desde las primeras líneas hasta el colofón final.

Felicidades conyugales es un libro de trece relatos donde la autora da un paso más con unas historias más complejas sin que haya mayor dificultad a la hora de la lectura, donde el abanico de géneros se amplía desde la tragedia de los personajes hasta la comedia de enredos con una prosa ágilmente rápida y rápidamente ágil. No busca el retrato, sino una etopeya donde la conciencia se enreda con los conflictos internos.

Felicidades conyugales es un alegato al diálogo en un contexto de soledad donde la incomunicación recorre el puente del absurdo y el mundo de la lógica y de las matemáticas tiene cabida, pues la literatura se hace tan flexible que puede albergar de forma natural otros mundos. Y en esos mundos se entretiene Mercedes Abad hasta terminar con un relato donde el tema de la literatura aparece en escena para conseguir, si no la felicidad, el sueño de darse a los lectores sin que éstos perezcan en el intento.