ABAD, MERCEDES. LIGEROS LIBERTINAJES SABÁTICOS (1986)

ABAD, MERCEDES. LIGEROS LIBERTINAJES SABÁTICOS (1986)

Cuando se pusieron en contacto conmigo para saber si estaba dispuesto a presentar a Mercedes Abad, tan sólo conocía su libro Ligeros libertinajes sabáticos que había leído hacía mucho tiempo en esa época en la que el estudiante vive al borde de la miseria y del abismo, pero me las ingeniaba para concentrarme en el mundo de la literatura comprando esos libros, compañeros inseparables de la prensa escrita, que se vendían a un precio más asequible y se ajustaban a mi bolsillo. A partir de entonces he encontrado una diversión como cualquier otra consistente en devorar libros y libros de la autora y he llegado a la conclusión de que en su primera obra ya convivía en ciernes todo el muestrario de su estilo: desde el afán de sacar a la palestra el imaginario mundo de la mitología para ponerla a los pies de sus personajes hasta los guiños despiadados e hilarantes hacia el lector como un juego triangular donde la denuncia se escapa por los bordes de las palabras por medio de un sentido del humor que resta dramatismo a la realidad sin quitarle su grado de tragedia.

Ligeros libertinajes sabáticos encierra diez historias tan redondas como rotundas en las que la realidad a veces se pierde entre los pliegues de la imaginación tan desbordante y verosímil que abraza el absurdo. El fragmento brota como visión de la totalidad y la frontera entre la ficción y la vida en ocasiones es tan borrosa como el recuerdo de la infancia que uno va reconstruyendo con el tiempo según le vengan dadas, según las ganas que tenga de afrontar la existencia o vivir la literatura. En ese entramado de cruces entre la imaginación y la cotidianidad, la metaliteratura es un recurso que sirve para poner a las claras la proximidad existente entre un sueño hecho real y la propia realidad disfrazada de sueño, es un reclamo que busca la complicidad con el lector de forma natural sin situaciones forzadas, tiende a arrancarnos interrogantes sobre la vida y la literatura con el fin de conmover nuestros cimientos, un rico ritmo interior que nos atrapa sin que nos demos cuenta.

El erotismo adopta el atuendo de las sugerencias y es el lector (Mercedes Abad tiene una fe ciega en la inteligencia de los lectores) quien reconstruye en su imaginación las piezas que le hacen falta a ese rompecabezas para convertirse en un método de supervivencia. De manera consciente le faltan unas migas de pan que el lector avezado sabe encajar a la primera. En otras ocasiones el erotismo se hace tan explícito que nos vemos en la obligación de negarlo. La gastronomía es una forma más de abordar los preliminares, de excitar los ojos con las letras que contemplan, de oler la atmósfera de una carne en su punto, de darle sentido al tacto de unas sensaciones que a borbotones huyen de nuestra conciencia y degustar el goce de las palabras.

El amor y la muerte campan a sus anchas en el laberinto impetuoso del relato hasta tal punto de hacer las veces de cara y cruz de una moneda. Eros y Tanatos llevan tanto tiempo conociéndose que se dan la mano como viejos amigos: el mayor disfrute de la vida es la muerte y la muerte goza de una vida excitante.

En definitiva, en Ligeros libertinajes sabáticos el humor, a veces, nada tiene que ver con la sonrisa vertical y en otras ocasiones parece confundirse.