CARVAJAL, ANTONIO. CASI UNA FANTASÍA (1963)

CARVAJAL, ANTONIO. CASI UNA FANTASÍA (1963)

El poema se convierte en una pieza musical que se abre con un preludio donde la luz del amanecer interpreta la sinfonía de la lírica, una sonata de aves donde la naturaleza se funde con la vida, donde el hombre derrama ese ser racional que lo distingue sobre el goce supremo de los sentidos. La vega con sus pájaros cantores y con el olor de su flora muestra una caligrafía poética que se aproxima a la verdad de Antonio Carvajal. Tras el preludio se erige el tema de su poesía: unas ganas de vivir que le hace tener en todo momento los ojos muy abiertos.

Casi una fantasía recurre a la música de la palabra y de las aves para abrir la flor de la vida, con pétalos llorosos por el rocío y espinas que supuran la cicatriz del tiempo. Un pasado que navega por el espejo de la conciencia y una muerte rescatada a la vida gracias a la ingeniería del verso. El mundo de la poesía es fiel reflejo de la existencia y nos muestra ese paisaje libre con sus luces y con sus sombras donde la paradoja no es más que un modo cotidiano de aceptar la realidad.

En el canto del vencejo aparecen voces jóvenes y antiguas que van despejando el camino y que tienen en común la buena literatura. Entre los elementos de un bucolismo encerrado en la vega granadina se oye un mensaje repetido: vive y no te enredes innecesariamente entre las zarzas de las ilusiones que anden más allá de un presente efectivo. Canta sin descanso antes de que el vacío vista de gala al olvido, enseñe de mala manera la herida. El hombre, en su peregrinar del campo a la ciudad, abandona la inocencia, se refugia entre los barrotes de unos sextetos endecasílabos y se queda con las manos llenas de recuerdos. Al asomarse a la poesía de Antonio Carvajal uno no tiene más remedio que sacudirse los recuerdos sin importarle dónde han ido a parar sus esqueletos. El poeta vive intensamente la herida y canta sus placeres.