CARVAJAL, ANTONIO. TIGRES EN EL JARDÍN (1968)

CARVAJAL, ANTONIO. TIGRES EN EL JARDÍN (1968)

Retablo con imágenes de arcángeles

Del mismo modo que el arcángel san Gabriel le anuncia a la virgen la llegada de Jesús, Tigres en el jardín arranca en un marco celestial donde un ángel sin nombre nos enseña el pecado de la carne, con un locus amoenus donde el amor desprende olor de flores y rumor de pájaros.

La noche duerme con los ojos muy abiertos sin perder detalle entre las menudencias de la vida. Antonio, en el espejo del vino se divisan tus palabras, se ahoga una voz tan grácil que se cuela en el verso. La palabra se siente tan sola que es el lector quien le ofrece compañía, quien sostiene el alma de la ausencia como un eco en la distancia apresado en la cercanía del recuerdo. La pasión nos coloca dos olas que se abren como párpados que nos ciegan, que se cierran como olas que nos queman la vista. El tacto se deshace entre los dedos de la carne y se asoma el poeta para decirnos que su canto no procede del cielo, sino que es tan humano como sus pies en la arena: No un arcángel del cielo, sino un hombre en la tierra.

Naturaleza ofrecida

Antonio Carvajal pinta una oda al sol que se puede entender como un canto a la plenitud de la vida, como un cíclope de luz que se rinde a la cadencia del barro, como una caligrafía de fuego impresa en nuestra alma, como una serpiente de agua que corre sin detenerse imitando al tiempo, como un amanecer a todo cuya brisa susurra el silencio de la naturaleza. 

Poemas de Valparaíso

En el poema “Clima” la caída desbocada del tiempo se aferra a lomos del encabalgamiento y el vértigo de la vida corre deprisa por los cauces del asíndeton sin un punto que llevarse a la boca en una versificación tan libre que la pluma se aleja del soneto alejandrino y parece consumar su vuelo de esencias. El perfume del recuerdo viene a la memoria desarmándonos y uno no tiene más remedio que enfundar el arma de la palabra para combatir la herida, para reproducir la huella.

El sol sale a relucir como símbolo de nacimiento, como principio de un día que es la vida y nos mira con la arrogancia de la pasión, de quien aún le queda todo un mundo por delante, todo un sueño por desnudar, un cuerpo entero por amar. Poemas de Valparaíso es una manera eficaz de recuperar la nostalgia del pasado en una infancia que corre bajo el arrullo del sacromonte granadino.

Oda sobre tres luces diferentes

El sol es esa mano que detiene el camino de la muerte y el agua, esa sonrisa que se pierde entre los pliegues de la tierra, entre los retales de nuestra alma.