CINTADO, JULIO. CON EL ALMA MOJADA

CINTADO, JULIO. CON EL ALMA MOJADA

La mayoría de los primeros lectores nace a la literatura a través de los versos de Gustavo Adolfo Bécquer, a través de esa sensibilidad amorosa que coincide con la faceta pasional de los jóvenes. En contadas ocasiones esa mayoría lectora profundiza en la labor poética del romanticismo, en el mundo interior del poeta que lucha contra sus propios fantasmas, contra el diablillo inquieto de un folio en blanco. La lírica de Bécquer esboza el quehacer literario de un hombre que sabe a ciencia cierta que los pensamientos no siempre encuentran el molde apropiado para ser vertidos. Ese cerebro poblado de ideas hierve a tal presión que necesita el caldo de cultivo de un poema para salir a la calle. Sin embargo, el hombre en su imperfección pierde matices cada vez que se aferra a su único salvavidas: la palabra, pues nunca traduce fielmente el universo personal que habita la mente de cualquier ser humano. Julio Cintado juega con los conceptos tradicionales de la lírica, con la concepción idealista de la poesía promovida por los románticos. Confiesa ese miedo a no ser capaz de dar forma a las ideas que pululan en su interior: No escribo para llenar de palabras un papel en blanco. / Escribo para dejar en blanco una mente llena de palabras.

Julio Cintado crea una visión lúdica del génesis bíblico donde la luna y el sol consumen la pasión de la luz, donde el amor es aquello que permanece después del fuego, ceniza hecha carne que devora el poco aliento que nos queda, donde la lágrima del ser humano es gota de rocío que confunde el mar con el cielo, donde la creación del universo se identifica con la creación del hombre, con la literatura. Crea y cree en una literatura de síntesis donde las verdades conviven clandestinas entre los versos en una especie de epigrama donde tiene cabida el dicho de decir lo máximo en el mínimo número de palabras. Cuando no sobra ni falta nada el mensaje aparece de forma natural sin aspavientos innecesarios: No es necesario vivir mintiendo. / La gran mentira es vivir.

Un poeta con los pies en el suelo que siempre tiene presente la realidad del momento sin lanzarse a imposibles que malgastan el tiempo, que maltratan la gran mentira del hombre. Tan apegado a la tierra que mira con recelo los sueños en una visión un poco pesimista de la existencia donde el dolor de las desgracias en nada se parece a las desgracias del dolor: El tiempo / su adversario cierto / no se permite la flaqueza de morir. El optimismo hay que guardarlo para los objetivos posibles, para las manzanas que están al alcance de nuestras manos.

Una poesía realista que no huye de la realidad, que no se refugia en otros mundos, sino que da la cara ante todo y ante todos. Nuestro peor enemigo es el reloj de arena que desperdiciamos impunemente en la playa desierta de los fracasos. Lo más aconsejable es aprovechar al máximo cada resquicio de tiempo. A veces tiende un puente hacia la censura, hacia aquello que no es razonable sencillamente porque no ha pasado el filtro de las emociones. Cada época tiene sus silencios y sus placeres: Donde se siembran miserias germina el odio. / Donde germina el odio florecen balas. / Donde florecen balas se recogen los frutos de la muerte / más allá del campo sembrado.

Julio Cintado sabe que la vida no es tan fácil como nos la pintan las películas. Sabe que la existencia se divide en capítulos. Sabe que contar lo que se ha vivido no es tan capital como vivir lo que se ha contado, vivir un ubi sunt dirigido al futuro donde las preguntas se responden con puntos suspensivos. La mentira desnuda la ropa limpia de un corazón mudo incapaz de hablar por el temor de ser escuchado, por la convicción de ser un arcaísmo que no encaja en estos tiempos.

Los héroes míticos nos enseñan el camino para salir adelante a pesar de los tropiezos. Sólo en la caída uno es capaz de apreciar la altura, el simple gesto de caminar de pie. Una mirada es suficiente para darse cuenta de que uno no es ciego: De tanto partir he perdido el miedo a las despedidas. / Cuando se piensa con las alas / volar es decir te quiero. Julio Cintado derrocha tanto amor hacia la vida que la vida se enamora de un suspiro. Tal vez de sus versos.