ESCOLANO, MERCEDES

ESCOLANO, MERCEDES

               Mercedes Escolano nace en Cádiz el 15 de febrero de 1964 y este dato es importante porque se puede intuir que estos libros respiran el sabor salado del mar sin el cual en muchos casos no tendría sentido su poesía. Vivir a las puertas del mar, como el malogrado Fernando Quiñones y mi admirada Pilar Paz Pasamar, es un hecho que no suele pasar desapercibido para los escritores que lo viven, pues escriben con palabras y con olas al ritmo de un corazón que reproduce el eco continuo de la marea.

               Hace unos años le mandé una carta a Felipe Benítez Reyes por la admiración que sentía hacia él y porque nos unía el amor a la poesía. Me respondía que el mundo de la literatura requiere un esfuerzo, un sacrificio y una dedicación que no siempre daba sus frutos. Hoy en día asocio estas palabras a un fragmento de la novela La hormiga que quiso ser astronauta, de Félix Palma, en la que uno de sus capítulos se cerraba con una cita de bastante sentido del humor. El protagonista, un tal Alejandro, tenía su casa patas arriba y no le quedaba más remedio que poner un poco de orden y, sobre todo, comenzar a limpiarla a fondo. Ante esta situación el autor dio por finalizado el capítulo con la frase: Tocaba hacer de Cenicienta a principios de cuento. Con esto no quiero decir que Mercedes Escolano tenga que ponerse a limpiar, pero sí que ha tenido que actuar de Cenicienta para, bajo las directrices del esfuerzo, de la dedicación y, por qué no, del placer, componer paso a paso su poesía. Cualquier autor da sus primeros pasos en la literatura leyendo a escritores que admira y posteriormente escribe sus primeros versos siguiendo los pasos de éstos. Las cuartillas o los folios de sus primeros versos se convierten en un banco de pruebas en el que el autor se sumerge para buscar su propio estilo a medida en que se va alejando de sus modelos. El poeta nace tirando sus propios escritos a la papelera hasta que adquiere su propia personalidad. Esta personalidad se queda reflejada ya en Las Bacantes, de 1984, mujeres que formaban parte de la corte de Dionisos donde se rendía culto a esta divinidad por medio de orgías, donde la poesía no es nada más que una orgía de la imaginación en la que se lanza el escritor para conocer sus propias raíces. Si uno coloca un pie en el pasado y otro en el futuro corre el riesgo de descojonarse en el sentido literal del término, de despatarrarse si uno pierde el equilibrio. Mercedes Escolano es consciente de esta realidad y por ello busca en la mitología, en el pasado y en la historia el faro capaz de alumbrar el presente de su vida. Ese rastro de vida y de mar continúa latiendo en Estelas, en 1991, donde podrían rescatarse unos versos de Jaime Gil de Biedma sobre el ímpetu de la juventud: Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / – como todos los jóvenes / yo vine a llevarme la vida por delante. Estelas es un libro que se centra en el tema de la muerte, aunque la autora se enfrenta a él no con el dramatismo de quienes la viven de cerca, sino con el arrojo de la juventud, con la rebeldía de quien espera verla desde la distancia, con la conciencia de que la tragedia suele espantar al lector si no se dulcifica con la ironía y con el humor. Como dueña de una rica experiencia confiesa también: Que alguien venga a leerme / antiguos poemas que escribí en mi juventud, / los únicos que no hablan de la muerte. Esta dosis de ironía y de humor queda claramente reflejada en Malos tiempos (1997), II Premio de Poesía José Manuel García Gómez, donde se dan cita los tiempos modernos con los antiguos, donde realmente se conjugan los malos tiempos con los tiempos difíciles y los tiempos modernos en clara alusión a que la vida no es un camino de rosas ni el hombre se disfraza con la inocencia de una Caperucita.

No amarás (2001) supone el reencuentro con los amigos y con el pasado desde la óptica de la distancia en un futuro negativo que viene a significar lo que apuntan unos versos suyos: Negando que la amaba / he vivido prendado largos años de ella. Este batallar continuo nos trae la imagen del enamorado como: Cualquier enamorado es un presunto asesino, / a todas horas pronuncia el nombre de su víctima / y llegado el momento, arma en mano, / dibuja un corazón muy rojo, algo torcido. La lucha diaria con la vida y con la literatura deja un mal sabor de boca, deja el cansancio de tener que enfrentarse y dar la cara por el mundo, de llevar a cuestas la pesada carga de un mundo moderno que se destruye a sí mismo: …Sucede que me canso de ser hombre constante, / agresivo, tenaz, burlón, despiadado… Su último libro Islas (2002) evoca el mundo interior del poeta rodeado por el mar de la infancia con el exotismo del tiempo y con la soledad voluntaria e involuntaria de quien busca su propia intimidad en sus versos. Sólo falta despedirme de ustedes con un verso de la autora: Después de muchos vaivenes, he preferido la literatura al amor.