MAESO, MARÍA DE LOS ÁNGELES. VAMOS, VEMOS

MAESO, MARÍA DE LOS ÁNGELES. VAMOS, VEMOS

La vida es un camino de ida y vuelta que se capta a través de los sentidos donde marchamos siempre en busca de unos sueños que se pierden ante la niebla de la infancia, aunque pongamos todo el empeño del mundo por retomarlos, donde miramos hacia delante y hacia atrás continuamente como si los ojos fueran la brújula indispensable para aprender a situarnos en el presente. Lo cotidiano se eleva al rango de poesía, la ciudad se hace rural y lo rural se adentra en la urbe. El hombre se encuentra tan perdido que apenas levanta la voz bajo la hoja temblorosa del miedo. María de los Ángeles Maeso va de un lugar a otro, contempla todo aquello que aparece a su alrededor. La poesía no es más que un espejo en blanco donde se refleja la manera que tiene el poeta de mirar la realidad. De esta manera la palabra adquiere movimiento, se topa de bruces con la acción.

En el poemario Vamos, vemos la literatura se adentra por caminos tortuosos amparada en los lentos andares de un cangrejo que echa la vista atrás para desandar lo ya andado. El presente continuo es un pasado que no vuelve. La incertidumbre del día a día se resuelve en un futuro devorado por el tiempo. Es entonces cuando uno se siente huérfano de luz, huérfano de recuerdos, huérfano de flor.

María de los Ángeles describe un escenario proclive a los contrastes y dispuesto a las personificaciones y animalizaciones. El género animal se hace humano y el humano se hace animal lanzando al vacío la queja de que querer es una pregunta que espera nuestra respuesta, donde el egoísmo propio del ser humano pierde consistencia y extiende sus raíces plurales para abarcar el espacio vital del nosotros. Aquí es donde quiere llevarnos, aquí es donde la conversación abre sus puertas a cal y canto, tropieza con esa cárcel sin fronteras ni rejas que rige el dios del tiempo. Florece a la rosa del nacimiento y se entierra en la tumba profunda de los malos presagios. Así el silencio de piedra se filtra entre los escombros de la memoria y se escucha con la nitidez de una tarde despejada. El murmullo de las palomas se asemeja al ritmo de un corazón acelerado que ha perdido su cadencia de pasos parsimoniosos.

Cómo conjugar los extremos sin morir en el intento, cómo llegar a un punto intermedio sin haber rozado el norte y el sur del horizonte, el este y el oeste de este mundo. Aspira a un mundo al revés donde la serpiente muerde la manzana y el hombre acude a la fiesta de los excesos.

El papel en blanco es algo similar al vuelo de una cigüeña que pinta con sus alas las palabras roncas del aire y con sus plumas blancas deja el folio entre sus fantasmas.

Un mundo tan generoso que hasta los pobres de espíritu tienen un bocado que llevarse a la boca y los hambrientos de corazón sólo tienen una palabra sin aliento. No hay mayor locura que permanecer en silencio tras el fuego, mientras los corderos del sueño mansamente se lanzan al suicidio. Sin embargo, entre líneas podemos leer que la flor de la esperanza brota de nuevo cada año a pesar de ser pisoteada.