MENDICUTTI, EDUARDO. CALIFORNIA

MENDICUTTI, EDUARDO. CALIFORNIA

Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / ─como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante. Con estos versos de Jaime Gil de Biedma se encumbra con maestría el tópico clásico de un Carpe diem que se niega a mirar más allá del presente, de una juventud que se consume entre los placeres de la existencia, mientras que queda en el aire el viento fresco de una advertencia que no hay que tomarse a broma.

California es una novela con una estructura tripartita en donde sale a relucir la cara y la cruz del comportamiento humano, desde el egoísmo atroz hasta la solidaridad extrema encarnado en un mismo personaje. Sin corazón rastrea las ansias desaforadas por vivir el riesgo de la vida hasta sus últimas consecuencias donde el deseo se eleva por encima de la razón, donde los sentimientos pierden comba en el alambre de un funámbulo, en la cuerda floja de una sonrisa. El protagonista no ve más allá de los placeres en un mundo de artistas en decadencia en el que su juventud se erige en el espejo en el que los demás desean reflejarse. Si en la lírica la infancia es el paraíso del hombre, en esta novela de Eduardo Mendicutti, California se alza como paraíso de los placeres prohibidos, pues uno puede dar rienda suelta a sus instintos sin ningún tipo de problemas en contraposición a un Madrid moribundo que asiste a los últimos estertores de la era franquista. Sin cabeza se desarrolla en España, en un contexto sociopolítico que empieza a abrirse a las libertades del ser humano, a tener en cuenta las relaciones homosexuales en una batalla cuya derrota sirve de amparo para ganar la guerra. Han pasado unos treinta años y la juventud perdida nos demuestra que el hombre es capaz de aprender de sus errores y ese compromiso que sella consigo mismo se hace extensible a los demás. Las renuncias a veces se convierten en victorias que uno le gana al tiempo y a la conciencia. Sex shop en Hollywood Boulevard es un paseo por el puente de la nostalgia en busca de un mundo cubierto por la niebla de un pasado que viene a la memoria distorsionado por el barniz de los años. Esta tercera parte es la más breve de la novela y esa brevedad responde a que el protagonista ha consumido ya gran parte de su vida y el tiempo ha vuelto a salirse con la suya.