MENDICUTTI, EDUARDO. EL PALOMO COJO

MENDICUTTI, EDUARDO. EL PALOMO COJO

El ser humano tiende a organizarse en torno a unas clases sociales marcadas por unas características propias: cada una tiene sus costumbres y una lengua determinada. La prosa de Eduardo Mendicutti no pretende construir un lenguaje perfecto, sino que intenta llegar más lejos. Uno de sus rasgos más sobresalientes descansa en la capacidad de simbiosis del narrador con sus personajes, de la implicación del autor con la historia y de la adecuación del lenguaje al nivel cultural de sus protagonistas.

El palomo cojo es una novela que se divide en tres partes correspondientes a los meses de junio, julio y agosto, la estancia de un niño enfermo que se traslada durante el verano a la casa de sus abuelos en un mundo lleno de matices, desde el tono desenfadado y descarado de la criada hasta las excentricidades del resto de la familia. Al igual que en California, la estructura tripartita puede corresponderse a la fórmula clásica de presentación, nudo y desenlace. Sin embargo, en esta obra cabe destacar la visión del narrador, los ojos de un niño son los que describen la realidad cotidiana de una familia que se ve amenazada con la llegada de la artista tía Victoria y del seductor tío Ramón, dos personajes que funcionan como contrapeso a una rama de la familia incapaz de quitarse de encima las cuerdas de la tradición y de las costumbres, maniatada por el qué dirán.  

Como en todas las novelas de Mendicutti, el humor salta a la palestra, a veces a través de las expresiones populares que se emplean para contar la trama; otras, por medio de una situación hilarante que acometen los protagonistas como si fuera lo más serio del mundo. El escritor es capaz de mezclar en una misma escena una mentalidad totalmente de derechas con un homenaje encubierto a Federico García Lorca, la locura de algunos de sus personajes visto como algo totalmente normal con la cordura de quien no ve más allá de sus ojos. Deja al descubierto la caja de Pandora para que cada uno elija el mal que mejor le conviene o más le apetece.

También es necesario realizar un paralelismo entre la obra y la vida del novelista, pues apreciamos un homenaje evidente a Sanlúcar, lugar donde transcurre la historia y donde nació Mendicutti, así como la coincidencia de que el personaje principal sea un niño que mira con nostalgia la ciudad, el mismo niño y la misma nostalgia con la que el autor puede rememorar su infancia.