MORENO, CARMEN. LA TREGUA DE LA PIEL (CÁDIZ. DIPUTACIÓN. 2004)

MORENO, CARMEN. LA TREGUA DE LA PIEL (CÁDIZ. DIPUTACIÓN. 2004)

En el preludio Carmen Moreno da rienda suelta a la memoria de una piel quemada a fuego lento, a cada instante de aliento, cuyas cicatrices dejan constancia de otro tiempo, cuyas huellas temblorosas en la carne nos recuerda que no hay olvido.

1.- El dolor.

El dolor de la ausencia nos deja en vela durante la noche con la esperanza de que las alas del amor recorran de nuevo los escenarios de la huida. La vida duele tanto que a veces nos cuesta un esfuerzo terrible soportarla, vivirla con la intensidad propia de las cicatrices: [Temer lo que no se ve]. [Construir un futuro que acabe en ti].

El bálsamo de los sueños nos mantiene con vida en este mundo en el que las heridas se incrustan en nuestra alma sin que podamos hacer nada. El fuego sin el hielo no es nada, corazones de nieve que arden en llamas. Uno debe estar dispuesto a morir por la caricia torpe del viento entre los dedos de una brisa juguetona. El dolor no es tan malo como la sensación de no haber vivido con intensidad nuestra vida a pesar de los miedos.

2.- La piel.

Uno se siente vivo en el resquicio de unos labios, en la promesa de habitar otro cuerpo. Uno concibe el amor con el temor de que extienda sus alas para siempre y no queda rastro alguno salvo del silencio, de una sal que la marea ha dejado en su camino a modo de huellas insobornables: O una mano que se arrodilla / cuando de la garganta / nace muerto el olvido.

La vida se sostiene entre los barrotes de la soledad y las ventanas abiertas del futuro. Nos habla de un amor que se intuye, pero apenas aparece. El amor es el único motor que nos permite permanecer de pie. El cuerpo y la piel son los silencios más preciados.

3.- La tregua.

La tentación de la entrega es la única salida airosa que encuentra el hombre en esta vida de dolor y de cuerpos. Al menos espera oír la palabra tatuada en el corazón de la piel. Busca la sed de unos labios. El amor aprende a vivir bajo el auspicio del fracaso, bajo el amparo de la superstición, y si te quedas, la vida merecerá la pena.