MORENO, CARMEN. PLANO URBANO (CÁDIZ. 1997)

MORENO, CARMEN. PLANO URBANO (CÁDIZ. 1997)

Carmen Moreno se centra en la ciudad de Madrid, en el asombro y en la impresión que le causa la visita de la capital de España. Como toda geografía representa el escenario apropiado para encontrarse uno consigo mismo, con esos focos que alumbran el túnel del camino. En Plano Urbano la tarde camina directa hacia la oscuridad entre los escombros de un nombre perdido entre las calles de Madrid llamado Anwar que en árabe significa la luz. La luz se pierde entre las sombras de la tarde para caer rendida bajo el misterio de la noche, bajo el embrujo de las luces de neón. Recorre la melancolía de sus bares y de sus sueños donde el tiempo se hunde entre la miseria de las sombras. El caballo de Troya se confunde entre jeringas, entre la niebla espesa de las drogas en una periferia abandonada por los hechizos de la mitología. Se adentra en esos submundos en los que sale a flote la miseria de nuestras vidas. No hay fondo para el mar en el infierno, en el abismo de los espejos. Anwar recorre las tinieblas de la madrugada en busca de sí mismo. Mientras exista vida, no habrá oscuridad que le asuste entre los recovecos de la noche sin la luz de las mañanas y con la luz de cuerpos extraviados. En este clima Holofernes pierde literalmente la cabeza por amor y Judith sale victoriosa en ese episodio bíblico donde el paraíso derrama los pétalos de fuego de unos labios incapaces de escapar de ese incendio.

Carmen Moreno Pérez nada entre las aguas procelosas del Estrecho, al mismo ritmo que el paso del tiempo se entretiene entre el tacto ardiente de unas medias y la desnudez de unas faldas cortas. Los locales nocturnos se convierten en los refugios de las almas en pena donde el pecado de la carne combate al diablillo inquieto de la soledad y el alcohol juega a ser adulto. Se sumerge entre las cenizas de la pasión: Autores que redactan con saliva / la historia de su amor a un cuerpo, mientras un hombre se sacude el peso de la vida.

El cuervo es tan sólo la noche que bate sus alas entre los silencios del olvido. Las moscas de la noche deambulan siempre sin darnos descanso: Sale el sol y comienza el mundo. Y llega la luz de la esperanza, la luz de un amanecer a confundirlo todo, a cegarnos al fin donde la banda sonora de la vida nos deja a Anwar escuchando a Jacques Breal con el lamento triste de: un no me dejes.