MORENO PÉREZ, CARMEN. ISLAS (INÉDITO CON PRÓLOGO DE AUTE)

MORENO PÉREZ, CARMEN. ISLAS (INÉDITO CON PRÓLOGO DE AUTE)

Todo es posible cuando le ponemos el corazón. Uno desea vivir la cara y la cruz de nuestra realidad, el anverso y el reverso de los sueños. El amor retorna entre la marea cotidiana de la vida y sus cenizas aún arden a pesar del tiempo y la distancia. No hay agua capaz de apagar la sed de dos cuerpos: y decidimos que la distancia / era tan sólo un infierno fugaz.

Los besos son como olas incapaces de repetirse en el espejo de las aguas, aunque aspiran a reproducir aquel eco que les dio sentido, el sentido de un eco que le recordará aquellos momentos: Resucitar, entonces, sería cuestión de / querer devolver a tus ojos / la imagen de una boca que / bebe de aquel recuerdo.

El deseo se pierde entre los recovecos azules de un vientre que nos invita a asomarnos al abismo, a la locura sana de despeñarnos por el barranco de la pasión, donde la desnudez de nuestra conciencia se alza como el objeto más amado de un naufragio, donde el calor da sombra al cuerpo en el que se inspira, donde los sueños se refugian en la piel de los amantes. El erotismo se derrama bajo la ternura del agua, entre el fuego de unas piernas que evocan el recuerdo. El amor es una manera sutil de lanzarse al suicidio de unas caderas o de unos labios. La vida es tan falsa a veces que la convertimos en auténtica para sobrevivir más allá del desengaño. Déjame que cuente mis propias historias, esas caricias del viento arrojadas a mi piel como limosnas, esa batalla perdida que me da la victoria, la conciencia limpia de amar a pecho descubierto. Los labios, las manos, las piernas, los cuerpos… se hacen eternos en la dicha de unos segundos: Hay pecados que bien valen un infierno.

De la nada irrumpe la vida para caer en el olvido y en el recuerdo. La muerte viene marcada por la presencia de un náufrago que desamparado recorre las aguas de la vida, se tropieza con la isla de la muerte. En estas islas hay piratas que deambulan por los mares en busca de sueños de agua y sal, de rebeldes que afrontan la vida con lo puesto para que la existencia tenga tiempo de contarles sus secretos. Así es el amor, un hombro en el que compartir los entresijos de la vida, un libro en blanco donde se escucha la monotonía del agua: el hombro en el que tantas veces él / había olvidado una leyenda de rutinas.

Una manzana muda abre el baúl de los pecados en un infierno tan ardiente que se asemeja mucho al fuego de la carne. La fortuna de la derrota radica en la idea de que ya no podemos caer más bajo y el profeta reaviva nuestros fracasos y nuestras nostalgias justo antes de que la vida empieza a dejar de tener sentido. El viaje es un modo de vivir otros mundos donde los personajes de cuentos infantiles salen a la palestra para enseñarnos la esencia de las sombras. No nos asombra una Caperucita llena de complejos ni un lobo cargado con el petate de los remordimientos, un lobo de corazón tan blando que teme más la soledad que la muerte.

Carmen Moreno Pérez se enfrenta al irremediable paso del tiempo que nos quita la inocencia de nuestros rostros nada más nacer. Define conceptos cargados de pesimismo o de realidad: Un corazón desangrado y muerto en un callejón. Confía en la esperanza de un suspiro, de un brote de caricia para sentir la necesidad de estar vivos. Los colores estimulan un arco iris de sensaciones que embriagan nuestros sentidos.

Sólo me queda decir que Carmen Moreno siente que la existencia se le escapa de la garganta, vive de nuevo entre sus versos y ante ellos doblo las rodillas en señal de aprecio.