PARRA, SERGIO. FRÍO

PARRA, SERGIO. FRÍO

Las relaciones humanas necesitan un mínimo de calor para seguir adelante, para combatir las malas temperaturas de los inviernos. La vida del ser humano se alimenta de sueños en la misma proporción que de bocados de realidad. El escritor es un funámbulo que camina siempre por la cuerda floja, por el alambre que discurre entre las ensoñaciones de la ficción y el mundo vivo de la gente de a pie. Sergio Parra pone en manos de la protagonista de su novela ese papel y Ana Carrasco se desenvuelve en el mundo de la imaginación mucho mejor que en el plano de su propia existencia. Acude siempre que le es posible al fenómeno de la metaliteratura, pues estructura su universo vital en torno a episodios extraídos de la Divina Comedia y otros pasajes de libros que deambulan por la mente fantasiosa de una escritora frustrada. Frío es en cierta medida una novela que habla sobre la propia literatura como las figuras de porcelana china donde una pieza menor encaja en otra mayor, en círculos que nunca se cierran del todo, en piezas sueltas que van encajando en un puzzle improvisado. Como todo el mundo va encaminada a encontrarle un sentido a su vida, lucha desenfrenadamente por ganarle la partida a la razón a golpes de sentimiento y empieza a cuestionarse su matrimonio debido a que su marido islandés deja de ser humano para convertirse en un témpano de hielo. El personaje masculino se identifica con el paisaje nórdico del que procede. Su relación con Fred se resume de la siguiente manera: Si unes el fuego y el hielo, normalmente es el fuego el que se consume primero. Ana no se conforma con pasar por la vida de puntillas y se evade de la realidad por medio de su fantasía, por el caudal de la esperanza hasta fundirse en pensamientos que ha visto en las páginas de un libro: Una vez leí que todo el mundo sueña, aunque luego no lo recuerde; es un modo de mantener en forma el cerebro. Viene dispuesta a quemarse, a derretir el hielo de la razón al precio que sea. La vida la tenemos para vivirla, para sentirla a través de los poros de la piel. Termina convencida de la idea de que quien vive la vida la vive dos veces.